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Por Publicado el: 03/07/2019Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

El tortuoso camino de Dominique Meyer a la Scala

Dominique Meyer, de Viena a la Scala

La Scala, el teatro que representa lo más sagrado de la lírica italiana en el mundo, parece no levantar cabeza. Desde 2005, tras la caída de Carlo Fontana, ha tenido al frente de su gestión a Stèphane Lissner, que permaneció hasta 2012, y Alexander Pereira. Sorprendentemente un francés y un austriaco. Lissner fue el primer extranjero en ser nombrado intendente. Las cosas andaban entonces muy revueltas en el teatro a causa de las perennes luchas internas entre los seguidores de Claudio Abbado, alejado de la Scala, y Riccardo Muti. Ese enfrentamiento afectó enormemente a su gestión empresarial. El alejamiento de Muti supuso la caída de Fontana y la llegada de Lissner. El francés se mantuvo a trancas y barrancas, con una gestión crecientemente criticada. Incorporó como director musical a Daniel Barenboim y a los entonces jóvenes Daniel Harding y Gustavo Dudamel. El repertorio alemán fue adquiriendo mayor presencia, llegando a inaugurar temporada “Tristan e Isolda” y “Lohengrin”. El regreso de Claudio Abbado, tras veintiséis años de ausencia, fue su último cartucho y, en 2012, su contrato no fue renovado. Le sucedió entonces Alexander Pereira, que traía consigo una brillante gestión en la Ópera de Zurich y una muy breve y bastante menos brillante en el Festival de Salzburgo. Su periodo scaliero no estuvo ausente de críticas. Entre ellas la de abusar de las producciones de Salzburgo para la contratación y, ya últimamente, promovió un acuerdo financiero con Arabia Saudí, que suponía incluir al ministro de cultura de ese país en la junta de la Scala. Attilio Fontana, al frente de la junta scaliera, declaró: «El Sr. Alexander Pereira no me dio ninguna documentación que se refiriera al pago de los tres millones que recibió de los saudíes. Lo mencionó por primera y única vez, y casi involuntariamente -(«… ¡tal vez ahora tendré que devolver el dinero!») – durante la conversación que tuvo lugar en mi oficina la tarde del 8 de marzo A pesar de la sorpresa e irritación, decidí no hacer pública esta información en ese momento , «Aún más serio”, concluyó el presidente, “es el hecho de que aceptó fondos independientemente de las decisiones de la junta e incluso antes de que se reuniera. En cualquier junta, en cualquier latitud, este comportamiento causaría su despido». El escándalo fue tal que se canceló el acuerdo y la Scala hubo de reembolsar al país árabe. Se decidió no renovar su contrato, que expiraba en 2020.

¿Qué hacer ahora? Se preguntaron en la Scala. La moda actual en la Italia lírica es acudir a los headhunters para la gestión de sus teatros y empezó la búsqueda de candidatos.

Dominique-Meyer-habla

Dominique Meyer

Se barajaron los nombres de Dominique Meyer, Cristiano Chiarot y Carlo Fuortes. A favor de segundo o tercero estaba el citado Attilio Fontana, presidente de la Lombardía, deseoso de que un italiano volviera a dirigir la Scala. Chiarot, actualmente en el Maggio Musicale Fiorentino, se creyó Siciliani y empezó a querer enseñar a los directores de orquesta cómo coger la batuta o qué tempos hay que llevar en las óperas. Fuortes habría estabilizado las cuentas de la Ópera de Roma, muy endeudada. Sin embargo era claro que su curriculum no podía equipararse al de Meyer y, sorprendentemente, los sindicatos habrían apostado por el francés, quien al final ha sido elegido, aunque la decisión no debe haber resultado fácil a tenor del retraso de quince días en su comunicación respecto a la fecha anunciada inicialmente. Fuortes se habría retirado en el último momento, supuestamente al descubrirse que estaba relacionado con la empresa de «headhunters» que recomendaba un candidato  y el tercer nombre en disputa, Fortunato Ortombina, director del Teatro de la Fenice de Venecia, quien ya estaba a cargo de coordinar la dirección artística de La Scala, no habría contado con suficientes apoyos. Y, así, el ganador llegó por descarte y errores de los demás.

Una gran baza de Meyer era la de ser el único gestor de un gran teatro en estar disponible para 2020. Sus preferencias iban por la renovación en Viena, la que le fue denegada, y por París, la que no era posible ya que a la salida de Lissner contaría con 63 años y a los 65 la ley francesa no permite seguir en tal puesto. Por otro lado parece que allí prefieren a Alexander Neef, actualmente en Toronto.

Dominique Meyer estudió historia de la economía en la Sorbona y, en la década de 1980, fue asesor del Ministro de Economía Jacques Delors y luego del Ministro de Cultura Jack Lang, ambos del Partido Socialista. En la década de 1990, continuando su colaboración con varios ministros, comenzó su carrera en el sector operístico como director general de la Ópera de París (1989). En 1992, el Primer Ministro Pierre Bérégovoy lo llevó nuevamente a la política como asesor cultural. Dirigió la Ópera de Lausana de 1994 a 1999 y de 1999 a 2010 fue director general y artístico de Théatre des Champs-Elysées. Allí convirtió en residente a la Filarmónica de Viena. Justa recompensa fue la Ópera de Viena, donde la Filarmónica es dueña del foso. Supuestamente, también habría habido un “toma y daca” con la Scala, recibiendo el apoyo de Alberto Veronesi, director artístico de Torre del Lago, quien en septiembre dirigirá “Trovatore” en la Ópera de Viena, y director de orquesta hijo de un exministro de sanidad y gran empresario muy relacionado con las administraciones públicas. Pero queda en el aire una cuestión legal: la ley Massa italiana, según la cual no puede haber cargos de esa responsabilidad mayores de 65 años y Meyer estaría fuera de juego en 2021. ¿Se modificará la ley o se la saltarán?

Pero, ya ven…¿Saben lo que queda de toda esta historia? Que Cecilia Bartoli ha dicho que no vuelve a cantar en la Scala porque no han renovado a su querido Pereira. ¡Como si fuese Callas! ¿qué tiempos más lights! ¿Merecerá la pena mi esfuerzo en contarles todo lo anterior?

Como dicen en Italia -“Se non è vero e ben trovato”- y las cosas no dejan de estar nunca entrelazadas. Lejos, muy lejos, quedan los tiempos de Ghiringhelli o Siciliani, intendentes que dominaban la economía tanto como lo artístico.

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