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Por Publicado el: 26/07/2026Categorías: En vivo

Crítica: Josep Pons y su Octava de Mahler: catorce años en el Liceo sellados con un acorde en mi bemol

Crítica: Pons y su Octava: catorce años en el Liceo sellados con Mahler y un acorde en mi bemol

Gustav Mahler: Sinfonía nº 8 “de los Mil”. Jacquelyn Wagner, Elisabeth Teige, Elena Villalón, Beth Taylor, Mihoko Fujimura, Michael Spyres, Nicholas Brownlee, Albert Dohmen. Coro del Liceo, Coro Nacional de España, Cor Vivaldi, Polifònica de Puig-reig. Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo. Josep Pons, director. Gran Teatro del Liceo, 24 de julio de 2026.

Josep Pons , Mahler, Liceo , despedida

Alemany entrega medalla a Pons @TONI BOFILL

Hay despedidas que se resuelven con un gesto discreto y despedidas que necesitan trescientas personas sobre el escenario para decir lo que hay que decir. Josep Pons eligió la segunda opción, y quien conozca su trayectoria sabe que no podía ser de otra manera. Catorce años después de llegar a un Liceo revuelto, con la orquesta mermada por los recortes y un tercio de sus plazas sin cubrir, el director catalán se despide con la partitura más desmesurada del repertorio sinfónico: la Octava de Mahler, la que exige coro doble, coro infantil, ocho solistas vocales y una orquesta hipertrofiada hasta rozar lo inabarcable.
No es la primera vez que Josep Pons se enfrenta a este monumento. En 2012 ya la dirigió al cierre de su etapa en la Orquesta Nacional de España, con un registro que quedó grabado para la posteridad discográfica. Curiosamente, uno de los solistas de aquella ocasión, el bajo-barítono Albert Dohmen, volvía a estar presente en el escenario del Liceo, cerrando un círculo que el propio Pons parece haber trazado con toda intención. En el libreto de aquella grabación había dejado escrito que el acorde final en mi bemol mayor no solo cerraba la sinfonía sino muchas otras cosas. Catorce años después, la frase vuelve a ser exacta.

El aforo, agotado, recibió antes de la música unas palabras de Salvador Alemany, presidente de la Fundación del Liceo, y la proyección de un vídeo que resumía el legado del director: una orquesta que ha ganado condiciones, autonomía y, sobre todo, un nivel de exigencia que hoy nadie discute. El público que llenaba la sala incluía al ministro de Cultura, al escritor Eduardo Mendoza, a compositores como Benet Casablancas y a buena parte de la cúpula musical catalana. No era un concierto cualquiera y todos lo sabían.

Sobre la partitura en sí conviene recordar que Mahler la escribió en apenas dos meses de trabajo febril, un estallido de fe compositiva poco habitual en un músico que solía dudar y revisar durante años. La dirigió él mismo en su estreno de 1910, meses antes de morir, en una Europa que ya presentía la catástrofe. Esa tensión entre la exaltación luminosa que recorre toda la obra y la sombra biográfica que la enmarca es parte de su misterio: no hay en ella espacio para el pesimismo que atraviesa tantas otras páginas mahlerianas, y sin embargo se escribió al final de una vida que se apagaba.

Pons entendió esa doble naturaleza y construyó una lectura que privilegió la claridad sobre el efecto. El Veni Creator Spiritus que abre la obra sonó con la solidez necesaria sin caer en la pompa gratuita, y la primera parte alcanzó su punto culminante con una luminosidad tonal bien calibrada. La segunda parte, la ambientación de la escena final del Fausto de Goethe, es terreno más resbaladizo, y ahí Pons demostró su oficio: supo dibujar los perfiles rapsódicos, encontrar el clima de recogimiento del Adagio y dar el relieve necesario al motivo del Accende lumen sensibus, ese instante en que Mahler concentra buena parte del sentido espiritual de la obra.

Josep Pons Liceo Mahler cierre

Saludos @Toni Bofill

La acústica del Liceo, hay que decirlo con franqueza, no está pensada para semejante despliegue. Con trescientos intérpretes disputándose un espacio que no fue diseñado para ellos, algunos matices de la masa coral y ciertos detalles de la orquestación quedaron diluidos. El Auditori, con su caja acústica más generosa, sigue siendo hoy en Barcelona la única sala capaz de acoger esta partitura sin que el espacio compita con la música. Aun así, momentos como la intervención de la Mater Gloriosa -una Elena Villalón espléndida desde el palco del proscenio- o las intervenciones del órgano de Juan de la Rubia lograron sobreponerse a esas limitaciones.

El octeto solista respondió con generosidad casi unánime. Mihoko Fujimura aportó aplomo y color a su Maria Aegiptiaca, Beth Taylor brilló como Mulier Samaritana, Jacquelyn Wagner regaló una Una Poenitentium de radiante entrega. Elisabeth Teige resolvió con oficio algún tropiezo inicial de emisión. Entre los hombres, Nicholas Brownlee ofreció contundencia, aunque con idioma alemán mejorable, mientras Michael Spyres, algo limitado en la heroicidad que Mahler reclama para el Doctor Marianus, ofreció momentos de fina musicalidad. Dohmen, el veterano del grupo, aportó esa clase reconocible de quien lleva media vida frecuentando este repertorio.
El Chorus mysticus final llegó con la fuerza necesaria para desatar once minutos de ovación. Aplausos, sí, para los solistas, los coros y la orquesta desplegada. Pero, sobre todo, aplausos para un director que llegó a un teatro en crisis y se marcha dejando una orquesta que hoy responde con nombre propio. Josep Pons se va con el trabajo bien hecho desde su contrato firmado en 2010, pero con la incorporación dos años más tarde. Cubrir 30 plazas vacantes de la orquesta liceísta, sólo ha sido una parte de su enorme y fructífero trabajo, remodelando toda la filosofía de la agrupación. El Liceo le nombra Director Musical Honorario a partir de la próxima temporada. Pocas despedidas han estado tan bien pensadas, ni tan merecidas.

¡Suerte en su nueva etapa con la titularidad de la Deutsche Radio Philharmonie y suerte también al nuevo titular del Liceo, Jonathan Nott, que inicia su etapa liceísta recibiendo un gran legado! H.P.

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