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Por Publicado el: 05/09/2014Categorías: Colaboraciones

Teatro Real y Heras-Casado: un idilio conveniente

Hace casi cuatro años recuerdo haber acabado una crítica a un concierto de Heras-Casado en el Auditorio Nacional (El Amor brujo con Marina Heredia) diciendo “Tomen buena nota del nombre. No se arrepentirán”. Obviamente, llegaba tarde. El granadino ya llevaba una importante carrera a su espalda, una carrera que se podría tildar hasta de insultante si la edad (32 años por entonces) fuese un parámetro a considerar. En cualquier caso, y a pesar de su fantástico y muy premiado Rise and Fall of the city of Mahagonny en el Teatro Real de aquellos días, siempre quedaba la posibilidad de que aquel sonido brillante, incisivo, repleto de matices que escuchamos aquella noche fuese un espejismo derivado del reciente trabajo de la OSM con Pinchas Steinberg, uno de los maestros que más y mejor motiva a la formación. Pero no hay caso. Cada nueva aparición de Heras-Casado, con esa u otras orquestas, ha ido confirmando aquella impresión de que algo importante estaba pasando.

Ayer lo presentaba el Teatro Real como principal director musical invitado, un título muy largo para un concepto muy sencillo: a excepción de Ivor Bolton, Heras-Casado será el director que mayor presencia mantendrá en el foso madrileño. El acuerdo se extiende por cuatro temporadas, empezando en apenas unos meses con El público (obra de Mauricio Sotelo sobre el texto de Federico García Lorca) y el War Requiem de Benjamin Britten, continuando la temporada que viene con un programa de Mahler aún sin determinar y cristalizando en los dos últimos años con un Holandés errante y (¡por fin!) el estreno en España de Die soldaten de Alois Zimmermann, una obra capital para la segunda mitad del siglo pasado (Heras-Casado la equiparaba a Wozzeck) y que ha permanecido inexplicable y sistemáticamente apartada de los escenarios españoles. La química entre Matabosch, Bolton y Heras-Casado era ayer más que evidente. El Real parece haber encontrado el rumbo que quería y la tripulación para llevarlo a efecto. Ambos directores dominan tanto las obras de gran repertorio como los extremos menos transitados (barroco y contemporáneo), y lo hacen además con los criterios propios a cada cual y un tipo de sonoridad muy compatible.

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Admitamos que Heras-Casado sabe moverse dentro y fuera del escenario: “Entrar en esta casa y encontrar amigos es emocionante, pero también saber que hay un reto por delante. El Teatro Real es un referente internacional y un proyecto de futuro. Para mí es un honor y un desafío estar en la insignia cultural más importante del país”. Inicio idílico y huérfano de controversias, a lo que sumamos proyectos interesantes y empatía en el equipo de dirección; es esta una visión inédita en los últimos años de gestión del Teatro Real (no hablo únicamente de Mortier). En realidad este nombramiento funciona como una simbiosis elegante: ambos lados se benefician de los ritmos y los espacios que el otro les brinda, compartiendo la plataforma mediática que es el Real y el interés internacional que Heras-Casado sabe despertar. Se destacó durante la comparecencia el hecho de poder regularizar la relación del director de orquesta con Madrid y con España, algo muy positivo pero que también debería invitarnos un tanto a la reflexión. ¿Es necesario que el talento salga fuera para apreciarlo?  Mario Muñoz Carrasco

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