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CRÍTICA: "Réquiem" (G. Verdi)
La Traviata en El Escorial
Por Publicado el: 28/07/2013Categorías: Crítica

MADAMA BUTTERFLY (G.PUCCINI). Gran Teatre del Liceu de Barcelona

MADAMA BUTTERFLY (G.PUCCINI). Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 26 Julio 2013.

Este año el Liceu ha programado dos ciclos de representaciones de Madama Butterfly. El primero de ellos se desarrolló durante el mes de Marzo pasado, teniendo lugar  el  segundo de los ciclos durante el presente mes de Julio. Los repartos vocales han sido distintos en ambas ocasiones, así como la dirección musical.  Estas notas se refieren al que podemos llamar  reparto titular de este segundo ciclo, aunque el resultado ha quedado por debajo del de Marzo, fundamentalmente debido a la nueva dirección musical.

 

Se repone la producción de Moshe Leiser y Patrice Caurier, que es la que pudimos ver en Marzo y de la que repetiré lo que escribí entonces. El trabajo escénico es elegante y simple, con un escenario único, consistente en una habitación cerrada por paneles corredizos, que, al abrirse, ofrecen unas veces vistas de la bahía de Nagasaki y otras un cielo estrellado, o bien motivos florales. Esta simple escenografía se debe a Christian Fenouillat, contando con un adecuado vestuario de Agostino Cavalca y una correcta iluminación por parte de Christophe Forey.

La dirección escénica está muy centrada en los personajes y, particularmente, en el de la protagonista Cio Cio San. Si en primer acto la acción es muy expositiva, sin adquirir grandes dosis de emotividad en el glorioso dúo que cierra el acto, la cosa mejora notablemente en los dos actos siguientes, especialmente en el último, para lo que ayuda mucho las dotes escénicas de la protagonista, en esta ocasión la americana Patricia Racette.

Es una producción simple, elegante y atractiva, que narra muy bien la trama y se ve con agrado.

En las representaciones de Marzo ocupó el podio José Miguel Pérez Sierra, que tuvo un buen debut en el Liceu. Ahora ocupa su puesto Daniele Callegari. En mi crítica de hace unos meses decía que no me extrañaría que en Julio se echara en falta al director madrileño. No me caracterizo por mis dotes de adivino, pero no hace falta ser muy lince para prever lo que podía pasar con un maestro rutinario como Callegari en una ópera como la que nos ocupa. Efectivamente, como digo más arriba, en el podio estuvo la diferencia y no porque la dirección de Pérez Sierra fuera excepcional, sino porque la de Callegari ha sido rutinaria, plana, ruidosa y aburrida como pocas. Exactamente, en las antípodas de lo que Puccini pide. Durante la representación me acordaba de la conocida poca afición de Gerard Mortier a las óperas de Puccini y me preguntaba si no será por haber tenido ocasión de ver a Callegari dirigiendo   Butterfly. Ni un ápice democión en toda la representación, aparte de que la  Orquestra Simfònica del Liceu ofreció una de sus actuaciones más pobres que recuerdo en los últimos años. El arranque de la ópera me puso en guardia, ya que pocas veces he escuchado un inicio de esta ópera tan propio de una mala banda.  Cumplió bien, como siempre, el Coro del Liceu.

 La protagonista Cio Cio San era la soprano americana Patricia Racette, que tuvo una destacada actuación escénica y no tanto en términos puramente vocales. No cabe duda de que estamos ante una importante intérprete del personaje, aunque la voz no tenga especial atractivo. En el inspiradísimo dúo de amor (aquí fue todo menos inspirado) del primer acto me pareció que no había química entre Racette y Secco y mucho menos con el foso. Cantó bien Un bel di vedremo, que arrancó nutridos aplausos, aunque no hubo entusiasmo. Para mi gusto lo mejor de su actuación tuvo lugar en el último acto, sobre todo en Tu,tu, piccolo Iddio y en la escena del suicidio.

Stefano Secco fue Pinkerton y ofreció lo de siempre, es decir corrección, profesionalidad y poco más. Este tenor es un valor seguro y de escaso relieve. Siempre está bien, pero nunca entusiasma. El público así lo entendió también.

Fabio Capitanucci era el cónsul Sharpless y hubo aviso de indisposición. La verdad es que no sé si se notó o es que el barítono italiano está en horas bajas. Durante el primer acto su voz estaba tan atrás que parecía que se la había dejado en los camerinos. Mejoró en el segundo acto, pero no era la voz que recordaba de otras múltiples ocasiones anteriores.

Suzuki es uno de los personajes que siempre cuentan con el favor del público. No hubo excepción a la regla en esta ocasión y la canadiense Marie-Nicole Lemieux ofreció la voz más importante del cuarteto protagonista. Un lujo en el personaje.

En los personajes secundarios hay que destacar por encima de todos al aragonés Francisco Vas, que hizo un magnífico Goro, quizá algo exagerado en escena. Si hubiera en la ópera premios Oscar, él sería sin duda mi candidato al de personajes secundarios.

El resto de personajes lo hicieron correctamente. Eran Claudia Schneider, una adecuada Kate Pinkerton, de voz reducida; Roberto Accurso, un Yamadori sin mucho interés, Ievgueni Orlov, un Zio Bonzo que pasó inadvertido, y Dimitar Darlev, un correcto Comisario Imperial.

El Liceu ofrecía una entrada algo superior al 90 % del aforo, estando los huecos más visibles en las butacas de platea. El público dedicó las mayores ovaciones a Patricia Racette. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 2 horas y 52 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 18 minutos. Los aplausos finales fueron más breves que en Marzo. No pasaron de los 5 minutos. El precio de la localidad más cara era de 238 euros, siendo el precio de la butaca de platea de 177 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 141 y 33 euros. Había localidades sin visibilidad por 12 euros. José M. Irurzun

 

MADAMA BUTTERFLY (G. PUCCINI)

 

Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 27 Julio 2013.

Esta representación corresponde al segundo de los repartos programados durante el mes de Julio. Como ocurre algunas veces, el resultado de la representación ha sido claramente mejor que el del considerado reparto titular. Curiosamente, la diferencia ha radicado de nuevo en el foso, aunque el director fuera el mismo que el del día anterior. Sin embargo, el resultado no ha sido el mismo.

Nada añadiré a lo dicho ayer sobre la elegante producción escénica de Moshe Leiser y Patrice Caurier, de cuya dirección se encargó nuevamente Justin Way.

Confieso que iba al teatro ayer con pereza, ya que volver a ver una Butterfly rutinaria y sin emoción no me atraía en absoluto. Sin embargo, el calor y la humedad reinantes estos días en Barcelona parecían invitar a disfrutar del aire acondicionado del teatro. Daniele Callegari, que el día anterior parecía sufrir las consecuencias del tiempo reinante en la Ciudad Condal, ayer pareció despertarse de su letargo y nos ofreció una lectura de Madama Butterfly muy distinta. Hubo emoción y ese es un ingrediente fundamental en cualquier representación de una ópera de Puccini. El arranque de la opera fue tan deficiente como el esperado, pero  el dúo del primer acto fue ya mejor que el día anterior, en lo que también influyó la química entre los protagonistas. En la segunda mitad Callegari no fue ya el director rutinario de la víspera y en su lectura hubo más emoción. No es que fuera una dirección para el recuerdo, pero sí mejor que la que habíamos sufrido 24 horas antes. También la Orquesta del Liceu ofreció una mejor prestación. Cualquiera de mis lectores puede pensar que la diferencia pudo estar en mí y no en el maestro, pero la reacción del público es como la prueba del algodón, no engaña, aunque muchas veces el público no sepa por qué una representación le ha gustado y otra no. Como en la famosa canción de Bob Dylan: The answer, my friend, is blowin’ in  the wind. Cambiamos wind (viento) por pit (foso) y ya sabemos dónde está la respuesta.

La nueva Cio Cio San era la soprano italiana Amarilli Nizza, que hizo una muy convincente interpretación de la desgraciada geisha. Esta cantante encuentra su mejor campo de actuación en las óperas de Puccini y en algunas otras del verismo, donde se encuentra muy cómoda. La voz es atractiva, bastante homogénea, bien emitida y con buenas dosis de expresividad. Para mi gusto la encuentro un tanto corta en el centro. De hecho, en el último acto funcionó mejor la actriz que la cantante. Resolvió francamente bien Un bel di vedremo, quedando algo corta en Tu,tu, piccolo Iddio. Por cierto, bueno será recordar que, a diferencia de lo ocurrido en las representaciones de Marzo, tanto Patricia Racette como Amarilli Nizza se escaparon del RE bemol de la entrada de Butterfly en escena. Cada uno es libre de dar a esto más o menos importancia. No conozco ninguna soprano que, teniendo la nota, se escape de ella.

Robert Aronica fue un muy notable Pinkerton, con voz mucho más atractiva y adecuada que Stefano Secco el día anterior. Hoy Arónica es un tenor lírico pleno, prácticamente un lírico spinto, mientras que Secco no pasa de ser un lírico-ligero. Le he encontrado muy mejorado respecto de ocasiones anteriores, con la voz perfectamente timbrada y con amplitud  suficiente.

Parece que el calor y la humedad de Barcelona afectan a los barítonos, ya que también hubo aviso de indisposición para Carlos Bergasa, como ocurriera el día anterior con Fabio Capitanucci.  El madrileño cumplió con su cometido como el cónsul Sharpless, aunque le falta amplitud y se queda corto en más de una ocasión, yendo a menos conforme avanzaba la representación.

La mezzo catalana Gemma Coma-Alabert estuvo bien el la parte de Suzuki, mejor en el  primer acto que en la continuación.  Resulta un tanto corta en las notas graves.

Los comprimarios eran los mismos del día anterior y Francisco Vas volvió a demostrar su gran categoría artística como Goro.

El Liceu ofrecía una entrada de alrededor del 85 % del aforo, con huecos evidentes en las butacas de platea. El público se mostró muy cálido con los artistas, dedicando sonoros bravos a Amarilli Nizza y a Roberto Arónica, en este orden.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 2 horas y 49 minutos, incluyendo un entreacto. Duración musical de 2 horas y  16 minutos, dos minutos menos que el día anterior. Los entusiastas aplausos finales se prolongaron   durante 7 minutos. El precio de la localidad más cara era de 238 euros, siendo el precio de la butaca de platea de 177 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 141 y 33 euros. Había localidades sin visibilidad por 12 euros. José M. Irurzun  

Copyright Fotos: Antonio Bofill

 

 

 

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