Giancarlo del Monaco, ochenta y tres años y una nueva vida en San Petersburgo
Giancarlo del Monaco, ochenta y tres años y una nueva vida en San Petersburgo
Hay tenores que se jubilan a los cincuenta y hay hijos de tenores que, pasados los ochenta, siguen montando óperas en países que medio Occidente ha decidido no mirar. Giancarlo Del Monaco pertenece a la segunda especie. Lo conocí hace años y recuerdo que ya entonces hablaba de Rusia como otros hablan de su pueblo natal, con la familiaridad de quien no necesita justificar nada.

Giancarlo del Monaco con el premio ruso la Golden Mask, una especie de oscar ruso de la cultura
Ahora vive allí todo el año. No de paso, no por contrato puntual, sino instalado, con casa, esposa e hijo y un calendario que incluye el Bolshói, el Mariinski y la inauguración con “Aida” de los nuevos teatros de Shangay y Vladivostok, el más moderno del mundo después del de Sídney. Por esa “Aida” recibió el premio Golden Mask, una especie de oscar ruso de la cultura. «Mientras en Europa los teatros cierran, aquí se siguen inaugurando», observa, y cuesta no darle la razón cuando se piensa en cuántas salas españolas sobreviven a base de subvención y paciencia.
«Seguimos llevándonos muy bien y estamos felices», dice de su mujer, la soprano croata Lana Kos, con quien se casó tras quince años de relación y un aplazamiento doble, guerra y pandemia mediante. Ella no ha cumplido los cuarenta; él acaba de cumplir los ochenta y tres. La diferencia, según cuenta, no le pesa: «Me siento como un hombre de cincuenta». Yo, que ya empiezo a notar el peso de los sesenta en las escaleras del Real, le creo a medias y le envidio sin medida.
El reconocimiento oficial llegó en 2024, cuando Putin le otorgó el pasaporte ruso, aunque conseva también el italiano. En San Petersburgo ha dirigido “Aida” y “Guillermo Tell”. Valeri Gergiev lo quiso para el Festival de las Noches Blancas, y Del Monaco no oculta la comparación: «Los teatros italianos trabajan muy poco; Rusia continúa haciéndolo». Los tres Mariinski de San Peterburgo ofrecen más de 600 espectáculos al año.

Giancarlo y Lana saliendo de su boda
Hijo primogénito de Mario Del Monaco, uno de los tenores que definieron el siglo pasado, Giancarlo ha convertido la memoria paterna en otro capítulo de esta etapa rusa. Su padre cantó en Rusia en 1959, siendo muy admirado y recibió la orden de Lenin.
Sobre el contexto, Del Monaco no se anda con eufemismos: «Europa parece haber olvidado que se extiende con Rusia hasta Alaska», recuerda, citando las reservas de gas y petróleo que el continente sigue necesitando. Es un argumento que puede no compartirse del todo, pero que entiendo desde la lógica de quien, a sus años, prefiere construir teatros a explicar fronteras.

Mario del Monaco con Giancarlo
Al final, sin embargo, la conversación vuelve siempre a lo doméstico. Habla de sus hijas, tres viviendo en España y otra en Florencia, con una ternura que desmiente cualquier sospecha de vanidad senil. «Me siento muy afortunado», cierra, y uno le cree, porque la felicidad de los ochenta años no se finge con la misma facilidad que en un escenario.
Y uno no puede dejar de preguntarse por qué en España hace tiempo que no se le encarga una producción. Quizá algunos me dirán que su carácter autoritario es demasiado acusado al dirigir, pero ¿acaso hay muchos con auténtico talento que no tengan un carácter fuerte a la hora de hacer valer sus ideas?

























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