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Por Publicado el: 05/06/2017Categorías: En vivo

Vuelta de tuerca: Big success!

Big success!

 THE TURN OF THE SCREW (La otra vuelta de tuerca). Ópera en un prólogo y dos actos de Benjamin Britten, con libreto de Myfanwy Piper basado en la novela homónima de Henry James. Intérpretes: Karen Gardeazabal (La Institutriz), William Hardy (Miles), Giorgia Rotolo (Flora), Nozomi Kato (Mrs. Grose), Marianna Mappa (Miss Jessel), Andrés Sulbarán (Peter Quint). Producción: Palau de les Arts. Dirección de escena: David Livermore. Esceno­gra­fía: Manuel Zuriaga. Vestuario: Mariana Fracasso. Miembros de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Director: Christopher Franklin. ­Lu­gar: Palau de les Arts (Teatre Martín i Soler). Entrada: Alrededor de 350 personas. Fecha: Viernes, 2 de junio de 2017.

Había más británicos que en la Royal Opera House de Londres. Por las razones que sea, ¡vaya usted a saber!, los paisanos de Benjamin Britten acudieron el viernes en tropel al Teatre Martín i Soler del Palau de le Arts para asistir al estreno de una producción de su ópera The Turn of the Screw (La otra vuelta de tuerca), escuchada por vez primera en 1954 en el Teatro de la Fenice de Venecia y ahora llevada a escena por David Livermore. La ópera, articulada en un prólogo y dos actos, es, como casi todas las del compositor inglés, una obra maestra de principio a fin. La ambigua trama se basa en el espinoso y siempre vigente asunto del abuso de menores. Al menos esto es lo que insinúa el bien hilvanado libreto redactado por Myfanwy Piper a partir de la conocida novela de Henry James.

Britten mantiene y potencia en la ópera esa ambigüedad original, de un modo que casi parece evocar otra ópera maestra, el Pelléas et Mélisande, compuesta por Debussy medio siglo antes. La rapidez y concisión de las diversas escenas es pareja. También el tratamiento desnudo de los contados personajes. Es precisamente el directo y desnudo tratamiento escénico la clave de la producción ahora estrenada, en la que apenas se recurre como elementos escenográficos a tres grandes paneles móviles, un par de sillones, un televisor, una lámpara, una cama -¿cuerpo del delito?- y poco más. Con estos poquísimos elementos, el director de escena David Livermore mueve la acción con su conocido talento, lo que no impide que se produzcan episodios sobreactuados y demasiado obvios, que colisionan con la austeridad que marca todo. Algunos efectos gratuitos y de poca monta, de cara a la galería y hasta algo funambulescos -¡ése sofá colgado de la pared!- restan redondez y devalúan un trabajo notable en cualquier caso, muy bien narrado y con gags tan logrados como la quema de la carta, o las fantasmagóricas proyecciones de los ¿espectros? de Peter Quint y Miss Jessel, debidas a Miguel Bosch. Discreto y tópico vestuario de Mariana Fracasso, demasiado naïf y demasiado de “mentirijilla” para ser creíblemente victoriano.

Musicalmente despuntaron, sobre todo y todos, los doce estupendísimos profesores de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, a los que se sumó una anónima y no menos excelente pianista. Trece solistas instrumentales que, fieles a la genial escritura britteniana, fueron también sustanciales coprotagonistas de la escena. Concertó y nada más el estadounidense afincado en Italia –en el Palau de les Arts casi todo parece tener que venir de Italia- Christopher Franklin.

Entre los cantantes, procedentes del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo salvo los dos niños que polarizan la acción, brilló la bien interpretada y mejor cantada Institutriz de la soprano Karen Gardeazabal, que tuvo como complemento a la Mrs. Grose de la sólida mezzosoprano japonesa Nozomi Kato. El niño William Hardy, del Trinity School de Croydon (Londres), cantó con desenvoltura y tablas su exigente papel, pero ya anda demasiado crecidito para dar vida vocal y teatral al atormentado Miles. Algo parecido le ocurre a la muy mal caracterizada Flora encarnada por Giorgia Rotolo, que más parece amiga de Mrs. Grose que la hermanita de Miles. El tenor Andrés Sulbarán y la soprano Marianna Mappa dieron inquietante ¿vida? a los fantasmagóricos personajes de Peter Quint y Miss Jessel. Big success! Justo Romero

Publicada en Diario Levante el 4/06/2017

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