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El tenor francés Benjamin Bernheim volvió a finales del pasado mes de abril a Nueva York con un programa junto a la pianista Carrie-Ann Matheson. A través de un repertorio formado por obras de autores como Donizetti, Puccini o Gounod, el intérprete dedicó unos minutos a los compañeros de OperaWire a reflexionar en torno a este formato concertista, mucho más íntimo que los grandes recitales.

Benjamin Bernheim
El tenor francés Benjamin Bernheim volvió el pasado 21 de abril a Nueva York con un reto muy particular: su debut en recital en el emblemático Alice Tully Hall. Tras consolidarse en los grandes teatros de ópera del mundo, el cantante apuesta ahora por un formato más íntimo, en el que —como él mismo afirma— no hay escenografía ni personaje detrás del que ocultarse.
Acompañado por su colaboradora habitual, la pianista Carrie-Ann Matheson, Bernheim mostró ante el público de la Gran Manzana un programa que combina canción y aria, transitando entre autores como Gaetano Donizetti, Giacomo Puccini o Charles Gounod. El objetivo, explica, es ofrecer “todos los colores posibles” de su voz y evitar una experiencia unidimensional.
“Un programa solo de lied perdería la grandeza de la ópera; uno solo de arias dejaría fuera la intimidad de la canción”, señala el tenor, que ya ha presentado este repertorio en ciudades como Washington o Estrasburgo antes de llevarlo a la capital cultural estadounidense.
Más allá del repertorio, Bernheim subraya el carácter especial de actuar en Nueva York: “Es una ciudad con una energía única, el centro de todas las artes escénicas”. No es una afirmación gratuita: su carrera ha pasado por escenarios como la Royal Opera House o el Teatro alla Scala, pero el recital neoyorquino supone un punto de inflexión personal.
Parte esencial de este proyecto es su relación con Matheson, forjada hace más de una década en Zúrich. Desde entonces, la pianista ha sido clave en el desarrollo del tenor, acompañándole en debuts fundamentales como La Bohème o Eugene Onegin. “Con ella puedo permitirme fallar”, reconoce Bernheim, destacando un nivel de confianza poco habitual en el exigente circuito internacional. Esa libertad creativa se traduce en una interpretación más orgánica y arriesgada, especialmente en el formato de recital.
En paralelo, el tenor se prepara para una ambiciosa gira europea con el Réquiem de Giuseppe Verdi, bajo la dirección de Daniele Gatti. Compartirá escenario con artistas de primer nivel como Elīna Garanča, en una obra que define como “una responsabilidad” más allá de lo musical: “Habla de la memoria y de la pérdida”. Pero el futuro inmediato de Bernheim pasa también por ampliar repertorio. En la temporada 2026/27 debutará dos roles clave del repertorio italiano y francés: Cavaradossi en Tosca de Puccini y Don José en Carmen de Bizet. Dos personajes exigentes que marcarán una nueva etapa en su evolución vocal.
En un momento en que la ópera busca nuevas formas de conectar con el público, Bernheim reivindica la sencillez del recital como una experiencia esencial. “Sin vestuario, sin decorado… solo música y voz”, resume. Una propuesta que, lejos de ser menor, exige —en sus propias palabras— “más valentía que nunca”. Porque en ese formato desnudo es donde, verdaderamente, se mide a un artista.




















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