Crítica: IBERMUSICA con la BBC National Orchestra of Wales, Jaime Martín dirección, Akiko Suwanai, violin
Aproximación a la cúspide
Obras de Saint-Saëns y Bruckner. BBC National Orchestra of Wales. Akiko Suwanai, violin. Jaime Martín, director. Ibermúsica Serie Arriaga. Auditorio Nacional, 29 de abril de 2026.

Jaime Martin y Akiko Suwanai en Ibermusica con la BBC National Orchestra of Wales. Foto: Rafa Martín/Ibermúsica
El segundo concierto de la visita a Madrid de la Orquesta galesa -que se presentaba en Madrid con Ibermúsica por primera vez- tenía como plato fuerte la Sinfonía nº 4, “Romántica”, de Anton Bruckner, una obra que se ha escuchado con bastante frecuencia por estos pagos, quizá la más divulgada del autor junto a la Séptima. Muy acertado, por lo bien planificado, por el tempo y manejo de dinámicas, el comienzo planteado por Martín, con su larga batuta en mano: ligerísimo trémolo de las cuerdas, tema inicial a cargo de la trompa, un diseño de cuatro notas con un salto de quinta, que se convertirá en el tema cíclico, a la postre el motor de toda la composición y que es repetido en otras regiones de la orquesta, siempre piano.
La irrupción de otros temas, en los que tan rica es la composición, fue en principio bien tratado por Martín, que hizo sonar a los metales a toda presión mostrando el temple, la potencia y la afinación de sus servidores: estupendos trombones, trompas y trompetas -bien que el líder de estas, Phillippe Schartz, no estuviera siempre muy seguro- cuerda atenta y flexible. Al llegar el primer gran tutti apreciamos una de las características de la en principio bien orientada y con momentos muy felices interpretación: la descomposición del espectro, la escasa claridad de muchos pasajes y una bastante frecuente borrosidad expositiva. Con todo la coda del primer movimiento fue digna de loa.
Tempo bien elegido, y adecuada regulación de acontecimientos en el Andante, una suerte de curioso rondó, suerte de marcha fúnebre por el ritmo y la sencillez de la exposición, en este sentido muy schubertianos. Pero el clima es más melancólico que otra cosa. Bien aquí las violas. El pulso mantenido por el director pareció adecuado. En el Scherzo las cosas se torcieron un poco y se abusó del fortissimo indiscriminado, lo que no ayudó demasiado a la pintura cinegética. Masificación y apabullante presencia de los metales.
El Finale, marcado “animado, pero no demasiado rápido”, en 4/4, alla breve, retrasa la aparición, en un titánico estallido al unísono, de su tema principal hasta 42 compases; algo insólito y que proporciona una tensión casi insoportable, bien resuelta en este caso por la ágil batuta, que nos llevó al primer y espectacular crescendo. Halbreich define el desarrollo como “un cuerno de la abundancia de invención y novedad”. Los temas e ideas van surgiendo y modificándose en procedimientos cautelosos y enriquecidos necesitados de un tratamiento más exquisito y clarificador que el escuchado en esta ocasión. La batuta del entregado y apasionado Martín echaba chispas. La imponente y extensa coda fue iniciada quizá demasiado fuerte. Esa doble gradación hacia la luz impulsada por la constante vibración de los tresillos de las cuerdas estuvo falta de dosificación dinámica. En esta apoteosis -“el canto del cisne del romanticismo”, según el propio Bruckner- echamos de menos una más transparente construcción.
En la primera parte de la sesión pudimos seguir la excelente interpretación del tan melodioso Concierto para violín nº 3 de Saint-Saëns, escrito para el virtuoso Sarasate, a cargo de una virtuosa de nuestros días, la japonesa Akiko Suwanai, dotada de una infrecuente potencia sonora, de un arco amplio y ágil, de un fraseo generoso y capaz de desentrañar las múltiples exigencias de la partitura y de cantar con generosidad la entrañable cantilena del Andantino quasi allegretto. Muchos aplausos y una “propina”: la Giga de la Partita nº 3 de Bach, que, como es costumbre, no fue anunciada por la instrumentista. Amenas e instructivas notas al programa de Vela del Campo. Arturo Reverter





















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