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Por Publicado el: 03/04/2026Categorías: Actual, Noticias y maldades

Chalamet tiene un imitador español: “¡Yo no vuelvo a la ópera!”

Chalamet tiene un inesperado imitador en España

Muy comentadas en las redes, y algún programa de televisión, han resultado las recientes opiniones del alcalde Orense, Gonzalo Pérez Jácome, que después de haber asistido por primera vez a una representación de La Traviata, manifestó que no resulta ninguna herejía poder afirmar que se aborrece la ópera. En su caso, apeló a la libertad de expresión para defenderse de sus adversarios.

Chalamet tiene un imitador español: "¡Yo no vuelvo a la ópera!"

Pérez Jácome no salió muy contento de “La Traviata”

Frente a la obligación de seguir al pie de la letra los preceptos de la impuesta corrección normalizada, a veces, las sociedades, hastiadas ya de tanta homilía, permiten que se cuelen en las instituciones algunos personajes excéntricos incluso como sus más elevados representantes políticos.

En Orense ha ocurrido estos últimos años con el histriónico Gonzalo Pérez Jácome, que de los púlpitos de las televisiones locales saltó a la alcadía de esa bella ciudad con su mensaje directo, elemental y contundente frente a los más tibios, a veces calcados en su esencia, de los dos partidos mayoritarios y los nacionalistas.

Parece que Jácome no debe gobernar peor que lo harían sus rivales (lo siguen eligiendo), y además divierte, o abochorna, al personal con frecuentes salidas de tono que lo convierten casi en un personaje torrentiano: entre Torrente presidente y Jácome alcalde no hay grandes diferencias, los dos dan el juego que se espera de ambos, lo que en la previsible política de hoy ya constituiría por sí mismo toda una novedad.

En estos días, el principal edil de la urbe gallega ha ido a la ópera por primera vez, en Santiago de Compostela. Y Jácome, que posee formación musical (su desahogada economía procede del antiguo negocio familiar, la venta de flautas), se ha marcado un inesperado “Chalamet”.

Después de asistir a una representación de La Traviata, ha expuesto con notable concreción sintética una crítica que parece haber alarmado a los puristas, por ahora en las redes, ya vendrán los artículos campanudos.

El hombre ha sentenciado que “el género” le ha parecido “una mezcla de concierto de música clásica en bucle, misa solemne y cine mudo (letreros con diálogos)”, sic. Al final, se ha valido del gallego más popular para despachar el asunto: “Eu a esto non che volvo” (“Yo a esto no vuelvo”).

Habría mucho que hilar sobre el comentario, que permite, por ejemplo, constatar, en su primera afirmación, la notable intuición de este señor. En una audición temprana de la obra verdiana ha detectado, con fino oído no al alcance de cualquiera, el empleo del “leitmotiv”: esos temas, como el del preludio, que vienen y van (“¡Amami, Alfredo!”). Seguramente se refiera a este asunto particular con lo del “bucle”.

Pero, sobre todo, hay algo sustancial que sus oponentes no han tenido en cuenta. Como en el amor, las primeras experiencias musicales pueden resultar fundamentales, por eso conviene elegir bien si es posible. Algunas representaciones provincianas de los grandes títulos del repertorio, a menudo fiadas a la rutina y otras precariedades, no se suelen ofrecer en las mejores condiciones para apreciar la compleja finura del paño en todo su esplendor.

Y eso es lo que el propio regidor ha pretendido seguramente matizar en el comentario publicado en redes, tras las primeras críticas que recibieron sus impresiones, incluso en el programa de Ana Rosa Quintana. Sostiene Jácome en una red social, tras afirmar que “no es una herejía decir que aborreces la ópera”: “El Palacio de Congresos y Exposiciones de Galicia es un recinto demasiado grande para ser acústicamente seco; no está diseñado para la lírica ni instrumentación de música clásica. ¡Yo es que aluciné el sábado pasado allí!”.

Cuando la ópera se da sin grandes cantantes, ni orquesta importante, director adecuado y una puesta en escena escolar, el resultado suele encarnar todo lo contrario a lo sublime. En la dificultad de aunar todos sus distintos elementos, es el espectáculo que peor suele soportar la íntima exposición de una grandeza fácilmente convertida en miseria, siempre a un simple paso del ridículo más pueril y espantoso, como reflejaron los geniales hermanos Marx.

Jácome debería darse otra oportunidad. Hombre viajado y sensible, que procure volver a La Traviata en condiciones más favorables. A lo mejor mantiene su opinión inicial, pero al menos habrá presenciado algo quizá próximo a lo que Verdi concibió con esta imperecedera obra maestra.

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