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Por Publicado el: 25/04/2026Categorías: En vivo

Liebreich y la Filharmònica de la Universitat de València. Un discreto concierto

ORQUESTA FILHARMÒNICA DE LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA. Director: Alexander Liebreich. Solista: Sofia Fomina (soprano). Programa: Obras de Strauss (Cuatro últimos Lieder) y Mahler (Primera sinfonía). Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 600 personas. Fecha: Jueves, 23 abril 2016.

Liebreich y la Filharmònica de la Universitat de València. Un discreto concierto

Orquesta de la Universidad y Alexander Liebreich en el Palau de la Música. ORQUESTA FILHARMÒNICA DE LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA. Liebreich

Saludos

Se mire por donde se mire, fue un discreto concierto. El único caramelo interesante de la tarde era la presencia de la reconocida soprano Chen Reiss como solista de los Cuatro Últimos Lieder de Strauss. Su cancelación (por enfermedad, pero previsible, dado cómo estaba el patio) originó que en su lugar interviniera una cantante equivocada y tan absolutamente inadecuada para este repertorio como la rusa Sofia Fomina, voz ligera, sin graves ni anchura, algo que ya se pudo comprobar en el mismo escenario, cuando en diciembre de 2016 cantó la Cuarta de Mahler junto con su paisano Vladímir Yúrovski y la Filarmónica de Londres.
Si entonces la soprano rusa ya mostró un registro grave pobre y opaco, ¡imagínense ahora!, ante unas canciones que requieren carnosidad, volumen y anchura, precisamente sus puntos flacos. De cantar -como ha hecho ella- el Oscar de Un ballo in maschera a los Cuatro últimos Lieder de Strauss hay una abismo que nadie en su sano juicio puede saltar. Ni siquiera el gobierno en el podio de un straussiano tan solvente como Alexander Liebreich pudo hacer el imposible de que la Fomina cantara con la densidad, fuelle, peso y fondo que piden partitura, estilo y alma.
Error muy grave de la diva sustituta, desde luego, pero sobre todo de quien haya tenido la ocurrencia peregrina de proponerle algo que es tan disparatado como invitar a La Paquera de Jerez a cantar Brunilda. Cosas veredes, amigo Sancho… Estos mismos días, Ángeles Blancas, convincente intérprete del milagro straussiano, andaba por el Palau de la Música ensayando la inédita Medea de Sánchez Verdú… ¿Es posible que nadie pensara en ella, tan cerca, para reemplazar a la Reiss?
Así las cosas, huelga decir que los Cuatro últimos Lieder, en la voz errada de Sofia Fomina, no fueron ni sombra de lo que son. Tampoco por una orquesta como la Filharmònica de la Universitat de València, joven, entusiasta y entregada, pero lejos técnica y artísticamente de poder asumir un reto como el que tenía ante sí. El trabajo de ensayos de Liebreich, acaso insuficiente, no logró que los disciplinados y dispuestos músicos que tenía bajo su gobierno alcanzaran la excelencia instrumental y sustancia expresiva que requieren unas canciones escritas cerca del final, como despedida de la vida, curtidas por heridas, evocaciones, nostalgias y anhelos de lo que nunca fue ni será.
Distinto fue el problema en la joven y resplandeciente Primera sinfonía de Mahler, tan en las antípodas vitales de las postreras canciones straussianas. Aquí, asomaron con mayor evidencia las carencias instrumentales ante una obra preñada de enjundia sinfónica, que exige un virtuosismo instrumental y sinfónico que desborda a todas luces las posibilidades de una orquesta bisoña, aún sin el hábito de la profesión.
Solo con una preparación concienzuda, con un cuidado trabajo seccional, y una voluntad pedagógica puede una formación estudiantil salir indemne del reto de afrontar este programa excesivo y plagado de exigencias, que es un hueso incluso para avezadas formaciones profesionales. A tenor de lo escuchado, faltó el imprescindible y académico programa de ensayos seccionales y de conjunto para poder llevar a puerto aceptable el transatlántico (Strauss y Mahler, ¡nada menos!) en el que se embarcaron.
Un reto excesivo, aunque salvado, en cualquier caso y dentro de sus posibilidades, por la entrega, vitalidad y talento creciente de los jóvenes profesores, en aliada connivencia con la maestría veterana de Alexander Liebreich, Faltó, claro, calidad y claridad en las texturas orquestales; también fuste solista en las frecuentes intervenciones individuales. El contrabajista cantó el famoso solo que abre el tercer movimiento de la sinfonía de Mahler con la misma medida corrección que la concertino había cantado antes, en la primera parte, sus solos en el prodigio “Beim Schlafengehen” (tercero de los Cuatro últimos Lieder). Curiosamente, en la tierra de la bandas y los vientos, lucieron más entonados los instrumentistas de cuerda que los de viento. Timbales y percusión mantuvieron el tipo.
El concierto, que tenía carácter benéfico, “para la Asociación de Hogares Compartidos”, apenas alcanzó media entrada. Público de ocasión, con mucha chavalería, que aplaudió con entusiasmo inoportuno e impertinente tras cada Lied y movimiento. Desde luego, el ambiente no era el más indicado para sumergirse en algo tan introspectivo e íntimo como el eterno canto del cisne straussiano. Chen Reiss se libró del trago. ¡Salud y a recuperarse! (o lo que toque…). Justo Romero

Publicado en Diario Levante

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