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Por Publicado el: 25/04/2026Categorías: En vivo

Monumental Messiaen en Ibermúsica con la sinfonía Turangalila

Sinfonia Turangalila, Messiaen, Ibermusica

Momento

Monumental Messiaen en Ibermúsica con la sinfonía Turangalila

Obra: “Sinfonía Turangalila” de Messiaen. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. P. L. Aimard, piano. T. Bloch, ondas Martenot. J. Nott, director. Ibermúsica. 23/IV/2026. Madrid

Pese a sus muchos atractivos para el oyente, la “Sinfonía Turangalila” de Olivier Messiaen se programa muy poco y asistir a su interpretación en vivo es siempre un acontecimiento. Ibermúsica la ha ofrecido en Madrid con mucho éxito. Es una obra muy difícil de tocar y más aún de interpretar: hay que levantar bloques orquestales rotundos e implacables como los escalones de una pirámide mexicana y, sin rebajar nada la enormidad, construir con esos bloques una canción de amor. Es una tarea heroica, cercana a lo imposible, que Jonathan Nott y la OBC abordaron con talento y capacidad. La pulsión de volver enorme lo íntimo es la que anima este Messiaen temprano y, andando el tiempo, su gran obra maestra de madurez: la ópera “San Francisco”. Nott convirtió esta antinomia de raíz mística en hora y media de música maravillosa. De su versión recordaremos la energía rítmica, la generosidad en las explosiones y en los recuerdos que Messiaen lanza al “Tristán” y la contención en dos componentes importantes a los que otros maestros suelen dar más protagonismo: el imponente pregón de los trombones y el silbido de las ondas Martenot. Para la parte de piano, que es fundamental, Nott contó con el impagable concurso de Pierre-Laurent Aimard, como parte de su residencia en el CNDM. En las cadencias, Aimard evocó nítidamente el espíritu de Messiaen.
La monumentalidad cercana que la Orquesta de Barcelona consiguió transmitir tiene muchísimo valor. ¿Se puede ir más lejos en el ajuste seco de los ritmos y en la claridad de los planos? Quizá, con una inversión en tiempo de ensayo que las orquestas de hoy rara vez se pueden permitir. En todo caso, salimos del Auditorio Nacional con el recuerdo en el oído del dúo dulce de los clarinetes y del brillo metálico de la percusión de láminas y con la sensación de haber asistido a un momento clave del año musical. Álvaro Guibert

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