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Por Publicado el: 16/04/2016Categorías: Crítica

Ella se llama Renée Fleming

Las voces del Real

Ella se llama Renée Fleming

Obras de Mozart, Haendel, Schumann, Donaudy, Tosti, Boito, Leoncavallo, Massenet, Saint-Saëns y O.Straus. Renée Fleming, soprano. Harmut Höll, piano. Teatro Real. Madrid, 14 de abril de 2016.

Fleming TR 2016

Fue en octubre de 2004 la primera y última vez que Renée Fleming pisó el escenario del Teatro Real. Tampoco fue para hacer ópera, pero si al menos en concierto. También aquella vez presentó un programa tan peculiar como la presente. Mezclar el schumanniano ciclo “Frauenliebe” con la “Mattinata” de Leoncavallo en pleno programa no deja de ser una boutade. Sobraron bastantes cosas en el recital y faltaron bastantes otras. Para colmo volvimos a escuchar algunas de las mismas propinas de aquella ocasión, como “Summertime”, “O mio babbino caro”, “Morgen”, etc. en el generoso apartado –hasta seis- dedicado a éstas.

El crítico, para ser sincero, pensaba mientras escuchaba el “Porgi amor” de “Bodas de Fígaro” y el par de arias de Haendel siguientes. ¿Cómo se juzgarían estas interpretaciones en una audición sin ver al artista y sin conocer el personal timbre de Fleming? El jurado pensaría en una soprano lírica cortita, escasa por arriba y en las coloraturas y fuera de estilo barroco o bien en una artista lejos de sus mejores tiempos. Pero a la artista, con sus impresionantes vestidos de diva, se la veía y se sabía que ella se llama Renée Fleming. Hace muy bien la cantante en irse alejando de la escena con ese maravilloso adiós que es “El caballero de la rosa” y dedicarse a aquellas piezas que la escriban ex profeso.

Contó, micrófono en mano, algunas cosas del repertorio que abordaba con explicaciones un tanto sorprendentes, como la feminista sobre “Frauenliebe” que no había escuchado a profesionales… Parecía querer descubrirnos a Schumann. Afortunadamente la voz se fue calentando y nuestros oídos acostumbrándose a que las cosas son como son y no como quisiéramos que fuesen. Curioso que muchas de las grandes sopranos hayan guardado para finales de carrera “L’altra notte in fondo al mare” del “Mefistófeles” de Boito –fue hasta las postrimerías favorita de Caballé o Tebaldi- y más lógica el “Adieu notre petite table” de la “Manon” de Massenet. En la primera se notó un fiato mermado, unos graves poco consistentes y agudos apurados, pero también ganas de llegar al público. La segunda es justo lo más adecuado en este momento de su carrera. Massenet –“Thais”, “Manon”- y Saint-Saens fueron de los mejor de una velada acompañada temerosamente al piano por Hartmut Höll. Pero supo meterse al público en el bolsillo con los personales “Summertime” y “Over the rainbow” y, sobre todo, cuando se lanzó en ininteligible español con “Estrellita” de Ponce y “La morena de mi copla”, abanico en mano. Y es que hubimos de premiar más la simpatía que la voz. El público se lo pasó bien y ella se fue feliz.

Sinceramente, no hubiéramos perdido nada sin escuchar esta vez a Fleming y, quizá, su alto caché hubiera servido para traernos dos o tres artistas en plena madurez. Gonzalo Alonso

 

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