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Por Publicado el: 01/12/2017Categorías: Recomendación, Sin categoría

La recomendación: Monteverdi, el principio de todo


 

Monteverdi, el principio de todo

Más Monteverdi, gracias a Dios.  450 años después de su aparición en escena hay razones más que suficientes para descansar un poco de los  Bruckner, Mahler y compañía.  Heras-Casado se movió (¿con dificultad?) alrededor de la Selva Morale . Un Alessandrini venido a menos nos metió en el mundo del madrigal. La cosa era (y sigue siendo) #Monteverdi 4.5.0, o lo que es lo mismo una manera moderna de presentar al compositor más moderno de los últimos 400 años (si se repasa el significado del vocablo moderno, se entenderá lo que quiero decir). Fin de fiesta y extraordinariamente prometedor: Balthasar-Neumann, solistas y conjunto instrumental, dirigido por Thomas Hengelbrock, para una de las obras más luminosas y geniales de la historia, las Vísperas de la beata virgen. CNDM puro de oliva. Que no falte.

En el madrigal y en la ópera; pero también en la música religiosa. En todo lo que tocó el bendito Monteverdi nos dejó dicho que la modernidad no es un absoluto; no consiste en hacer entender lo nuevo como un concepto único. Monteverdi, como todos los grandes muy grandes posteriores a él, no deja de mirar la tradición para encontrar su propia innovación. Al contrario de lo que practicaron sus contemporáneos más creativos, una mirada insensata hacia lo nuevo rompiendo con el pasado, él fue protagonista indiscutible de lo nuevo porque lo supo entremezclar con lo periclitado. Es un decir; porque lo periclitado era la polifonía, nada más y nada menos que  la antítesis de la melodía acompañada, del recitativo. Sus compañeros de viaje negaron la polifonía, aferrándose a un relato dramático que perdió su propia alma desde el principio. Monteverdi  no solo no participó de esa negación, sino que magnífico el arte musical precisamente desde su alma, es decir desde una expresión a la que no hasta 300 años después los románticos pusieron nombre . Él se adentró de cabeza en el mundo del drama (la segunda práctica), pero sin dejar de mirar hacia los grandes maestros de la polifonía. Y de ahí salió una especie de híbrido genial en Orfeo, en Il Ritorno, en los maravillosos y complejos madrigales de los últimos libros, pero también en su fulgurante música religiosa, cuyo emblema más rutilante es estas Vespro. Han de ser escuchadas con ese espíritu, y espero que Hengelbrock así lo entienda, cosa de la que estoy seguro, no más que observando la evolución de su carrera. Llevar esta obra a una sala de conciertos es un acontecimiento. Estamos muy acostumbrados a escuchar obras maestras día sí día también, pero las hay que, increíblemente,  nunca aparecen. Bien: ya tenemos una primera razón de peso para no perderse este concierto. La segunda se llama Hengelbrock.    Pedro González Mira

MONTEVERDI: Vespro della beata Vergine SV 206. Balthasar-Neumann-Choir & Ensemble. Dir.: Thomas Hengelbrock. Auditorio Nacional de Música, Sala sinfónica. Domingo 3, 19.00. Entre 15 y 40 €.

 

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