Crítica: Cuando la música se hace magia. Euskadiko Orkestra recibe a Riccardo Frizza
CUANDO LA MÚSICA SE HACE MAGIA
Música de Antonio Vivaldi, Pablo Sorozabal, Georges Bizet, Robert Schumann, Edward Grieg y Ottorino Respigni. Johannes Moser (violonchelo). Coro Easo y Coro de Voces Ciudadanas (director, Gorka Miranda). Riccardo Frizza, director musical. Euskadiko Orkestra. Auditorio Kursaal. 16-III-2026.

Riccardo Frizza
Buenos mimbres -jugosos todos ellos- confluyeron sobre el escenario del donostiarra Auditorio Kursaal para presentar al respetable la magia de tejer un precioso cesto que dio luz a corcheas, semicorcheas, notas blancas, notas negras, fusas, semifusas, instrumentos musicales y voces coralistas, bajo la concertación de una batuta de tronante calidad.
El pasado año Euskadiko Orkestra se sumó al Proyecto ARTIS+ en el que participan varias orquestas tales como la Orchestre National du Capitole du Toulouse, L’Auditori y Orquesta OBC de Barcelona o la Orchestre du Pau, concebido como proyecto europeo de cooperación transfronteriza para la inclusión social en el mundo de la interpretación musical.
En el concierto que en estas líneas se valora, estuvieron presentes 132 voces ciudadanas, de las 623 inscritas, donde la intergeneracional cubrió el arco que va desde los 20 años a los 77 de edad, con un 48% de mujeres y el 52% de varones. Se contó con el refuerzo del Coro Easo. Durante 13 minutos, más 4 de aplausos, pudo constatarse como el ars canendi (maese Reverter dixit) tiene cuna en el solar vasco.
Esta participación canora se inició con el tronante Gloria in excelsis, número I del ‘Gloria, RV 589’ del véneto Antonio Vivaldi (1678-1741), que en su breve duración -3 minutos- dejó clara la buena impronta de la preparación coral. ¡Ay tierra vasca! es un precioso zortziko escrito con letra y música, en 1956, por el donostiarra Pablo Sorozábal Mariezcurrena (1897-1988), al que el escritor Fernando Artola lo adaptó al euskera en 1970 con el nombre de Euskalerria.
La armonización orquestal que coordinó Riccardo Frizza, fue toda una explosión lumínica bien barnizada por las voces corales. Finalizó este viaje vocal con la famosa marcha “Les voici, les voici!” de la ópera Carmen de Georges Bizet (1838-1975), recibiendo del público la unánime ovación (ahora también se grita y se silva para mostrar parabienes) en señal de gratitud.

Johannes Moser
En tal solo dos semanas del mes de octubre de 1850 el sajón Robert Schumann (1810-1856) compuso el Concierto para Violonchelo y orquesta, el La menor Op.129, en el que las atmósferas musicales se desarrollan alrededor de un panorama emocional que embrida una absoluta interdependencia entre el instrumento solista y el orgánico orquestal, como quedó perfectamente expuesto en el primer movimiento Nicht zu schnell donde la trompa da aliento al violonchelo en el compás 4/4.
Estamos ante una composición que crea un des-concierto melódico para el músico solista, requiriendo un trabajo de plenitud expresiva. Dicha expresividad estuvo, en altísimo grado, en la digitalización de la mano derecha del violonchelista germano-canadiense Johannes Moser (1979), reconocido en la actualidad como uno de los grandes, donde su tensión creativa en la exposición armónica estuvo siempre manando auras de magia. El reconocimiento unívoco del público hizo que nos regalara -junto con los otros seis violonchelistas de la orquesta- la dulzura de la breve Sarabande de la composición Holberg Suite del Edward Greig (1843-1907). ¡Una gozada!
Tener en el podio al italiano Riccardo Friza (1971) es contar con la garantía de la máxima bondad en la tarea concertante. Si así fue en las obras musicales que hasta aquí se han explicitado, con las obras Fontane di Roma, P106 y Pini de Roma, P141 del del boloñés Ottorino Respigni (1879-1936. Son dos composiciones en las que el realismo expositivo está inmerso en la vivificante realidad romana. Frizza, sin apenas articulación corporal y con precisión de reloj, llevó a la Euskadiko Orkestra por vías peripatéticas (del griego peripatêtikós) enseñando como se describe en ambas obras las percepciones de la Naturaleza.
Se alcanzaron momentos cumbre con el allegro moderato del movimiento III de la primera obra titulado La fontana di Trevi al meriggio (La fuente de Trevi al mediodía) donde se hace patente el discurso del agua desde el carro de Neptuno tirado por caballos marinos, así como en el IV movimiento de la segunda nominado I pini della Via Appia, donde el tempo di marcia, donde el viento metal crea el ambiente de remembranza sobre el paso las antiguas legiones romanas camino de la colina del Campidoglio.
“La música es la magia que ennoblece al ser humano”, Aristóteles.





















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