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Por Publicado el: 11/05/2017Categorías: En vivo

Zacharias: dedos ágiles y espíritu despierto

Zacharias: dedos ágiles y espíritu despierto

Obras de Schubert, Beethoven y Schumann. Christian Zacharias, piano. Grandes Intérpretes. Fundación Scherzo. Auditorio Nacional, Madrid. 9 de mayo de 2017.

Zacharias (1950), ya un viejo amigo de Madrid, ha sabido plantear sus interpretaciones con una adecuada gradación expresiva, siempre sirviéndose de una técnica soberana que se cifra en un sutil manejo del pedal y en un ataque límpido y preciso a la tecla. Puso de manifiesto ya esas características en la recreación minuciosa y bien regulada de la “Sonata nº 4 D 537” de Schubert, iniciada de manera exquisita con una exacta aplicación del danzable compás de 6/8 y, desde un sonido cristalino, con un buen uso del claroscuro, una habilidad que el pianista emplea con muy loables efectos.

Puede discutirse, sin duda, una cierta sequedad tímbrica, lejos de los muelles y más sensuales espectros de otros pianistas, a lo mejor menos dotados para la nítida reproducción y la expresión elevada. Zacharias resulta en todo momento convincente también por su elegante forma de dibujar la música. Algo que se evidenció en las limpias y rápidas escalas descendentes que abren el “Allegro” inicial de la “Sonata nº 27, op. 90” de Beethoven y en la alada exposición del lied que vertebra el segundo movimiento. Sobria, concentrada y medida la versión de la “Sonata nº 30 op. 109” del Gran Sordo, en cuyo segundo movimiento, “Prestissimo”, advertimos unas no deseadas borrosidades de ejecución. Pero las variaciones del “Andante” final tuvieron una reproducción magnífica y Zacharias logró aquí, como se pide, cantar “con el más íntimo sentimiento a media voz”.

Lo mejor estaba por venir con las “Danzas de los compañeros de David op. 6” de Schumann, que se nos ofrecieron a través de una diáfana exposición, atenta al más mínimo detalle, con una muy clara contraposición entre los espíritus de Florestan –turbulento y afirmativo- y Eusebius –recogido y lírico-; los dos imaginarios personajes que anidan en muchas de las obras pianísticas del autor. Los ritmos a veces salvajes, los toques humorísticos, las prospecciones líricas, el arrebato… Todo estuvo en los dedos del pianista que nos regaló luego la “Arabesque del propio Schumann y la conocida “Sonata Sr 88” del Padre Soler. Arturo Reverter

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