Critica: Haydn noquea a Elgar de la mano de McCreesh en el Palau de València
Haydn noquea a Elgar de la mano de McCreesh
TEMPORADA 2025-2026 del Palau de la Música. Orquestra de València. Programa: Obras de Haydn y Elgar. Director: Paul McCreesh. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.200 espectadores. Fecha: viernes, 8 mayo 2026

Paul McCreesch
Fue un programa desigual, en el que el genio incandescente de Haydn noqueó por goleada las vacuas grandilocuencias de la Segunda sinfonía de Edward Elgar. Contrastar dos obras tan disímiles en todo como la luminosa Sinfonía “Militar” de Haydn y el tostón sin rumbo de la más conocida sinfonía del inglés es hundir en la miseria una obra y un compositor -Elgar- cuyo relieve en las programaciones de medio mundo solo responde al imperio que la mediática cultura anglosajona ejerce aquí, allí y allá.
Ocurrió el “contraste” en el programa ofrecido el jueves en su temporada de abono por la Orquestra de València y su actual principal director invitado, Paul McCreesh (1960). El maestro inglés viene de la interpretación con instrumentos de época, y se catapultó internacionalmente con sus conciertos y grabaciones al frente del Gabrielli Consort & Players, conjunto fundado por él mismo en 1982. Pero trabajar con un orquesta “moderna” como la Orquestra de València, y un enfrentarse a “armatoste” sinfónico como la Segunda de Elgar es harina de otro costal, y precisa planteamientos y recursos bien diferentes.
Este hecho pronuncio aún más el abismo entre Hadyn y Elgar. Frente a una interpretación si no perfecta ni ejemplar, sí cargada de vitalidad, estilo y hasta frescura de la lucida Sinfonía Militar, McCreesh cayó en todos los lugares comunes, ampulosidades y grandilocuencias del fresco sinfónico elgariano, cuyos cuatro movimientos se suceden sin norte ni sur, ni este ni oeste. Vacuidades obsoletas y rancias, sin genio ni implicación, Escritas con pluma que luce oficio y dominio orquestador, sí, pero que carece de imaginación, implicación y expresión más allá de la pompa y circunstancia de un retablo nacido ya caducado desde su estreno, en Londres, con la Sinfónica de Londres y el propio Elgar en el podio, el 24 de mayo de 1911.
Frente a este Elgar rutinariamente reanimado, embadurnado de todos los tópicos habidos y por haber, tan plúmbeo como cuando fue programado por la misma orquesta y Yaron Traub en noviembre de 2017, la música de Haydn, fresca y diamantina, cargada de humor, ironía y parodia, ensimismada en su naturaleza clasicista, se torna el mejor bálsamo. Un instante de la Sinfonía Militar vale más que las interminables elucubraciones elgarianas. Genio contra rutina. Imaginación frente a oficio.
Bajo el poco sugestivo gobierno de McCreesh, la Orquestra de València firmó una correcta y poco más lectura de Elgar, en la que apenas destacaron algunas intervenciones solistas. Pero donde, maestro y orquesta se crecieron fue en la Militar de Hadyn, en la que al maestro inglés se le sintió en su salsa, impregnado de la fiesta de los sentidos a la que invita el pentagrama.
También la Orquestra de València, tan crecida en los últimos años en el ámbito siempre de riesgo del clasicismo. Calidad instrumental -incluida una cuerda cada día más sedosa y empastada-, chispa, entrega, drama y brillantez fueron cualidades que ennoblecieron este Haydn balsámico. Estupendas las trompetas y cum laude para la “percusión turca” en el estupendamente dicho y expresado Allegretto. ¡Fue lo mejor de esta tarde en la que la modernidad del mejor clasicismo se impuso por goleada sobre los muy posteriores pero pretéritos aires victorianos! Justo Romero
Publicado en el diario Levante el 9 de mayo de 2026





















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