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¿Por qué Berganza sí y Caballé no?
Por Publicado el: 21/04/2013Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Los otros imprescindibles

Los otros imprescindibles

La música no está sólo hecha de divos. Hay muchas otras personas, muchas profesiones implicadas en ella, gracias a quienes podemos disfrutar de una ópera o un concierto y que, sin embargo, pasan desapercibidas para la mayoría de nosotros. Valga este artículo, centrado en la memoria de Piero di Palma, como modesto homenaje a todos ellos.

Piero di Palma (1924-1913) dedicó toda su vida a la ópera. Empezó cantando algo tardíamente,en la radio italiana, para debutar en el San Carlo de Nápoles en 1952, teatro al que acudiría con regularidad durante casi tres décadas. Por aquellas mismas fechas se presentaría en la Ópera de Roma, el Maggio Musical Florentino, las Termas de Caracalla o la Arena de Verona, para llegar a la Scala en 1958. Curiosamente no debutó en el Metropolitan hasta 1992, en el papel del Dr. Cajus de “Falstaff”, aunque sí que con anterioridad cantó varias temporadas en Dallas. Se retiró poco después. En España tuvimos ocasión de verle y escucharle en Madrid, Barcelona, Bilbao y, por última vez, en el inolvidable “Falstaff” valenciano de 1993 con Taddei, Scotto, Gallego, Cossotto, Bros, Gavanelli, Corbacho y Galduf. Poseía una voz de calidad y era un estupendo actor. Quizá habría sido una primera figura en nuestros tiempos, pero le tocó vivir la edad de oro de los tenores Del Monaco, Di Stefano, Corelli, etc. y decidió que le sería más seguro y productivo quedarse en un discreto segundo plano.

Se convirtió en imprescindible en teatros y estudios de grabación, alcanzando un repertorio de más de doscientos papeles: Goro, Prunier, Malatestino, Spoletta, el Incredibile, Arlequín… Basta escuchar en una de sus grabaciones de “Aida” el “Già Tebe è in armi e dalle cento porte sul barbaro invasore proromperà” para reconocer la categoría del artista. Si se busca en cualquier grabación entre 1950 y 1980 será raro que no aparezca su nombre en el reparto. Fue el tenor secundario por excelencia, llegando a ser conocido como “El príncipe de los comprimarios”. Algo así como el Walter Brennan de los western, siempre en las películas de Ford, Walsh o Hawks. Fue tal su inteligencia que creó escuela y, por poner ejemplos, en España hubo quien, como José Ruiz en los años ’70, ’80 y ’90 o Emilio Sánchez más recientemente, han seguido su camino.

Falleció el pasado 5 de abril, pero su obituario no apareció prácticamente en medio importante alguno. Hay artistas que, sin ser Sara Montiel, Colin Davis o Wolfgang Sawallisch, también merecen nuestra admiración, reconocimiento y recuerdo.

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