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Por Publicado el: 23/07/2016Categorías: Noticias

Fallece Alfredo Brotons, crítico apasionado, melómano insobornable

Alfredo Brotons, crítico apasionado, melómano insobornable

Duro, insobornable, minucioso, leal, melómano apasionado y hombre de cultura. Con semejantes mimbres, Alfredo Brotons tenía el terreno bien abonado para ser un crítico musical de primera. Referencia y modelo para todos los que nos dedicamos a tan bello y criticadísimo oficio. Alfredo ha muerto. Ayer, viernes, sobre las ocho de la tarde, sonó el teléfono. Era César Rus, otro admirado colega de la crítica musical, para dar la fatal noticia: “Ha muerto Brotons”. Así a bocajarro. “Se lo han encontrado en su casa, han tenido que entrar los bomberos. Un desastre”.

Alfredo tenía bien ganada fama de crítico correoso sin pelos en la lengua. De persona difícil y juicios extremos. “Radicales” decían sus detractores. Era difícil hablar con él después de un concierto y escuchar de sus labios palabras tibias. Siempre encontraba algo que podía convertir al más soporífero de los conciertos en un acontecimiento. De ahí que sus afiladas críticas siempre supusieran motivo de curiosidad y novedad. Sus oídos bien educados percibían detalles que escapaban al común de los mortales. Su pluma, ágil y bien pulida, se manifestaba como vehículo capaz de generar interés por sí misma.

alfredo-brotons-1Al igual que su inolvidable antecesor en estas mismas páginas de Levante, Gonzalo Badenes, al que tanto admiraba y del que hasta ayer mismo fue su más digno y fiel heredero, Alfredo había hecho de la música y de la crítica musical su fundamento existencial, el eje sobre el que todo gravitaba. Uno y otro ocultaban, detrás de esa apariencia dura, enorme sensibilidad y una afectividad que se filtraba con fuerza hacia las personas apreciadas y apreciables.

Su imagen en los conciertos, partitura en mano, sentado en la última fila de la platea o del anfiteatro, leyendo cada compás y hasta cada nota o silencio, anotando detalles muchas veces insignificantes para casi todos, formaba parte del paisaje musical valenciano. Como sus comentarios, siempre encendidos, siempre apasionados, demoledores o entusiastas y nunca anodinos o neutros, que eran seguidos por melómanos amigos que hacían corro al final de los conciertos y en los descansos para escuchar la opinión del “crítico”. Tal era su prestigio, así era su personalidad. Como musicógrafo ejemplar, anteponía siempre la condición de melómano a la de fedatario del concierto.

Fue siempre fustigador y cáustico con los responsables del Palau de la Música y del Palau de les Arts, sus dos grandes “casas musicales”. Y con sus programaciones “conservadoras” y “rutinarias”. No le faltaban razones. Su amor sin resquicios por la música, por la cultura valenciana, por sus intérpretes y creadores, le convirtió en baluarte de lo mejor, de ahí su censura permanente del olvido -ya casi congénito- de los programadores valencianos por sus paisanos, y la generosidad exenta de catetez con la que solía recibir cualquier iniciativa que supusiera la aireación del patrimonio musical valenciano. Antiguo y contemporáneo.

Sus crónicas, detallistas y milimétricamente pormenorizadas, más parecían escritas para una publicación musicológica que para las páginas fugaces y ligeras de un periódico. Sin embargo, y a pesar de ello, eran esperadas con verdadero interés por la melomanía valenciana. “A ver qué escribe mañana Brotons de este concierto en LEVANTE”. Los juicios de Brotons creaban opinión y eran comentados tanto por quienes los seguían con verdadera fidelidad como por aquellos que mantenían opiniones o puntos de vista más templados.

No corresponde aquí enumerar o hablar de sus numerosas publicaciones, traducciones y ediciones, o rememorar mil y una anécdotas que corroborarían el perfil insobornable, afectuoso y apasionado del amigo y colega ausente. La música valenciana, los melómanos que tenemos la fortuna de compartir la -perdóname, Alfredo, que diría Violetta- estupenda oferta de conciertos, recitales y ópera de esta tierra tan cargada de tradición y pasión por el universo sonoro, estamos heridos, dolidos y profundamente tristes por tu absurda partida, tan inesperada, ¡tan temprana! Justo Romero

 

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