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Esta vez, al menos, hubo voces.
“Werther” en Valencia: un eterno moribundo
Por Publicado el: 22/05/2017Categorías: En vivo

Vísteme despacio que tengo prisa

Vísteme despacio que tengo prisa

Critica de clásica / Auditorio Nacional

Obras de A. Vivaldi. Violín: Andrea Rognoni. Europa Galante. Violín solista y dirección musical: Fabio Biondi. Auditorio Nacional, Madrid. 19-V-2017.

En una sala de cámara llena hasta la bandera y con las entradas agotadas desde hacía semanas, Fabio Biondi hizo acto de presencia con una Europa Galante de dimensiones discretas (diez músicos) que sonó como si fuera el doble. El programa tenía el encanto de lo tardío, dedicando buena parte de su minutaje a los últimos conciertos de Antonio Vivaldi y a su sentido del lirismo. No son obras crepusculares al uso, intensas en su sentido último o plenas de rabia, pero sí albergan una sabiduría construida a base de reiterar un mismo andamiaje de los afectos, lo que hace que se conozcan de memoria el camino hacia lo conmovedor con muy pocos elementos.

Se requiere de mucha experiencia y sentido del contraste para poner en pie un programa de cerca de dos horas con conciertos que manejan una estructura tripartita similar sin por ello dar la sensación de fatiga de materiales. Europa Galante acentúa con una mezcla de riqueza de dinámicas y sentido del espectáculo que da como resultado una reimaginación vivaldiana magnífica. Como decía el poeta, no sé si en su día fue así pero sin duda mereció serlo. Diferenciación de planos, capacidad de evocación y una clara vocación por el juego caracterizan cada rincón de la lectura de Europa Galante para cada concierto y sinfonía. Biondi dirige desde su violín con apenas cuatro gestos, indicando las entradas contrapuntísticas más comprometidas y los cambios de carácter.

Una buena parte del programa tenía un punto inevitable de pirotecnia violinística, y fue precisamente ese aspecto el menos convincente, y no por falta de capacidades. El músico de Palermo sigue siendo un violinista técnicamente sobresaliente, pero ese desmelene pretendido traía consigo algunos desajustes rítmicos y desafinaciones innecesarias. Es en la concepción del sonido general de la obra donde Biondi y Europa Galante destacan, en lo emotivo de los paisajes que convocan en los tiempos lentos (tal vez porque es una lentitud que nada tiene que ver con la tristeza). Los dos mejores momentos del concierto fueron precisamente el “Larghetto e spiritoso” del Concierto para dos violines, RV 522 y el “Andante” del RV 222.

Biondi cerró este “ciclo de senectute” -robándole la clasificación a Lope de Vega- con un bis espléndido: un divertimento temprano de Joseph Haydn glosado con una anécdota improbable que lo emparentaba con el maestro veneciano. Un final del camino hecho con gusto y donde eclosionaban las aportaciones que Vivaldi apuntó en su día. Un concierto delicioso. Mario Muñoz Carrasco

 

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