Juanjo Mena: “No me interesan las especulaciones”
Entrevista con Juanjo Mena, publicada en octubre de 2002, con motivo de la polémica generada entonces por una carta de Frühbeck de Burgos en la que le incluía en una terna como titular de la Orquesta Nacional de España.
Juanjo Mena: “No me interesan las especulaciones”
Juanjo Mena (Vitoria, 1965) es una de las batutas más ascendentes y prometedoras del panorama español. Heredero de Sergiu Celibidache y alumno de Carmelo Bernaola, actual director titular de la Sinfónica de Bilbao, su nombre figura, junto con los de Josep Pons y Pedro Halffter, en la polémica terna de directores que Rafael Frühbeck de Burgos propuso el pasado mes de marzo al Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) para seleccionar al próximo titular de la Orquesta Nacional de España. Mena dirigirá esta formación las dos próximas semanas con sendos programas integrados por obras de Julio Gómez, Haydn, Dvořák, Liszt y Prokófiev. Mena rechaza de plano la idea de “estar a prueba”, y asegura: “Cuando voy a dirigir una orquesta lo único que me preocupa es hacer música lo más fielmente posible”.

Juanjo Mena
* ¿Cómo ha sido hasta ahora su relación con la Orquesta Nacional?
– Es una relación que tiene ya cuatro años, desde que fui invitado a dirigir unos conciertos didácticos, y se potenció el año pasado, con el programa que hice en temporada. Tanto la orquesta como yo pudimos disfrutar de buenos y, en algunos casos, especiales momentos musicales. Supongo que del buen resultado artístico de ese encuentro surgió la doble invitación para dirigir en la actual temporada.
* El pasado marzo, el actual director emérito de la Nacional, Rafael Frühbeck de Burgos, remitió una muy polémica carta al Director General del INAEM, Andrés Amorós, en la que le recomendaba tres jóvenes directores para asumir la titularidad: Pedro Halffter, Josep Pons y usted. ¿Tiene conocimiento de esa carta? ¿Qué opinión le merece?
– El debate que se ha abierto en torno a la titularidad de la Nacional, en el que me he visto involucrado por terceras personas, es totalmente ajeno a mí. Creo que deben de ser las distintas partes vinculadas a la orquesta las que tienen que hablar al respecto. Guardo enorme respeto por mis compañeros de profesión, tanto por el maestro Frühbeck de Burgos como por Josep Pons y Pedro Halffter. En este sentido, he de decir que estoy inmerso en un supuesto proceso selectivo de manera absolutamente involuntaria e inesperada.
* En aquella carta, Frühbeck decía que había decidido invitar en esta temporada a Pedro Halffter, a Pons y a usted un par de semanas a dirigir la Nacional al objeto de “darles un contacto mayor con la orquesta” y verificar cómo “funcionan” con ella y así poder dilucidar quién podría ser nominado como titular… ¿No se siente en estos dos conciertos que ahora va a dirigir como de prueba?
– No, rotundamente no. Probablemente, nunca aceptaría ir a ningún sitio “para probar”. No tengo ninguna necesidad material, ni intelectual, ni psicológica de conseguir nada. Soy un trabajador, todo lo que he conseguido ha sido porque el tren ha pasado por mi estación, y lo he cogido siempre sin importarme la velocidad. Me agrada, me halaga que me hayan invitado dos semanas, que sencillamente atribuyo al hecho de que gustó el trabajo que hice la pasada temporada. Lo demás, son elucubraciones mentales que no me interesan. Cuando voy a dirigir una orquesta, como ahora la Nacional, lo único que me preocupa es hacer música lo más fielmente posible.
* ¿Puede describir los dos programas que hace? ¿Los ha planteado usted o se los ha sugerido la orquesta?
– Los hemos diseñado conjuntamente. Había un condicionante importante, que suelo introducir en mis conciertos: tenía que haber algo de música española posterior a Manuel de Falla. Por eso, en el primer programa hago la Suite en La, de Julio Gómez, quien fue maestro de mi maestro Carmelo Bernaola. En el segundo, y por petición de la propia orquesta, que quería algo clásico, he introducido la Cuarta de Beethoven, que es una sinfonía bellísima y no tan programada como las otras.
* Uno de los aspectos más llamativos de su carrera son los comprometidos y arriesgados programas que aborda, entre los que suelen figurar obras del repertorio más exigente y clásico ¿No teme la comparación con las versiones de los grandes maestros?
– Más que temor, yo diría respeto enorme. Si se observan bien mis programas, se puede comprobar que la mayoría de ellos vienen condicionados por las peticiones y las características de las orquestas con las que colaboro. También hay siempre una búsqueda de lo que uno cree que es mejor, dentro de una progresión. Me siento mucho más cómodo dentro de una sinfonía de Bruckner, con su polifonía, balance, equilibrio y estructura, que pienso que está bastante más relacionada con mi personalidad, que, por ejemplo, en las sinfonías de Mahler, a las que estoy accediendo de un modo más paulatino y reposado.

Imagen del director vasco dirigiendo
* Algo tendrá que ver en está cercanía a Bruckner y relativa “distancia” con Mahler su vinculación con Sergiu Celibidache, con quien trabajó en Múnich. ¿Hasta qué punto le ha influido?
– Celibidache ha impregnado mi manera de ser, de pensar y de dirigir. Junto con mi maestro Carmelo Bernaola, ha sido la persona fundamental en mi carrera y en toda mi proyección humana y artística. Sin embargo, y si me permite, antes de hablar de Celibidache desearía decir que fue Bernaola, con quien trabajé desde muy joven, el que me dio todo. Fue él quien me encauzó en un camino correcto, primero con García Asensio y posteriormente con su gran amigo Celibidache.
Las conversaciones cuando Celibidache venía a Madrid, eran para mí un auténtico lujo. Las cenas con Alfonso Aijón, Bernaola y Celibidache eran verdaderas lecciones magistrales. Celibidache me enseñó el respeto por la música, el rigor ante lo que está escrito y la búsqueda de cuanto hay detrás de la partitura.
* Con frecuencia se dice que la personalidad arrolladora de Celibidache llegaba a anular a sus discípulos y a todo lo que tuviera alrededor. ¿No teme quedar anulado por el ejemplo del maestro?
– He procurado siempre mantener mi personalidad, ahondar en el conocimiento que hay dentro de uno. Bernaola, con su magisterio socrático, me enseñó está búsqueda del yo, y también me previno del riesgo que usted apunta en su pregunta. Todos sabemos que había mucha gente que adoraba a Celibidache, y que se sentía totalmente influida por él, hasta el punto de perder su propia identidad. Y esto, tu propia personalidad, es lo más importante que uno tiene. Por ello, has de enriquecerla desde todos los aspectos, pero nunca intentado imitar lo que hace otro. Celibidache hubo uno y no habrá más.
* ¿“Ha matado al padre”?
– Pero mi “padre”, en los términos de su pregunta, no fue Celibidache, sino Carmelo. Él me enseñó, me llevó, me condujo con una maestría digna solo de una gran persona, como él era. En cuanto a Celibidache, creo que con su muerte ha desaparecido una de las personalidades fundamentales de la dirección musical y orquestal. Después de trabajar con él, he de decir que tras su partida he sentido una profunda orfandad. Luego, he intentado trabajar con más gente, buscar otras referencias, pero ya no son tan completas.
* Usted es uno de los directores españoles de carrera más firme y prometedora. Es titular de la Sinfónica de Bilbao y ya ha trabajado con bastantes orquestas españolas. ¿Cómo ve el panorama sinfónico nacional?
– Creo que en los últimos diez años se ha producido una mejora enorme. Este país ha experimentado un cambio muy importante en el respeto por la interpretación musical, fruto de un trabajo previo de organización y educación tanto del público como de los instrumentistas. Todo esto se ha complementado con la creación de unas buenas infraestructuras, un apoyo constante a la música, que ha provocado que las orquestas hayan tenido que ponerse al nivel que demandaban los diferentes estamentos de la sociedad. Estamos en un buen momento de subida, no considero que hayamos llegado todavía muy muy lejos, pero sí que hemos dado un giro de 180 grados a la situación que teníamos hace quince o veinte años.
* Los músicos que han trabajado con usted dicen que es duro y exigente ¿Está de acuerdo?
– Si “duro” significa trabajar, sí, me gusta trabajar. Exigente… ¡pues también! Porque creo que precisamente mi posición, como persona que invita a buscar en la música algo más que una función estable o pasiva, empeñada en activar una acción creativa, en ese sentido sí puede catalogárseme como “exigente”. Pero, bueno, pienso, o al menos así me dicen, que mi mano izquierda y mi trato con los músicos son respetuosos al máximo y extremadamente correctos. Lo único que no permito es que no haya rigor en el tratamiento de la música.

Juanjo Mena al frente de la OCNE en la temporada 2023/24
* Desde 1999 usted es titular de la Sinfónica de Bilbao, una orquesta en auge con la que desarrolla una programación de grandes miras, pero de la que, sin embargo, durante algún tiempo se habló de la posibilidad de reunificarla con la Orquesta Sinfónica de Euskadi ¿Cómo está ahora ese proyecto?
– En Bilbao desarrollo una labor de “director a la antigua”, casi treinta o treinta y cinco semanas al año. Conozco las vidas de los músicos, tenemos un lenguaje de entendimiento mutuo que me motiva a todos los niveles. Hacemos un trabajo duro, de intenso compromiso, que permita sentar las bases de una gran orquesta.
En cuanto a su pregunta, el proyecto de fusión de las orquestas vascas, es una idea muy vieja, de algún “elucubrado” mental que pensó que la música y que las orquestas eran números de empresas. Realmente se ha demostrado en estos cuatro o cinco últimos años que el País Vasco necesita y demanda una gran actividad musical para la que ni siquiera las orquestas actuales dan abasto. En este sentido, se ha visto claramente que cada una de las orquestas tiene su propia razón de ser.
* Si le propusieran hacer “el programa ideal para un concierto” ¿qué obras incluiría en él?
– No creo que exista el programa “ideal”. Depende del estado, del momento en el que me pueda encontrar. Sin duda soy un fanático de Bruckner. Es algo que tengo metido muy dentro de mí, aunque cada vez capto más cosas de todo lo que te puede dar el repertorio musical. Pero, para mí, ¡una Séptima de Bruckner…!
* ¿Su sueño de director?
– Acercarme cada día más a lo que el Maestro llamaba “Música”






















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