Plan de suscripciones

Suscribirse a la Newsletter de Beckmesser

¡No te pierdas ninguna noticia!

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Busca las entradas de cada mes

Últimos tuits de Beckmesser

Post
Mesa y lirica. Banquete musical alegorias de Pietro PaoliniLa mesa y la lírica
Por Publicado el: 05/05/2026Categorías: Colaboraciones

Satie y los desmanes de la música ambiental, con algo sobre Mario Levrero y el Conde Drácula

Satie y los desmanes de la música ambientalCon algo sobre Mario Levrero y el Conde Drácula

Mario Levrero

Acabo de entrar (revisión anual, no hay nada de qué preocuparse todavía) en la sala de espera del urólogo. Hay varias personas aguardando turno y por el hilo musical la Gymnopedie de Satie bendice nuestras cabezas con propiedades ansiolíticas. Respiro hondo. De pronto, ese músico que llevo dentro se encalabrina: ese pulso mecánico, metronómico, esa interpretación plana, ausente de fraseo… una pésima versión, me dice al oído, un Satie sonajero. Probablemente un midi, le contesto, restando importancia al asunto. Pero me molesto bastante cuando observo que la secuencia se repite en bucle no una, sino dos veces. A la tercera paseo la mirada por la sala buscando algún gesto cómplice, algún escándalo razonable, pero sólo encuentro personas entreteniendo la espera con revistas ilustradas y alguna ojeada triste al dispensador de agua, eficaz auxiliar de la flujometría. Comprendo que soy el único al que pueden interesar semejantes nimiedades y hago un esfuerzo mental por centrarme en cuestiones más relevantes.

Como se ve que no las encuentro, acude a mi cabeza aquella mañana en la que cité a José Luis Temes en una cafetería de la calle de Santa Engracia para enseñarle una partitura de Don Emilio Serrano (no me hizo ni caso, por cierto). También en esa cafetería había hilo musical, y en algún momento Temes se levantó para solicitar en la barra que silenciasen, o al menos bajasen el volumen de la música. El camarero recibió la queja como si alguien le estuviese informando del tiempo en el Cantábrico. Cuando volvió, con gesto resignado y señalando los altavoces, Temes sentenció: “Guerra perdida”.

Estupefactos se habrían quedado los antiguos habitantes de Babilonia, en cuya mitología se describe un zigurat habitado por suspiros que suenan eternamente, o el conde Drácula, que a finales del siglo XIX escuchaba discos con la voz de su amada muerta (y de ahí su fama demoníaca para los campesinos), si hubiesen podido saber hasta qué extremos ha llegado en nuestros días la reproducción técnica del sonido.

Ahora bien, cada avance tecnológico trae consigo una maldición oculta, y el de la reproducción del sonido, pienso mientras compruebo aliviado que no he perdido los resultados de mi último análisis,es la música ambiental, eso que los anglosajones llaman muzak. Y nadie como Mario Levrero para describirla:

Si no recuerdo mal, la fiebre por el ruido comenzó alrededor de 1995, con la publicidad y la música ordinaria en algunos supermercados, en los que yo me quejé y obtuve al principio algunos resultados, pero después ya no me hicieron caso y tuve que dejar de ir a los supermercados y hacer mis compras en comercios dispersos; luego la fiebre llegó también a esos comercios dispersos, y a todos los comercios de la avenida y sus alrededores, y a todos los bares y restaurantes y confiterías, y luego a los ómnibus (donde ahora hay también televisión) y a los taxis y finalmente a las calles. Debo decir que jamás oí de esos parlantes algún tema musical que valiera la pena. Pero aunque los temas valieran la pena, la forma de imponerlos es intolerable, es puro fascismo, un fascismo asociado con una subcultura subdesarrollada y oligofrénica. La Intendencia no sólo tolera, sino que además participa activamente en esta producción de ruido estupidizante; y me imagino lo que será el país dentro de algunos años… el reino de la guarangada y la patota y seguramente de un nuevo terrorismo de Estado. (Mario Levrero: La novela luminosa. 2005)

Sabrán ustedes que en el Cono Sur (se lo he preguntado a la IA) guarangada significa “falta de respeto”, y patota “pandilla de jóvenes que actúa de forma antisocial”. Y que con perpetrar ante el urólogo una guarangada de patota seguía yo fantaseando en la sala de espera cuando me llamaron a consulta, tres cuartos de hora más tarde, con el falso Satie aún sonando en bucle, como una condena eterna, por aquellos altavoces.

Emilio Fernández Álvarez

Deja un comentario

banner-calendario-conciertos

calendario operístico