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Por Publicado el: 17/05/2000Categorías: Entrevistas

Entrevista: Mariss Jansons, «el mayor pecado de la música es la rutina»

MARISS JANSONS: EL MAYOR PECADO DE LA MÚSICA ES LA RUTINA

Ibermúsica presenta esta semana en Madrid a la Orquesta de Pittsburgh, que viene con su titular, Maris Jansons, para abordar dos programas con un repertorio que incluye obras de Haydn, Beethoven, Ravel, Strauss y Stravinski. Estarán también en Valencia el sábado. La Sinfónica de Pittsburgh ha contado entre sus titulares con maestros tan reputados como Klemperer, Reiner, Steinberg, Previn y Maazel, quien estuviera al frente de la agrupación hasta 1996. Su trayectoria ha sido ascendente hasta el punto de codearse hoy día con las célebres «Big five» – Nueva York, Chicago, Boston, Cleveland y Filadelfia- que realmente ha pasado a ser un grupo de ocho con la incorporación de Los Ángeles, San Francisco y la propia Pittsburgh. Tras Maazel su titular es Jansons, quien se barajó también para Londres, Berlín o Boston y ahora su nombre lo tienen en cuenta en Nueva York. Si la orquesta ya es conocida en nuestro país gracias a su visita hace algo más de cinco años con Maazel, también lo es Jansons. El director de Riga nos visitó por vez primera con la mítica Filarmónica de Leningrado, alternando con Temirkanov, allá por los setenta.

P- ¿Qué recuerda de aquellas visitas y cuál es su conocimiento de nuestra música?

R- Recordar a la Filarmónica de Leningrado, hoy San Petersburgo, es un placer de sabor agridulce. Aunque hace ya varios años que no dirijo la que sigue siendo la principal agrupación rusa, me constan los momentos difíciles por los que atraviesan todas los conjuntos de mi país. Antes ser músico de una orquesta era un privilegio. Hoy sólo tienen con qué comer gracias a las giras. Vine tres veces con San Petersburgo y tocamos en aquella espléndida sala que era el Teatro Real, el que quisiera visitar. ¿Quién es su titular? Luego he venido otras tres con la Filarmónica de Oslo. De la música española conozco sus grandes compositores como Falla o Albeniz, pero también algunos de sus artistas como Alicia de Larrocha, Gómez Martínez, García Navarro, Ros Marbá o los dos directores que han dirigido en Pittsburg: Frühbeck y López Cobos, además naturalmente de sus cantantes. A propósito, ¿es cierto que la mejor orquesta española es la de Tenerife? ¿Y «Pablo» es un buen director?

P- ¿Qué problema hay en Oslo para que acabe de amenazar con dejar la orquesta?

R- Llevamos muchos años pidiendo que se mejore la acústica de la sala sin que se nos haga el menor caso. La orquesta y yo estamos muy contentos juntos, pero creo que entra en mi responsabilidad el dar un ultimátum. Después de todo, si no lo consigo yo, ¿quién lo va a lograr?

P- Usted Ha declarado que lo que un director ha de buscar en cada concierto es «que deje huella». ¿Qué conciertos le dejaron huella a usted?

Efectivamente lo esencial de un concierto es que el espectador sienta en su piel que algo está sucediendo y que lo viva. Todo lo demás es discutible. ¿Quién puede decir si un tempo es rápido o lento? ¿Quién tenía razón: Furtwängler en sus lentitudes o Toscanini en sus rapideces? Ambos eran magníficos y ambos huían de la rutina, el mayor pecado de nuestros días. Como disfruto yendo a los conciertos de mis colegas son innumerables los que recuerdo: una Novena de Bruckner con Mavrinski, muchos de Bernstein, muchos en Viena cuando iba todas las tardes a la ópera… Ya me conocían los acomodadores y se debían decir “ahí viene otra vez el loco”, pero me dejaban pasar sin entrada. Recuerdo también mi llegada a Salzburgo con Karajan dirigiendo el “Ocaso”. Creí estar en otro mundo. O, también allí, el “Otello” del mismo Karajan. Tras él, no pude irme a dormir en toda la noche y me dediqué a pasear y pensar. Esto es justo el valor de un concierto.

En España le oiremos, entre otros autores, a Haydn. ¿Le interesa el enfoque historicista?

Creo que cumplió un objetivo. Cuando todos íbamos en una dirección, alguien llegó y dijo: “un momento señores”. Nos ha ayudado a recuperar una cierta visión. De ahí a ser la panacea va un trecho. Ni el mismo Harnoncourt dirige ya siempre con ese enfoque. Lo ideal es la combinación de aquellos conceptos con nuestros instrumentos y perspectiva. Así es como intentaremos tocar Haydn.

P- ¿En qué se diferencia la Orquesta de Pittsburgh de Maazel de la de Jansons?

R.- Pittsburgh era ya una gran orquesta con un sonido típicamente americano, una brillantez y una precisión muy de Maazel, que es un gran director. Yo intento aportar un poco de sonido europeo, un poco más de concentración en la propia música, sin que se pierda todo lo anterior. Es preferible tocar desde el fondo del corazón y correr el riesgo de cometer una falta si eso ayuda a crear profundidad en la interpretación.

P- En América hay toda una revolución y muchas de las grandes orquestas andan a la búsqueda de nuevo titular y, por supuesto, europeo. ¿Sería posible un cambio de residencia?

R- Yo seguiré en Pittsburgh en la medida en que constituyamos un equipo que trabaje en la misma dirección. No soy capaz de trabajar con una orquesta que no me entienda, que no me ayude o no quiera hacer cosas. Quiero tener mis partners, tanto a la hora de hacer música como a la de aportar ideas. Eso es lo importante para mí en este momento.

P- ¿Tiene en Pittsburgh alguna otra preocupación aparte de las estrictamente musicales?

R- Me deprimo si veo que la sala no esta llena y eso no es fácil en una ciudad de dos millones de habitantes, la mayoría viviendo a kilómetros de distancia, y con una sala de 2700 localidades. De ahí que hayamos puesto en práctica muchas iniciativas para lograr llenar a diario y ya hemos conseguido una ocupación del 85%. Hace apenas un mes, por poner un ejemplo, tuvimos un encuentro con todo el público al terminar uno de nuestros conciertos. Dialogar con él nos ayuda a ver qué música quieren escuchar y, en consecuencia, a diseñar nuestra programación. G.A.   17 MAYO 2000

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