Crítica: El Ensemble Correspondances interpreta Lully en el ciclo Universo Barroco del CNDM. Llegar juntos al final
Llegar juntos al final
“Fragmentos de amor”, con números de varias tragédies lyriques de Jean-Baptiste Lully. Caroline Weynants, Eugénie Lefebvre, Caroline Bardot, Blandine De Sansal, Lucile Richardot, Vojtěch Semerád, Étienne Duhil de Bénazé, Jordan Mouaïssia, Étienne Bazola y René Ramos Premier. Ensemble Correspondances. Director musical: Sébastien Daucé. Ciclo “Universo Barroco” del CNDM. 10 de mayo

Sébastien Daucé y su Ensemble Correspondances
Hay una vieja máxima que se escucha habitualmente en los coros en las primeras lecturas de ensayo: “No sé lo que va a pasar en medio pero intentemos llegar juntos al final”. Es poner el foco, con toda la ironía, sobre el lugar más apreciado de una obra, como el sobreagudo final de un aria.
Lo que es mucho más complicado es conseguir ese espíritu durante toda la partitura: empezar, construir y llegar juntos al final de una música que es extraordinariamente compleja en su sentido coral y que se alimenta de la belleza que genera el empaste, el equilibrio y el contraste de tímbricas. El reparto al completo del último concierto del Ciclo Universo Barroco de la temporada del CNDM consiguió la hazaña.
La música de Lully es un lugar intermedio entre la genialidad musical, el espíritu identitario y la propaganda política. En sus tragédies lyriques la sofisticación tiene mucho de cosmopolita, incluyendo un mayor melodismo a la italiana —Lully era florentino—, un sentido del ritmo omnipresente, una cuidada prosodia y la búsqueda de un sentido alegórico siempre vinculado con el poder. Puede resultar extraño que en esta mezcla habite algo parecido a la belleza, pero es justo al contrario: el modelo es tan completo que se mantuvo en marcha varias décadas después de la muerte del compositor, y Gluck, Berlioz o Wagner pescaron buena parte de sus conceptos el el río revuelto de Lully.
Nadie mejor para traducir este mundo tan fuertemente codificado que el Ensemble Correspondances, tal vez el máximo exégeta del Grand Siècle francés en estos últimos años, con algunas grabaciones referenciales.
El conjunto dirigido por Sébastien Daucé organizó el programa bajo el título Fragmentos de amor, una especie de antología de grandes escenas del catálogo lírico de Lully pero organizadas con la misma estructura que sus tragedias, con una elegante dramaturgia interna que sabía subrayar la esencia de la tragédie lyrique. Así, uno se paseaba durante el prólogo y los cinco actos por todas las etapas de la “enfermedad” del amor, desde la indiferencia inicial hasta el éxtasis o la transfiguración última, todo ello bajo la música magnífica de Atys, Armide, Persée o Psyché.
Daucé afrontó el maratón emocional con una dirección flexible en los tempi y repleta de matices tímbricos y dinámicos, huyendo del sonido un tanto pomposo —solemne, si se prefiere— con el que se suele asociar a Lully. La claridad de texturas y la búsqueda de las atmósferas del viento madera ejercieron de cimiento sonoro del resto de la formación, capaz de crear espacios emocionales muy diferentes para cada uno de los actos.
Magnífico el reparto completo, con la incorporación de última hora del bajo René Ramos Premier, y sin necesidad de individualizarse tanto como en la ópera seria italiana gracias a los grandes números de conjunto. “Deh! piangete al pianto mio”, de Psyché, inscrito en el acto del lamento, constituyó el momento más hermoso de la velada. Final de temporada por todo lo alto, con interpretaciones que reivindican un repertorio, por suerte, cada vez más presente en los escenarios madrileños.





















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