Crítica: ‘Aida’ cierra la temporada 2025/26 del Teatro de la Maestranza. El Egipto distópico y discrónico de Azorín
El Egipto distópico y discrónico de Azorín
Aida, de Giuseppe Verdi con libreto de Antonio Ghislanzoni. Intérpretes: Marigona Qerkezi, Aljandro Roy, Ketevan Kemoklidze, Ernesto Petti, Manuel Fuentes, Insung Sim, Néstor Galván, Patricia Calvache. Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección de escena, escenografía e iluminación: Francisco Azorín. Dirección musical: Daniele Callegari. Nueva Producción del Teatro de la Maestranza. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Sábado, 20 de junio. Aforo: Lleno.

Imagen de la producción de Paco Azorín
Francisco Azorín, como otros escenógrafos actuales, quiere distanciarse de las clásicas producciones de Aida a base de cartón piedra, desfiles, blackface y hasta elefantes, para encontrar otra manera de mirar el argumento que, en el fondo nos narra un drama sentimental íntimo. Pero, claro, es difícil, si no imposible, renunciar a ciertos referentes del Egipto antiguo que se mencionan en el libreto.
Hay jeroglíficos, relieves y arenas del desierto, pero descontextualizado e inserto en una narrativa nueva. Narrativa que nos lleva en un viaje de miles de años desde un futuro en el que se han cumplido las profecías del Libro de los Muertos para, de la mano del personaje de Odiseo (el espectacular funambulista David Marco), llevarnos en un viaje por el tiempo. La idea funciona bien y, salvo en detalles (como el omnipresente Odiseo que emborrona las escenas más íntimas), explica bien su concepto de esta ópera.
Es un Egipto fuera del tiempo y del espacio, con muchos neones y vestuario sin concreción cronológica, con algunas escenas como la marcha triunfal en las que chirría lo que pasa en el escenario (torturas a los prisioneros) con lo que se narra en el texto.
Donde no hubo tacha alguna fue en el terreno puramente musical. Callegari es un auténtico especialista verdiano y lleva su pulso y su espíritu dentro de él. Pocas veces se han escuchado las cuerdas de la ROSS con la transparencia y el sonido tan delicado como en el preludio. Optó por tempos vivos, dinámicos, con riqueza de acentos a un ritmo bien marcado, acompañando siempre con mimo a las voces.

Imagen de la producción
Qerkezi nos ofreció una Aida delicada, capaz de regular su amplia voz en matices interminables, abriendo y cerrando el sonido con gran carga emocional y expresiva. Con estas armas cantó un delicadísimo “O patria mia” con pianissimi escalofriantes, como lo fueron los de la escena final con Amonasro. Roy fue, como siempre, un tenor de sonido poderoso y espectacular, especialmente brillante en los momentos más agitados, pero falto de matices en el fraseo en los más líricos, cantándolo todo en forte.
Espectacular la Amneris de Kemoklidze, de voz profunda y fraseo sensual a la vez que dramático, dándole entidad humana al personaje. Supo sortear con habilidad los pasajes más graves de su partitura sin engolar demasiado ni perder el apoyo. Algo rudo en el fraseo el Amonasro de Ernesto Petti, una voz poderosa con un atractivo tinte oscuro.
Estupendos los dos bajos, Fuentes como el Rey (auténtico bajo cantante) y Sim como Ramfis. Y brillantes Calvache como sacerdotisa fuera de escena pero cuya voz se escuchó a la perfección y Galván (interesante voz tenoril) como el mensajero. Coro impecable y espectacular, en un auténtico estado de gracia de la mano de Íñigo Sampil.























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