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Por Publicado el: 26/05/2017Categorías: En vivo

Palau de Valencia: grande grande Temirkánov

Palau de Valencia: grande grande Temirkánov

Orquesta Filarmónica de San Petersbugo. Director: Yuri Termirkánov. Solista: Leticia Moreno (violín). Programa: Obras de Glinka (Obertura de Ruslán y Liudmila), Shostakóvich (Concierto para violín y orquesta número 1, en la menor, opus 99) y Chaikovski (Quinta sinfonía). Lu­gar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1800 personas (lleno). Fecha: Domingo, 21 mayo.

Grande entre los grandes, Yuri Temirkánov (1938) ha regresado al Palau de la Música. Con su orquesta de siempre –la Filarmónica de San Petersburgo, de la que es titular desde hace 29 años, cuando en 1988 reemplazó al legendario Mravinski, fallecido en enero de aquel mismo año-, y con su repertorio de siempre. Una vez más Glinka, una vez más Prokófiev y una vez más Chaikovski. Incluso una vez más su bis favorito, el acaramelado Saludo de amor de Elgar. Nada importa la reiteración: cada nueva interpretación de Temirkánov se percibe inédita y diferente. Casi imprevisible. Así es este artista inagotable, mago del gesto y verdadero maestro de maestros.

A sus 79 años, su figura espigada se mantiene idéntica, aunque ahora recuerda algo al viejo Stokowski sin batuta de Fantasía. También se parecen en el gesto, elegante, hiperexpresivo y jamás gratuito ni excesivo. Desde los primeros compases de la energética obertura de Ruslán y Liudmila de Glinka se percibió la juvenil vitalidad del maestro. Al frente de una nutridísima Filarmónica de San Petersburgo dotada de una ciclópea sección de cuerda inédita en estos menguantes tiempos de crisis, afrontó los compases mil veces dirigidos a una velocidad de vértigo, algo aún más resaltado por la imponente sonoridad orquestal. Los dirigió con naturalidad y templanza, con leves indicaciones, apenas gestos destinadas más a animar la expresión que ha organizar el trepidante tráfico sonoro. Los filarmónicos sanpetersburgueses, que nunca han dejado de ser los virtuosos profesores de siempre –no hay crisis que pueda con la tradición, como en España con los toros-, bordaron un  alarde de virtuosismo y empaste con esta obra que conocen tanto y tan bien como al viejo y joven maestro que los lidera.

En la segunda parte, el imprevisible y permanentemente renovado Temirkánov dio vida a una inaudita Quinta de Chaikovski en la que la Filarmónica de San Petersburgo mostró su categoría como conjunto y el muy sobresaliente calibre instrumental de sus solistas. Todo lo que en Glinka había sido rápido y trepidante en Chaikovski se templó con unos tiempos lentísimos y parsimoniosos. Celibidachianos sin “casi”. Y como el inolvidable maestro rumano, Temirkánov mantuvo indemne la consistencia del tejido musical: concilio la consistencia melódica con unas armonías que sólo así pueden ser tan plenamente apreciadas.

Ni que decir tiene que solo con una orquesta de esta calidad y tradición es posible obrar semejante prodigio. El trompa solista cantó su maravilloso solo del segundo movimiento con tanta lenta belleza como afinación y precisión. ¡Y no se ahogó! Todas las secciones rozaron la perfección. Maderas y metales se revelaron tan arrolladoramente ideales como la bien reconocida sección de cuerda. No cabe imaginar una Quinta de Chaikovski más emocionante, rica, intensa, lírica, sosegada, expresiva y auténtica.

En medio, el Primer concierto para violín de Shostakóvich. Obra dura, dramática, difícil de escuchar y más aún de tocar, llena de universos, referencias y contrastes, que transitan desde el oscuro –lúgubre- nocturno inicial a la dramática burlesca final y la cadenciosa y dramática passacaglia que la precede. Solista de mérito, solvencia y talento fue la madrileña Leticia Moreno (1985), que desde los 19 años convive con esta obra cuya interpretación le valió entonces -2004- el primer premio en el concurso Fritz Kreisler, y que luego grabó en vivo en San Petersburgo con el propio Temirkánov y la Filarmónica en la misma sala de Columnas de la Filarmonia en la que se estrenó, tocado entonces -1955- por David Oistraj bajo la dirección de Mravinski y la misma orquesta que ahora la ha acompañado. Esta enorme, absoluta tradición, se vertió en una versión que acasó revivió en Valencia aquella histórica jornada. ¡Inolvidable concierto! Justo Romero

Articulo publicado en Levante el 23 de mayo del 2017

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