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Historias musicales: Visconti y Puccini, nunca es demasiado tarde
Por Publicado el: 24/04/2026Categorías: Colaboraciones

Sobre la temporada del 30 aniversario del Teatro Real

SOBRE LA TEMPORADA DEL 30 ANIVERSARIO DEL TEATRO REAL

SOBRE LA TEMPORADA DEL 30 ANIVERSARIO DEL TEATRO REAL

El Teatro Real anuncia su temporada 2026/27, la del 30 aniversario

Conocemos ya oficialmente la programación de la próxima temporada del Teatro Real, la que festeja o quiere festejar los 30 años del coliseo desde su moderna puesta en marcha en 1997. La verdad es que esperábamos algo más relevante, más original, más novedoso ante un acontecimiento tan significativo. No es que en lo propuesto no haya cosas de interés, óperas importantes, algunos artistas de tronío, directores de escena de postín -algunos vuelven a repetir-, jóvenes y, prometedoras voces. Pero lo propuesto nos suena, con sus pros y sus contras, a bastante conocido, enmarcado en el mismo y acostumbrado formato que se nos ofrece desde hace algunos años.

Se sigue abusando, por ejemplo, de las versiones concertantes cuando lo que interesa es lo representado. Se quiera o no, escuchar la música y no ver el teatro que aquella ilumina; imaginarse tan solo el movimiento escénico, no seguir la peripecia dramática ilustrada por el pentagrama es apartarse muy directamente de las esperadas propuestas en las que la acción toma vida y los personajes crecen y evolucionan ante nosotros. Ver los escenarios por donde aquellos pululan, apreciar su evolución dramática, sus cuitas, sus encuentros y desencuentros, su desenvolvimiento, está en la base, en la raíz del género que nació oficialmente con el Orfeo de Monteverdi allá por 1607.

Veamos en primer lugar los títulos seleccionados. Componen un conjunto muy significativo, qué duda cabe. Tenemos por un lado un grupo de óperas de rango romántico: Norma de Bellini, Simon Boccanegra de Verdi, Tannhäuser de Wagner, La Gioconda de Ponchielli. Otras que podríamos considerar veristas o afines a ese movimiento, como Manon Lescaut de Puccini y Fedora de Giordano.

Una clásica, la inmarcesible Las bodas de Fígaro de Mozart y otra continuadora en algunos aspectos de esta, El barbero de Sevilla de Rossini. Son títulos en la mayoría de los casos maestros. Como lo es, dentro de su predio, la imponente Katia Kavanova de Janácek. Y también dos títulos barrocos que nunca se han representado en el Real: Riccardo Primo, Re d’Inghilterra de Haendel (compositor muy programado en los últimos años) y Mitidrate de Porpora. Añadamos el significativo y singular El castillo de Barbazul de Bartók.

Sobre la temporada del 30 aniversario del Teatro Real

El barbero de Sevilla llegará en versión de Damiano Michieletto
© Elisa Haberer

Bien. Hay aquí evidentemente varias obras maestras, cuyo desarrollo habrá que ver. Se echa en falta, por supuesto, la presencia de Richard Strauss y la de algún otro título de fuste del siglo XX. Pero hay un estreno mundial de una ópera de nueva creación, Bodas de sangre (con Lorca en la base) del sevillano Manuel Busto, que hace pocos años se hizo notar en el mundo de la creación contemporánea con La mujer tigre, en donde amalgamaba con habilidad un muy elaborado y sustancioso precipitado de signo flamenco con hallazgos muy singulares de un lenguaje novedoso. No es pequeño el desafío el poner en música al poeta de Fuente Vaqueros.

Hay seis nuevas coproducciones: Manon Lescaut, Simon Boccanegra, Tannhäuser, Las bodas de Fígaro, Katia Kavanova, Bodas de sangre. Las tres últimas ven la luz por primera vez en el Real. Y siguiendo la habitual costumbre ya comentada de prescindir de la escena, tenemos en concierto las óperas de Haendel, Porpora, Bartók, Giordano y Ponchielli. En concierto también tres grandes composiciones: El Mesías de Haendel, La Pasión según San Mateo de Bach y San Giovanni Battista de Alessandro Stradella (por primera vez en el Real). No parece muy lógico que se siga manteniendo la costumbre de incluir oratorios, por muy magistrales que sean, en un escenario operístico.

Son pocos títulos escenificados los que se nos van a ofrecer. Menos que nunca. Chocan algunas cosas. Por ejemplo, que, a distancia de unos pocos meses, se vuelva a programar El Castillo de Barbazul de Bartók, que se pudo ver hace muy poco, con dirección de escena de Cristof Loy, junto a El mandarín maravilloso del mismo compositor. Se habrá atendido la exigencia de la diva Anna Netrebko.

Veamos muy por encima los nombres de cantantes, de registas y de directores musicales. El nivel es relativo e irregular, algo casi siempre lógico. Aparte de la Netrebko podemos destacar las anunciadas actuaciones de dos sopranos del fuste de Sondra Radvanovsky y Saoia Hernández en el papel de la Manon de Puccini; dos lírico-spinto muy adecuadas a la parte. Con ellas estarán dos tenores spinto de recia encarnadura, Jorge de León y Brian Jadge, y uno lírico algo más feble, Michael Fabiano.

En Simon Boccanegra señalamos la presencia del buen barítono que es Ludovic Tézier. Junto a él no divisamos a una Amelia de Fuste. Dos tenores estimables defenderán la parte de Gabriele Adorno. Francesco Meli, de timbre algo blanquecino, y Piero Pretti, ya no en su mejor momento, como pudimos apreciar escuchándolo hace poco en I Masnadieri.

Imagen de la producción de Tannhäuser

En Norma (la ya conocida y discutible producción de Justin Way), echamos en falta voces más adecuadas. Ni Lisette Oropesa ni Jessica Pratt poseen el material vocal exigido. Encaja mejor que ellas Marina Rebeka. Bien para Adalgisa la potente Aigul Akhmetsina. Tampoco son adecuados los tenores, excesivamente líricos: Javier Camarena, Dmitry Korchak y Francesco de Muro. Regular Clay Hilley para Tannhäuser, parte en la que se encontrará más cómodo Andreas Schager, ya bastante baqueteado. El resto del reparto es muy interesante y apto. Malin Byström y Elisabeth Teige, líricas con cuerpo, pueden defenderse bien en el papel de Elisabeth. Y Georg Zeppenfeld es una garantía como Landgrave.

De El barbero de Sevilla resaltamos a las mezzos Isabel Leonard y Olga Syniakova, voces con cuerpo y esmalte. La segunda fue ganadora del Concurso de canto de Santiago. Bien el darle la alternativa al barítono lírico Carles Pachon como Conde de Las bodas de Mozart, donde alternará con el más cuajado Mattia Olivieri. Buenos nombres los acompañan: Elsa Dreisig, Sara Blanch, Germán Olvera

Del copioso y competente reparto de Katia Kavanova hay que señalar la presencia del buen tenor lírico-ligero Bogdan Volkov. La gran figura de La Gioconda es la estrella de nuestros días, Anna Netrebko, que con su actual y bella voz de soprano lírico-spinto puede dar excelente juego. El buen barítono que es Luca Salsi será Barnaba. Enzo Grimaldo el irregular Yusif Eivasov, antiguo marido de Netrebko.

Fedora, esa ópera de la que la mayoría de la afición solo conoce la hermosa y breve aria Amor ti vieta, estará protagonizada por la lustrosa soprano ampliamente lírica Sonya Yoncheva. Junto a ella la más ligera española, de técnica tan probada, Sabina Puértolas, de la que siempre se recordará su Addio del pasato en la última Traviata del coliseo.

La obra estreno de Manuel Busto tendrá una novia excelente, la soprano lírico-ligera Marina Monzó, de timbre perfumado y refrescante. Un buen reparto hispano, con nombres tan acreditados como los de los barítonos José Antonio López y Luis Cansino, la secunda. El Mitridate de Porpora, gran novedad, aparece encabezado por el rutilante y camaleónico tenor Michael Spyres. San Giovanni Battista de Stradella, y Riccardo Primo, re d’Inghilterra de Haendel aparecen presididas por el virtuoso contratenor Jakub Józef Orlinski.

Como caso aparte tenemos que referirnos al espectáculo ideado por el imaginativo director de escena Rafael R. Villalobos en torno a una obra mixta, He who loves beauty, con músicas de Britten, Purcell y Dowland. Él es el que cose las distintas partituras y se ocupa también de la dirección de escena, la escenografía, el vestuario, la iluminación y la dramaturgia. Se cuenta con el tenor Mark Milhofer, con el actor Luis Alberto Domínguez y los pianistas Manuel Navarro y Gonzalo Villarruel. La propuesta se estrenó en Sevilla el 28 de enero de este año. Aquí se podrá ver en el Teatro de la Abadía.

Pierre Audi dirige la versión de Simon Boccanegra, coproducción del Teatro Real junto al Nuevo Teatro Nacional de Tokyo y la Ópera y Ballet Nacionales de Finlandia
© Ilkka Saastamoinen

Podemos hablar muy brevemente de los forjadores y conformadores de todo este aluvión de títulos. Es decir, de los directores musicales y escénicos. El nivel no es excesivamente elevado. Naturalmente hay que saludar de nuevo al actual responsable musical del Teatro, Gustavo Gimeno, que ya ha dado muchas muestras de sus capacidades, la última dirigiendo La novia vendida de Smetana.

En la temporada se va a ocupar de Tannhäuser y de Katia Kavanova, dos grandes y exigentes partituras. Apuntemos rápidamente el nombre de Nicola Luisotti, que se encarga de dos títulos muy afines a sus modos: Manon Lescaut y Simon Boccanegra. Destacaríamos también como maestro seguro a Giacomo Sagripanti, siempre decidido y expresivo, en El barbero. Y un voto también para el casi siempre eficiente Marco Armiliato, que estará en el foso para Gioconda. Y Daniel Oren, casi siempre competente, para Fedora. Manuel Busto dirigirá su ópera. El musical Henrik Nánási estará al frente de El Castillo bartokiano; y de las obras que completan la única sesión: : Rapsodia húngara nº 2 y Concierto para piano númers 1 de Liszt con el joven pianista Misi Boros.

Se cuenta con algunos directores de escena muy de la casa: Damiano Michieletto (de quien no pudimos aplaudir su Butterfly), para El barbero; Cristof Loy, el metafórico, para Katia Kavanova; Robert Carsen, de quien esperamos buenas ideas para Las bodas mozartianas.

Tiene cierta nombradía David Hermann, responsable de Tannhäuser. Una producción anterior salida de su mano de esta ópera no fue especialmente alabada. Aquí dirigió la escena de La página en blanco de Pilar Jurado. Esta producción, se nos dice, “evoca el mundo de la ciencia ficción con innumerables referencias cinematográficas desde la clásica Metrópolis a las sagas Star Wars y Mad Max, concediendo una gran espectacularidad al mundo mitológico wagneriano”. Hay que desconfiar un poco.

Anotemos asimismo el nombre de Barbara Lluch a quien le puede convenir el mundo de Bodas de Sangre (su abuela, Nuria Espert, dirigió en su día una estupenda Yerma). Interrogante respecto a lo que puede idear Carlos Wagner en Manon Lescaut.

A resaltar, por supuesto, la visita de las huestes de Bayreuth al mando de Pablo Heras Casado, que no para de dirigir Tetralogías y que conducirá la próxima en el templo de la Colina Sagrada. Aquí presidirá fragmentos con la Orquesta del Festival y con las estimables voces de Catherine Foster (Brünnhilde), Nicholas Brownlee (Wotan) y Klaus Florian Vogt (inadecuado como Siegmund y más como Siegfried).

Queremos resaltar finalmente que, poco a poco, parece que se va dando algo más de cancha a voces españolas. Aunque queda camino por recorrer

Arturo Reverter

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