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Un largo y cálido verano
Por Publicado el: 17/09/2017Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

María Callas: mujer y mito 40 años después

MARIA CALLAS: MUJER Y MITO CUARENTA AÑOS DESPUÉS

El día 16 se cumplieron cuarenta años desde que María Callas dejó oficialmente huérfana a la ópera. Ninguna figura de la lírica llegó a ser tan influyente popular como la artista nacida en Nueva York. Los tres tenores podrán llenar hoy estadios y vender millones de discos, pero su fama se reduce a los ambientes musicales y su influencia artística en la posteridad será prácticamente nula. La Callas fue un fenómeno social. Una figura de un arte minoritario que llegó a ocupar las portadas de la prensa del corazón. Una cenicienta que encontró y perdió su zapato en la lujosa vida social. Pero hoy, por encima de todo, queda su influencia en el arte lírico. Sus interpretaciones, en discos o en vídeos de oro, son admiradas, analizadas y desmenuzadas por aficionados y profesionales. Desapareció hace cuarenta años pero nos dejó una herencia imperecedera.

ESTADOS UNIDOS,INFANCIA Y JUVENTUD

María Callas nació en el Flower Hospital de la quinta Avenida de Nueva York un 4 de diciembre de 1923. Sus padres, Jorge y Evangelia Kalogeropoulos, habían emigrado recientemente de Grecia y perdido a su hijo Vasily en una epidemia de tifus. Cuando a Evangelia le comunicaron el nacimiento de una niña se llevó un profundo disgusto, pues había soñado con un hijo que reemplazara al perdido, y rehusó ver a María hasta varios días después. A los tres años recibió el bautismo en el rito ortodoxo, mientras su padre adoptaba el apellido Callas por razones prácticas. A la edad de once años permaneció en coma durante 22 días víctima de un accidente de tráfico que estuvo a punto de costarle la vida.

En su infancia comenzó a adquirir un complejo de inseguridad que tardaría en vencer. El progresivo empobrecimiento familiar, sus traslados a moradas más modestas, las continuas peleas de sus padres, su miopía y la obesidad fueron origen evidente de un carácter tímido y cerrado, así como causa de unas ambiciones que sólo aflorarían en la madurez. A los ocho años comenzó a estudiar piano demostrando una capacidad poco común para la música. Al teclado pronto se unió una voz cuyas posibilidades percibió su madre de inmediato. Convencida de poder hacer de ella una niña prodigio al estilo de Ricci, Menuhin o ‘I’oumanova, la presentó en varios concursos radiofónicos. En 1934, en Chicago y con la canción “La paloma”, obtuvo un premio de consolación en un concurso promovido por Jack Benny.

Elvira de Hidalgo con Callas

GRECIA,EL APRENDIZAJE

A la edad de trece años, en marzo de 1937, madre y dos hijas pisaban la patria de origen con la ilusión de desarrollar sus posibilidades vocales. Aquel mismo año logró una audición con María Trivella, profesora del Conservatorio Nacional, interpretando la «Habanera” de Carmen y siendo admitida con una beca a pesar de no alcanzar la edad mínima precisa. Su primera aparición en escena acaeció en 1938, al cantar la parte de «Santuzza» en una representación escolar. Confesaría más tarde que en los dos años con Trivella había aprendido menos de canto que con su canario David. Elvira de Hidalgo, famosa soprano de coloratura española y profesora del Conservatorio, quedó admirada de inmediato tras una audición. Sus palabras recordando aquél primer encuentro, no pueden ser más expresivas: “¡La mera idea de ver aquella niña queriendo ser cantante producía risa! Era alta, gorda, llevaba gruesas gafas. Cuando se las quitaba miraba con unos profundos pero casi invisibles ojos. No sabiendo que hacer con las manos mientras esperaba a cantar, se mordía constantemente las uñas. Sin embargo, cuando comenzó a cantar «Ocean, du Ungeheuer» del “Oberon”, produjo violentas cascadas de sonido, si no totalmente controladas si llenas de drama y emoción. Escuché con los ojos cerrados presintiendo el placer de desarrollar semejante material”. Este encuentro macó el inicio de cinco años de asociación durante los cuales no hubo lugar en su vida mas que para la música. “Trabajabamos desde las 10 de la mañana hasta las ocho de la noche. Me hubiese sido inconcebible quedarme en casa, pues no hubiera sabido que hacer»., recordaría la Callas.

De Hidalgo consideró que, aunque la voz de María era pesada, estaba dotada temperamental y vocalmente para el repertorio bellcantista, por lo que se concentró en agilizar el instrumento sin que perdiera riqueza y profundidad en los graves. Al unísono estudió varias partituras completas, aún sin visos de una pronta interpretación. En 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, Callas hacía su primera aparición profesional en el Teatro Lírico Nacional de Atenas con la obra “Boccaccio” de Suppe, cuando sólo contaba dieciseis años.

https://youtu.be/YhhPbsZTB7c

De aquellos años en guerra nos cuenta su madre en el libro «Mi hija María Callas: «Un día, después de haber alojado en casa a dos oficiales británicos, se presentaron soldados italianos. No tuvimos tiempo para esconder los objetos comprometedores de la estancia anterior que hubieran significado nuestra muerte. María nos salvó. Cuando entraron en casa, percibiendo la situación, corrió al piano y empezó a entonar el “Vissi d’arte” de “Tosca”. Nunca la he oído cantar mejor que aquel día, un día en el que una niña de 17 años se jugaba su vida. Oyéndola se olvidaron del registro y se sentaron a su alrededor. Al día siguiente regresaron con comida para María».

Un año más tarde, en 1941, era la primera soprano con un sueldo de unos 6 dólares al mes aunque su juventud era causa constante de hostilidad en otros miembros de la compañía, que envidiaban su presencia en los primeros papeles. Allí interpretó “Tosca”, “Tiefland” y “Cavalleria”. Un crítico de la época escribía en el Deutsche Nachrichten in Griecheland (23 de abril 1944) «María Kalogeropoulos demostró en “Marta” que, lo que otros cantantes han aprender, ella lo posee de por sí: el instinto dramático, la intensidad en la actuación y la desenvoltura en la interpretación”.

ITALIA: EL PASO DECISIVO

En 1.945 volvía a Nueva York con 21 años y una experiencia de seis. Por aquél entonces rompió con su madre, lo que posteriormente sería uno de los temas del sensacionalismo periodístico. Evangelia se dedicaría a criticar el desagradecimiento de su hija a cuanto periodista podía, pero María continuó enviando periódicamente dinero a su madre.

Callas con Corelli

Edward Johnson, manager del Metropolitan, le ofreció Butterfly y Fidelio, a las que Callas renunció considerándose físicamente demasiado grande para la primera y no deseando cantar en inglés la segunda. El matrimonio Bagarozy se ofreció a promoverla artísticamente y se firmó un contrato que terminó en un sonado juicio. Aunque no la proporcionaron ninguna actuación, reclamaron sus comisiones acumuladas una vez que María se hizo famosa. Giovanni Zenatello, famoso tenor que se hallaba en América buscando cantantes para la temporada de Verona, escuchó a la soprano y la contrató de inmediato como “Gioconda”. Viajó a Italia en un barco de carga y el éxito, siendo mediano, le proporcionó la ocasión para conocer a Serafín y Meneghini. El primero habría de ser su maestro y el segundo, bastantes años mayor que ella, su protector y marido. Serafín representaría después de Hidalgo, su mayor influencia y el que la conduciría a los principales teatros Italianos salvo a La Scala con cuya dirección mantenía relaciones tirantes. El primero de esta serie habría de ser La Fenice de Venecia con “Isolda”. Turandot y Norma eran sus caballos de batalla.

Callas con Scharzkopf

LA DIVA

1.949 marca un hito en la carrera al presentarse alternativamente en La Fenice como la dramática “Brünhilde” de La Walkiria y la belcantista “Elvira” de Puritanos, revelándose como una voz completa al estilo de Lilli Lehmann. Tal proeza la catapultó a la fama en dos días. Toda Italia se preguntaba quien era aquella joven de ochenta kilos capaz de vérselas con sendos personajes. Por si fuera poco cantó “Kundry” en Roma y “Abigaille” en Nápoles. La deseada puerta discográfica se abrió para ella.

La Scala se le resiste y en 1.950 se produce un debut repentino sustituyendo a la Tebaldi en Aida y cantando junto a del Monaco, con quien rivalizaría en México. El intendente, tras el ensayo general de Aida, le relató de la soprano mexicana Angela Peralta, que había dejado estela al atacar a plena voz un “si bemol” agudo al final de la escena triunfal de Aida y le solicito intentar otro tanto, lo que abordó después de solicitar permiso a sus compañeros, sosteniendo dicha nota durante 6 segundos y dando la impresión de igualar el volumen de coros y orquesta. En Febrero se presentó en Roma como “Isolda” y “Norma”, siendo la primera soprano desde la Lehmann en cantar ambos roles. De ellos diría: “Si he de juzgar entre “Norma” e “Isolda”, me temo que “Isolda” no es nada en comparación con “Norma”. En la premier de esta última asistió Walter Legge, director de la EMI, quién de inmediato la contrató como primera figura para todas sus grabaciones de ópera Italiana.

Renata Tebaldi con Maria Callas

  • marcaría el inicio de la polémica Callas-Tebaldi al coincidir en Brasil ambas sopranos cantando “Traviata”. Se dijo que la Callas – la “divina”- había comentado de la Tebaldi – la “voz de ángel” -: “Ella no es como la Callas. Sólo cuando sea capaz de cantar Norma o Lucia una noche y Traviata, Gioconda o Medea la siguiente seremos iguales. De otra forma es como comparar champagne con coca-cola”, con lo que se frustro una posible amistas entre ambas. La inauguración de la temporada de La Scala con Visperas Sicilianas marcaría el inicio de una brillantísima y polémica carrera en el coliseo. La Callas, que tuvo que debutar en la Scala sustituyendo a la Tebaldi, tomó su cetro en aquel templo y la Tebaldi hubo de emigar a América. Durante una nueva temporada en México conocería a di Stefano, tenor con el que llegaría a mantener en su ocaso una relación afectiva.

En 1.952 debutaba en el Covent Garden con una Norma en la que aparecía como “Clotilde” Joan Sutherland, interpretaba un histórico “Macbeth” en la Scala, que hubiera debido dirigir Toscanini, y registraba su primera ópera completa: Gioconda. Año de grabaciones sería 1.953 (Lucia, Puritani, Cavalleria, Traviata y una Tosca aún no igualada) y en él debutó como “Medea” junto a un jovencísimo Bernstein. En 1.954 interpretó por primera y última vez Don Carlo, Mefistófeles y la Vestale. Durante los ensayos de esta ópera entabló una sólida relación con Visconti. La Callas, a quien siempre le atrajeron los hombres mayores, se sintió tan fascinada por el cineasta y noble italiano como celosa por la atención que éste dedicaba a Alain Delon.

Andrea Chenier, aprendida con cinco días de antelación a una representación que inicialmente correspondía al Trovador pero que hubo de cambiarse por capricho de del Monaco, es una de las pocas obras en la que no pareció haber dejado huella hasta que su voz iluminase la escena cumbre de la película “Filadelfia”. En ese mismo 1.955, y también en la Scala, obtuvo grandes éxitos en Sonambula y especialmente en la famosa Traviata con direcciones de Visconti y Giulini, marcando otro hito el redescubrimiento del drama de Lucia al ser dirigida por Karajan en Berlín con la compañía de la Scala.

Callas, del Monaco y Simionato

En 1.956 debutó en el Metropolitan bajo el papel de “Norma” junto a del Monaco en medio de una inusitada expectación que haría calificar aquella noche a Rudolf Bing como “indudablemente la más excitante de todo mi mandato en el Metropolitan, aunque la Callas no estaba en plena forma y fue una de las pocas veces en que denotó problemas de afinación”. La acogida fue favorable pero no entusiástica. Igualmente realizó su primera aparición televisiva como “Tosca” en el show de Ed Sullivan.

INCIDENTES Y PROBLEMAS

En 1.957 acaeció la que muchos consideran su más brillante intervención en la Scala: Anna Bolena. La Callas había logrado ya unir en la escena lírica a canto y drama, aunque con el sacrificio de perder veinte kilos. Su método para ello fue uno de los secretos más perseguidos y hasta se llegó a escribir que se había hecho inocular la solitaria. Todo cuanto sucedía a su alrededor era noticia y los comentarios sobre su persona comenzaron a ser insidiosos. Por eso cuando “Anna” empujó violentamente a los soldados y se encaminó al centro del escenario para, mirando al publico, exclamar “¿Jueces?, ¿Para Anna? Jueces”, era la misma Callas quien se estaba defendiendo, quien parecia proclamar “Si esta es mi culpa juzgadme, juzgadme… pero recordar que yo soy vuestra reina”, Los problemas con la dirección del teatro habrían de surgir al tener lugar una gira por Inglaterra en la que cantó enferma las cuatro Sonámbulas pactadas comprendiendo la importancia de su presencia en el tour. Cuando, a resultas del éxito logrado se anunció una quinta, María se negó aduciendo cansancio, tomó el avión y apareció con muy mala fortuna en una fiesta organizada por Elsa Maxwell en Venecia. Los periódicos de Italia la acusaron de haber perjudicado el buen nombre del teatro y el distanciamiento con su dirección, que guardó silencio, fue inevitable. Por si esto fuera poco, seguidamente tenia el compromiso de presentarse en San Francisco con “Lucia” y “Lady Macbeth”. Dada su fatiga tras Edimburgo y su próxima grabación de Medea, prefirió renunciar con lo que el empresario no solo canceló su contrato sino que la demandó ante el Comité Americano de Artistas Musicales solicitando le fuese prohibida cualquier otra actuación futura en el país. Todos estos percances provocaron una mala prensa cuando en realidad el porcentaje de cancelaciones a lo largo de su carrera fue reducidisimo como lo prueba el que las 157 representaciones para las que se la contrató en la Scala durante seis años tan solo falló en dos ocasiones, ninguna vez en Chicago y únicamente una en el Metropolitan.

La situación no mejoraría en 1.958 y nada más comenzar enero se produjo uno de los incidentes más comentados. En la opera de Roma se inauguraba la temporada con una Norma encabezada por la Callas y Corelli. Dos días antes de la premier le sobrevino un catarro, consecuencia de los ensayos sin calefacción, que la obligaría a guardar cama. El manager acudió insistiéndola “María, has de reponerte. Debes cantar”. En contra de las recomendaciones del medico se presentó a una función que estaba presidida por el presidente de la república. Ante la evidencia de una merma en las condiciones vocales una voz gritó: “Vuelve a Milán. Nos cuestas un millón de liras”. Tras el primer acto y no sintiéndose capaz de proseguir, cancelaba la representación. Aunque al día siguiente la telefoneó la esposa del presidente interesándose por su estado y disculpándola, los periódicos pusieron en marcha una amplia campaña de descrédito. La dirección del teatro, al igual que la Scala cuando Edimburgo, mantuvo silencio pero esta vez María les demandó y diez años más tarde obtendría satisfacción legal.

Callas con Visconti

Después de una apariciones en el Metropolitan, un concierto en el monumental Cinema de Madrid y una famosa Traviata con Kraus en Lisboa, retorno a la Scala con Anna Bolena y El Pirata. Por entonces se habían vuelto muy tirantes sus relaciones con el teatro y ello significaría el inicio del fin de la carrera de la Callas en Italia. Durante los ensayos Ghiringhelli no cruzó una sola palabra con ella; entre las funciones hubo de someterse a una operación y cantar bajo los efectos de la anestesia para no empeorar la situación. En la última de ellas, cuando ya había sido anunciado que no regresaría a la próxima temporada, y cuando “Imogene” exclama “Lá…vedete…il palco funesto”, María dirigió su mirada y señaló al palco de Ghiringhelli. El doble sentido no le pasó desapercibido al público que respondió con una fuerte ovación, lo que ocasionó que la dirección ordenara bajar el telón nada más terminar la representación, separando a la diva de unos seguidores que la aclamaban insistentemente. Detrás del telón aparecieron los bomberos con la consigna de despejar el escenario. Era un insulto que la Callas tardaría en olvidar. Los problemas surgieron también en el Metropolitan, donde no llegó a un acuerdo con Rudolf Bing. Los próximos a la cantante se quejaban de la influencia negativa de su marido en todos estos hechos. Un marido que la alejaba de la realidad y negociaba altaneramente todo en su nombre sin rendirla cuentas. Empezaron así los problemas matrimoniales.

En 1.959 tuvo lugar su encuentro con Onassis. Ella y Meneghini fueron invitados a un crucero junto con los Churchill. Dos meses después sendos matrimonios se separaban y María acudía al lado del armador griego. Zefirelli comentaría: “La guiaba la estúpida ambición de convertirse en una gran señora de sociedad, pero hay que analizar su infancia para comprender el motivo de estas pretensiones”. María declararía seis años más tarde: “El mundo me condenó por dejar a mi marido, pero en realidad podía más su faceta de empresario que de marido. Me habían conservado tanto tiempo en una cueva que cuando conocí a Aristo y sus amigos, tan llenos de vida y alegría, me convertí en una mujer diferente. Viviendo con un hombre mucho mayor que yo me había vuelto prematuramente aburrida y vieja. Por esta época María comenzó a preocuparse en demasía por su físico. Si ya había adelgazado hasta límites insospechados, ahora buscaría la sofisticación. La preocupación por la dieta y la intelectualización del físico repercutió en su emisión vocal. Las notas que ya desde siempre sonaron impuras aumentaron su imperfección, los agudos perdieron seguridad y adquirió un extraño timbre metálico. Profesionalmente fue un año de conciertos a los que acudía en un avión particular de Onassis. 

EL SILENCIO

Durante los años siguientes reduciría sus apariciones en escena, pero regresó a la Scala con Polinto y Medea. En una de aquellas funciones cuentan que, tras sentir un murmullo desaprobatorio desde lo lato de la galería, María continuó hasta la escena que denuncia a “Sasón” con la palabra “Cruel”. La orquesta había de continuar con dos fuertes acordes y esperar un segundo “Cruel” antes de proseguir, pero María hizo una larga fermata mirando al auditorio como proclamando “!Miradme. Este ha sido mi escenario y lo será mientras yo quiera. Si ahora me odiáis más os odio yo!”, para repetir luego la acusación dirigiéndose al público.

La Callas siempre tuvo un mérito adicional pues fue capaz de revolucionar dramáticamente la escena siendo miope. Como no podía ver al director, hubo de aprenderse de memoria todas las partes de cada obra a fin de conocer sus entradas. A tales esfuerzos se unió pronto el miedo escénico. El público la exigía más cada noche y ella se sentía obligada a responder a su fama. Por eso la llegada de Onasis le ayudó a alejarse de unos escenarios que se habían convertido en salas de tortura.

Hasta llegar a 1.964 tan sólo se produjeron algunos conciertos y en los dos años siguientes prácticamente se despediría de los escenarios operísticos. El Covent Garden vivió unas brillantes Toscas y en la Opera de París debutaría y diría adiós simultáneamente con su última Norma. El sentido dramático vino a borrar las deficiencias de una voz, ya no en plenitud, que incluso llegó a romper un agudo, el cual repitió con plena exactitud tras hacer retornar unos compases a la orquesta. Zerfirelli comentaría al recordar aquellas representaciones “En los dúos “Norma” y “Adalgisa” han de cantar cogidas de la mano en cerrada armonía. Cuando María hacia una seña para terminar una frase, la Cossotto la ignoraba y sostenía la nota unos segundos extra. !Que falta de generosidad!. Esto hirió a María y yo juré no trabajar más con la Cossotto. Lo que hasta la fecha he cumplido”. En 1.65 se despidió definitivamente de ambos teatros con las mismas obras y del Metropolitan con Tosca.

En 1.966 renunció a la nacionalidad americana conservando la griega como vía preparatoria para su matrimonio con Onassis. Un matrimonio que a decir de algunos no se produjo por falta de una partida de bautismo de María, cuando todo estaba preparado y ambos se encontraban en Londres esperando al sacerdote ortodoxo que llegaba en avión privado de Onassis. Incluso se llegó a hablar de un embarazo frustrado. La entrada en escena de Jacqueline Kennedy acabó de malograr estos proyectos y María se encontró sin una carrera y según sus palabras “incluso sin un buen amigo”. Pensó retornar a la escena pero aunque había vuelto a trabajar con Elvira de Hidalgo intentando vencer la decadencia de su voz no lo había conseguido. Londres significó su adiós a la escena y Carmen y Tosca a las grabaciones íntegras.

https://youtu.be/Hd-ixjbPxOI

UNA INCOGNITA

Hace unos quince años que Paris Match traía en su portada la imagen de María Callas. ¿Cómo es posible que alguien pueda ocupar la portada de un gran semanal al cabo de veinte años de fallecer? La Callas sigue siendo un mito. El motivo resulta digno de investigación para los fans-fanáticos de la egregia artista: la posible existencia de un hijo que habría muerto a las pocas horas de nacer, a causa de una insuficiencia respiratoria, y cuyo padre habría sido Aristóteles Onasis. De ser cierto y haber vivido, la historia habría dado muchas vueltas hasta el punto que quizá hoy el mito de María Callas quizá no existiera.

El descubrimiento del nacimiento y óbito de Lengrini Omero en Milán el 30 de marzo de 1960 ha levantado tanta expectación que hasta Costa-Gavras pensó centrar una película en la tragedia de los dos griegos más famosos de la mitad del siglo XX. ¿Qué hay de cierto en esta historia? De entrada explicaría muchas cosas. La principal, esa parcísima actividad en escenarios líricos de los años sesenta que vino a resultar una especie de retirada temprana.

Sorprenden la afiliación del niño. Se dice que el nombre corresponde a uno de los tíos de Onasis y que el apellido es aquél bajo el que la diva se ocultó y registró en la clínica milanesa. Más alumbrador puede resultar repasar los meses en que hubo de transcurrir el supuesto embarazo, es decir, de julio de 1959 a marzo de 1960. Encontramos un único concierto en Amsterdam en julio, para pasar al recital que ofreció en el Coliseo Albia bilbaíno en septiembre, seguido de otro en Londres, y la grabación de su segunda «Gioconda» en Milán. Vendrían luego más conciertos en octubre – Londres, Berlín y Kansas City-, dos «Lucias» y dos «Medeas» en Dallas en noviembre… y a partir de entonces silencio hasta las «Normas» de agosto de 1960. ¿Se presentó María Callas embarazada en Bilbao? Sólo actuó tres veces en nuestro país, en dicha ciudad, Barcelona y Madrid, pero miren por donde los bilbaínos que entonces la trataron podrían tener la clave de esta historia. El diario de su exmarido revela intensísimos contactos telefónicos entre ambos en agosto con motivo del anuncio de su separación, la que se haría pública en septiembre, mes en que la cantante se encontraba mal, deseaba tranquilidad y no permitió la visita de Meneghini. En cualquier caso no parece probable que Callas, que había visto por vez primera a Onasis en septiembre de 1957 y cayó en sus brazos en el yate Cristina en julio del año siguiente, hubiera puesto en peligro a sus 37 años un tardío embarazo del armador. Su vida presenta aún hoy muchos claroscuros. Su arte no.

EL CANTO DEL CISNE

En los últimos sesenta se proyectó la filmación de su más grande interpretación escénica: Tosca. Se grabó el sonido pero a última hora se planteó el problema de la existencia de unos derechos exclusivos para firmar dicha obra pertenecientes a la firma alemana Beta, cuyo director artístico era Karajan. Permiso y cesión de derechos fueron peticiones denegadas, siendo la única solución que Karajan dirigiese la partitura, lo que a su vez fue rechazado. Por una mera razón administrativa se perdió la oportunidad de preservar visualmente el arte de la Callas, aunque afortunadamente quedan algunos maravillosos videos de segundos actos de la obra. El cine -una “Medea” con Passoloni mejor valorada hoy que entonces-, las clases de canto en Nueva York y la pésima dirección escénica de una desgraciada producción de Vísperas Sicilianas en Turín junto a Di Stefano no se conformaron como sucedáneos válidos. Sin embargo tenor y soprano se reconfortaron mutuamente y emprendieron una amplia gira de recitales por todo el mundo. María pareció salir de una depresión en la que, aunque pocos lo sepan, fue ayudada por el desaparecido Vallejo Nájera, que la invitó a su casa de Sotogrande. “María llegó hecha un desastre, despeinada, sin maquillar, con las medias arrugadas y caídas. Era la imagen de la destrucción” confesaría el escritor. Parece ser que la razón de la gira fue inicialmente ayudar al tenor en sus problemas financieros pero también a costa de comprometer seriamente a María. Di Stefano no arriesgaba nada mientras que la Callas lo arriesgaba todo. Si en las Normas de París ya había sido patente una considerable reducción del volumen sonoro y una falta de seguridad en los agudos, siempre había permanecido una tremenda musicalidad. Ahora solo podía advertirse el desesperado intento de salir a flote con una voz que ya estaba rota. La habilidad para mantener frases largas había desaparecido, los recitativos y las florituras eran inseguros y se reflejaba únicamente una sombra de su anterior autoridad en ellos. El público aplaudió en recuerdo a la antigua grandeza, pero contemplar tal sombra del pasado resultó triste e incluso doloroso. A aquella Callas bien se podrían aplicar las palabras de Pauline Viandot: “Sí, es como el Cenacolo de Leonardo da Vinci, las ruinas de un cuadro, pero ese cuadro es la más grande pintura del mundo”.

Callas con Di Stefano en pleno romance tadío

Después, sin vida ya aquellos seres para ella tan queridos como Visconti, Passolini u Onasis, se refugiaría en un premonitorio silencio del que ya sólo salió un 16 de septiembre de 1977. Su sirvienta la encontró muerta en la bañera. Se justificó como un colapso pero, sin autopsia y con sospechosa premura fue incinerada, y sus cenizas esparcidas por el mar Egeo. Ni desaparecida dejó de ser centro de atención. Se habló de excesiva ingestión de pastillas -Di Stefano confirmó su dependencia de ellas- y se levantaron auténticas disputas por sus bienes. Hoy, veinte años después, resulta evidente que su mejor herencia quedó para la EMI, que continúa haciendo una fortuna con sus discos. No faltan quienes buscan por los archivos de los teatros que pisó cualquier grabación que no haya visto aún la luz. Se darían millones por una toma de su ese “Pirata” scagliero que, según se dice, sólo conserva la mujer de Corelli y esconde para evitar que el público escuche los gallos del tenor en una noche aciaga. Con la Callas no sucedió lo que con otros grandes artistas, que su desaparición sirve para rebañar su pedestal. María Callas se asienta cada día más como una figura de referencia y estudio obligado para cuantos se acercan a la lírica. Quince años de éxito y la gloria eterna. ¿Volverá a conocer la ópera algo igual? Gonzalo ALONSO

Callas en su casa parisina

AUTOCONFESION

“En esta vida, antes de hacer algo importante, hay que admitir que tendrá sus consecuencias. Cuando uno es honesto se paga un precio muy alto, aunque debería ser normal que la honestidad formara parte de todos. Yo he experimentado que siendo así te encuentras un montón de gente deshonesta, de gente débil que intenta hundirte. Y entonces siendo una mujer con todas sus debilidades, estoy indefensa. He estado indefensa toda mi vida, pero he elegido la honestidad y no puedo ser infiel a mi misma. Sabía que comportándome así habría de soportar multitud de ofensas, ser malentendida, odiada y atacada. Siéndolo muy frecuentemente no he podido defenderme. No he tenido otra opción que sentarme y guardar silencio”.

LA OPINIÓN

Hace justo cuarenta años que falleció María Callas, dejando huérfana a la ópera. Ninguna figura de la lírica ha llegado a ser tan influyente y popular como la artista nacida en Nueva York. Callas no fue solo un fenómeno musical sino también social. Una figura de un arte minoritario que llegó a ocupar las portadas de la prensa del corazón. Una cenicienta que encontró y perdió su zapato en la lujosa vida social. Pero hoy, por encima de todo, queda su paso por el arte lírico. Sus interpretaciones son admiradas, analizadas y desmenuzadas por aficionados y profesionales. Desapareció pero dejó una herencia imperecedera.

Su voz nos puede sonar hoy hasta desagradable, acostumbrados como estamos a las pequeñas, incoloras e insípidas que nos han programado discográficas e intendentes, pero su gran mérito fue precisamente ser domadora de una vocalidad que parecía una tintorería, tan llena estaba de colores. Supo sobrevolar las entonaciones no siempre perfectas para transmitir emociones como pocas veces alguien ha logrado en la ópera. Fue capaz de pasar de la tormentosa ambición que devora a Lady Macbeth hasta la ingravidez de una «Sonambula», que parecía levitar a metros de la tierra. ¡Y qué recitativos! Quien aún no la haya escuchado, que se haga con su «Tosca» con de Sabata, en plenitud, su «Norma» con Serafin, ya en decadencia o la grabación pirata de «Medea» con Bernstein, quien cumpliría cien años el próximo agosto. Para él se abrirá un mundo nuevo, muy diferente al actual.

¿Qué otra cantante lírica ha alcanzado una popularidad tal como para que su vida haya sido llevada al cine en varias ocasiones? «Callas forever» es un mero ejemplo. ¿Sobre quién se han escrito más libros? «Fuego griego» es únicamente otro ejemplo. Hasta se ha escrito una obra teatral que refleja sus clases en la Julliard neoyorquina. Norma Aleandro, Nuria Espert o Fanny Ardant han recreado el personaje de «La Assoluta», en cine o teatro. ¿De quién se han reeditado más grabaciones? En esto días se publica una edición completa y un doble cd con fragmentos en vivo. Fue y es un mito, basta escuchar la reacción del público ante el «mi bemol» sobreagudo con el que corona la marcha triunfal de «Aida» en México incluida en éste último álbum, porque todo lo que la rodeó fue intenso, desde aquellos cincuenta kilos que logró perder para hacer justicia a sus personajes o hacerse justicia así misma, hasta el hijo con Onasis, que parece éste le obligó a abortar. Su vida y su voz eran una pura ruina cuando falleció, a la que bien se podrían aplicar las palabras de Pauline Viardot sobre otra colega al final de su carrera: «Sí, es como el ‘‘Cenacolo’’ de Leonardo da Vinci, las ruinas de un cuadro, pero ese cuadro es la más grande pintura del mundo». María Callas tuvo, en su inmensa desgracia, la fortuna de morir a tiempo para convertirse en un mito. Gonzalo Alonso

Un comentario

  1. María Conde 19/09/2017 a las 16:56 - Responder

    Acabo de leer el artículo de Gonzalo Alonso sobre María Callas. Me ha parecido muy documentado y esclarecedor. Callas ha sido y será un mito en el mundo lírico y también en el de la prensa del corazón. Sólo una excepción, me parece fuera de lugar sacar a relucir a los tres tenores sobre la influencia que sus éxitos podrán tener en la futura historia de la música en comparación con el mito Callas. Creo que el autor se atribuye unas dotes proféticas que no se basan en un criterio que se pueda contrastar.

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