Crítica: La agilidad vien servida del Prette Rosso. Il Giardino Armonico y Julia Lezhneva, en el CNDM
LA AGILIDAD BIEN SERVIDA DEL PRETE ROSSO.
Arias y Conciertos de Vivaldi. Il Giardino Armonico. Julia Lezhneva, soprano. Giovanni Antonini, dirección y flauta de pico. CNDM. Auditorio Nacional, 12 de marzo de 2026.

Julia Lezhneva
Este electrizante concierto nos ha permitido revisitar algunas de las más bellas arias y piezas instrumentales del Prete Rosso de la mano de unos intérpretes muy competentes. Y enfrentarnos con una música que nos abre de par en par las puertas de la gran dimensión teatral del compositor veneciano.
Los estudios e investigaciones más recientes han puesto de relieve que, sin dejar de ser él mismo, sin perder su característica personalidad, Vivaldi tenía también cosas que decir en el ámbito teatral, al que aportó, curiosamente, siendo como era en un principio –y por eso se lo conoce hoy fundamentalmente- un creador instrumental, rasgos importantes y definidores que impulsaron y actualizaron el género.
Es singular el valor descriptivo de ciertos pasajes alusivos y la importancia concedida a los ripieni, con presencia de todo el efectivo orquestal, en secciones intercaladas en mitad de un aria y entre recitativo y recitativo. Y la incorporación a las arias de elementos que las hacen integrarse en un todo fluido y progresivo.
Todo ello lo hemos tenido presente a lo largo de esta sesión en la que se han alternado algunos Concerti Grossi con unas cuantas maravillosas y muy difíciles arias extraídas de algunas de sus -se dice- sesenta óperas, muchas de ellas poco o nada conocidas a día de hoy. Para ilustrarnos al respecto hemos tenido a la soprano rusa de 36 años Julia Lezhneva, ahijada por cierto de la otrora famosa Kiri Te Kanawa. Ya la conocíamos pues ha actuado varias veces en nuestro país. Y de nuevo hemos comprobado que continúa cantando estupendamente.

Il Giardino Armonico
Su instrumento podríamos decir que es ahora mismo el de una lírico-ligera, muy extenso -con ocasionales apoyos poco gratos en la zona grave-, satinado, espejeante, con pasajeras vetas de sombrío color, que se desenvuelve como pez en el agua en la escritura de bravura, que no falla una, que muestra una envidiable afinación y una rara capacidad para sortear sin pestañear los más difíciles pasajes de una endiablada coloratura, que caracteriza muchas de las páginas del músico. Fiato, buen apoyo, adecuados contrastes dinámicos, sonidos plenos y suaves. Y una monumental capacidad para las roulades, las escaladas y la reproducción de compases de la agilidad más exigente.
Ahora bien, hay una cuestión que conviene apuntar. La inmensa facilidad de la soprano para reproducir cocheas y semicorcheas, fusas y semifusas a todo meter, con una rapidez inusitada, convierte a veces a las notas en aparentes racimos de meteóricos trinos, con lo que es difícil establecer las diferencias en los rapidísimos pasajes coloratura. En todo caso, sabe aplicarse en los compase spianato. De todo ello tuvimos ejemplos en el copioso concierto empezando por el aria Destin avaro de La fida ninfa, con espectaculares saltos interválicos. Canto suave y melodioso en el aria Vedrò con mio diletto de Il Giustino.
Lezhneva supo acentuar luego los contrastes dramáticos del aria Alma oppressa también de La fida ninfa, aunque destinada a otro personaje en este caso el de Licori. En el aria de Calo Silio Gelosia, tu gia rendi l’alma mia de Ottone in vila la soprano se exhibió en la reproducción de las diabólicas agilidades. Dramatismo a flor de piel apreciamos en el aria de Farnace Gelido in ogni vena. La incansable soprano continuó en su línea ofreciendo luego arias de Ercole sul Termodonte, con intervención de la tiorba de Michele Pasotti y el violín de Stefano Barneschi. El cierre vino dado por un aria de Bajazet de Il Tamerlano, Anche il mar par che sommerga.
Y luego… hasta seis propinas. Cinco, todas con sus dificultades, de Vivaldi, y una de Haendel, la conocida Lascia la spina, delineada muy lentamente, con gusto. Para que Lezhneva se encontrara a sus anchas necesitaba un apoyo instrumental idóneo, bien acoplado a sus modos. Buena entente entre la cantante y el magnífico y despierto Il Giardino Armonico, con instrumentos de época bien afinados, fiel seguidor del gesto nervioso y convincente de un viejo conocido como es Giovanni Antonini, que dirigió además la Sinfonía de L’Olimpiade, dos Concerti Grossi y tocó primorosamente el célebre Concierto para flauta de pico Il gardelino. El público, que llenaba el Auditorio, braveó y disfrutó de lo lindo.






















Últimos comentarios