Crítica: Inteligente puesta al día. ‘I tre gobbi’ de Manuel García, en el Festival LittleOpera Zamora
INTELIGENTE PUESTA AL DÍA
Manuel García: I tre gobbi. Cristina Toledo, David Alegret, Javier Povedano, Juan Laborería, Andoni Larrabeiti. Dirección de escena: José Luis Arellano. Dirección musical: José Miguel Román. Producción de la Fundación Juan March y el Teatro de la Zarzuela. Festival LittleOpera Zamora, 26 de julio de 2026.

Imagen de la producción de I tre gobbi, de Manuel García, en la Fundación Juan March
En septiembre de 2021, con la pandemia todavía sobre nuestras cabezas, se estrenó en la Fundación March de Madrid la obrita “de salón” de 1831 I tre gobbi (Los tres jorobados) de Manuel García, compañera de partituras similares como Le cinesi e Il filtro, asimismo representadas en ese centro cultural en colaboración con el Teatro de la Zarzuela. Ejemplos muy aprovechados de canto depurado, de vis cómica, en una línea proveniente de Mozart, Cimarosa o Rossini.
En esta composición, repuesta ahora en el Festival LittleOpera de Zamora, el compositor, cantante, maestro y tratadista sevillano hacía uso evidente de sus amplios conocimientos del arte del canto: estaba al tanto, como testigo e intérprete de excepción, de todas las técnicas y usos que derivaban de una curiosa fusión del estilo español, el de los tonadilleros y actores –él mismo lo era-, con el aplicado a la ópera cómica francesa y a la ópera seria, semiseria o bufa italiana, en la que primaba generalmente un depurado belcantismo. Después de todo, García había llegado a conocer, en 1811, a Giovanni Ansani, un viejo tenor, antiguo discípulo de Porpora.
En la escritura del sevillano siempre admiramos la limpieza de trazo, la claridad de la exposición, la finura del dibujo, la voluta de la línea vocal y la elegancia de la melodía. Sus construcciones, dúos tercetos y distintos conjuntos, incluida en este caso una fuguetta final (Io per me son contentone), nos informan de las bondades de su trabajo sobre un libreto al uso en el que, como es habitual, las situaciones tienden a ser estáticas y a veces la música no consigue agilizarlas, por mucho que la vocalidad brille a alturas indudables.
Se suceden los enredos, malentendidos y confusiones que pondrán en ridículo a los tres pretendientes. La ágil pluma de García nos desvela de manera bastante cruda y siempre sarcástica las miserias y descaro de los cuatro personajes. La acción proviene del intermezzo La favola de I tre gobbi de Carlo Goldoni puesta en música en 1749 por Vincenzo Ciampi.
Nos lo volvimos a pasar muy bien, ahora en Zamora, con esta producción dirigida en lo escénico por José Luis Arellano, que ha realizado un muy limpio vuelco de la acción sobre un funcional y geométrico decorado paralelepipédico de restallantes líneas rojas y ha resaltado sabiamente el fondo de las relaciones entre lo masculino y lo femenino. “Juego de espejos, de engaños, de ocultación de lo que pensamos para conseguir un objetico material”. Todo quedó dispuesto para que pudiéramos disfrutar de las idas y venidas de los tres jorobados en su pretensión de unirse a la bella y casquivana Madama Vezzosa.
Actuaron y cantaron con gracia y buenos resultados generales la soprano lírico-ligera Cristina Toledo, de timbre penetrante, de acusado vibrato stretto, que se movió y expresó con mucha soltura, con aseada coloratura y con frecuentes excursiones a la zona sobreaguda. Javier Povedano, barítono de buen y restallante metal, de amplio registro y de dicción bien asentada, de técnica bien ahormada y segura, fue el Marqués Parpagnacco. David Alegret, resuelto tenor ligero, claro y ágil, fue el conde Bellavita. Muy gracioso su dúo Corpo di Baco con el anterior.
Se estrenaba en el papel de Barón Macaco el joven barítono donostiarra Juan Laborería, musical, refinado de acentos, de timbre muy lírico de metal algo apagado, pero buen fraseador y de inteligente vis cómica, que, como los demás, siguió las pautas directoriales desde el piano de ese buen músico que es José Miguel Román. Elegante y de armónicos movimientos el actor y bailarín Andoni Larrabeiti como silencioso y concupiscente sirviente. Sugerente y práctica escenografía de Pablo Menor y fantasioso vestuario de Ikerne Giménez.




















Últimos comentarios