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Por Publicado el: 28/07/2026Categorías: En vivo

Círitica: Tinieblas despejadas. Estreno mundial de ‘Él. De las tinieblas a la luz’ de Laura Vega, en el Festival LittleOpera Zamora

TINIEBLAS DESPEJADAS

Laura Vega: Él. De las tinieblas a la luz. Cristina Faus, Manuel Gómez Ruiz, Teresa del Olmo. Ensemble Sinfónica de Rivas Alma Mahler. Piano: Miguel Huertas-Camacho. Director musical: Martín Jorge. Directora de escena: Rita Cosentino. Teatro Ramos Carrión, Zamora. 25 de julio de 2026. Festival LittleOpera.

TINIEBLAS DESPEJADASLaura Vega: Él. De las tinieblas a la luz. Cristina Faus, Manuel Gómez Ruiz, Teresa del Olmo. Ensemble Sinfónica de Rivas Alma Mahler. Piano: Miguel Huertas-Camacho. Director musical: Martín Jorge. Directora de escena: Rita Cosentino. Teatro Ramos Carrión, Zamora. 25 de julio de 2026. Festival LittleOpera.

La compositora Laura Vega

Como es costumbre, en la que es ya su undécima edición, este festival zamorano, que ha ideado y organiza esforzada y fructuosamente Conchi Moyano, ha presentado una nueva ópera fruto de la pluma de la canaria Laura Vega, que se estrena de este modo en el género. Y lo ha hecho cogiendo el toro por los cuernos abordando un tema nada fácil nacido hace prácticamente un siglo de la inspiración de la escritora canaria Mercedes Pinto (Santa Cruz de Tenerife, 1889-Ciudad de México, 1976), autora de la novela en la que se inspiraría en 1953 Luis Buñuel para su película Él.

En su día se la definió como obra de terror psicológico. Narra la peripecia de un soltero recalcitrante, Francisco Galván, de buena posición social y virgen. Un Jueves Santo, durante la ceremonia del lavatorio de los pies, su mirada se detiene en los pies de Gloria. A partir de ese momento la buscará y enamorará, a pesar de que ella resulta ser novia de su amigo, el ingeniero Raúl. El amor que parece nacido de la locura no parará nunca. Tema espinoso y que en la ópera se centra fundamentalmente en la peripecia matrimonial.

Estamos, nos dicen la compositora y la libretista y directora de escena Rita Cosentino, ante “un relato construido entre el pasado y el futuro, que entrelaza la novela autobiográfica con la obra poética y testimonial de Mercedes Pinto. Textos que viajan a nuestro presente cargados de una rabiosa y estremecedora actualidad”. La soltura narrativa de Cosentino se ha aliado con la fluidez compositiva de Vega, autora muy personal que sigue su inspiración alejada de toda corriente. Maneja, escribía en su día Eva Sandoval, “una lenguaje orgánico y directo asentado en una sólida base compositiva capaz de romper barreras y emocionar a un público amplio”.

Vega emplea un lenguaje ecléctico de muy buen cuño que parte del cruce de líneas, de un permanente desarrollo temático conectado con un contrapunto de rara y provechosa delineación. Hay complejidad en la construcción, pero se obvia gracias a la fluidez del discurso y al sabio trabado temático. Todo está concatenado, enlazado, muy bien construido, de tal manera que los variados elementos empleados, los contrastes, los periodos más dramáticos componen un todo indesglosable.

Pasajeros temas populares, aires de danza, rasgos melódicos muy atractivos van sucediéndose subrayando y dando vida a la dramática acción, que describe minuciosamente las breves y sustanciosas escenas a lo largo de un discurso de rara penetración en el que brilla también el juego de los timbres del pequeño conjunto instrumental, con notable presencia del piano y del chelo solista.

Las líneas vocales están muy bien trazadas y se escuchan a veces como fogonazos de un dramatismo exasperante. Frases restallantes, breves sinuosidades líricas. Y el magistral y expresivo contraste de la música cantada con las frases habladas, subrayadas por un continuo instrumental que realza las palabras habladas del personaje desdoblado de la protagonista, pronunciadas con aire señorial y verdadero por la veterana actriz Teresa del Olmo, de timbre oscuro.

Contraste con la voz de la joven protagonista, la mezzo lírica Cristina Faus, que hizo un detallado y minucioso trabajo, metiéndose de lleno en la circunstancia dramática. Como lo hizo el tenor lírico-ligero (más esto que aquello), Manuel Gómez Ruiz, que cantó con verdad y radical expresión. Se habría pedido, no obstante, una mayor anchura vocal y una mejor y más amplia proyección en la zona aguda.

Escueta y sucinta dirección escénica de Cosentino a partir de muy pocos elementos. Todo sucede en el estrecho ámbito de una habitación (dos paneles en ángulo) que sirve también de pantalla para distintas proyecciones alusivas. El sustrato musical, el juego permanente que anima la acción estuvo en las manos del estupendo grupo Alma Mahler dirigido en este caso, de manera flexible pero autoritaria, a partir de un gesto amplio y omnicomprensivo, sin batuta, cosa lógica, por el maestro uruguayo Martín Jorge, que entiende la partitura partiendo de un acercamiento en profundidad, atento a los menores detalles.

Todo contribuyó, pues, al éxito y a que todos salieran a saludar repetidas veces. No es mala idea, no, esta que ha preconizado siempre LillleOpera, un festival original en este y otros aspectos. La producción será llevada a Canarias de la mano de la Fundación Cajacanarias, y al Teatro Solís de Montevideo. Y habrá que dar las gracias a Humberto Orán, que fue uno de los promotores y quien metíó en la cabeza de Laura Vega el gusanillo operístico.

Arturo Reverter

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