Crítica: Euskadiko Orkestra y el Orfeón Donostiarra interpretan la Segunda de Mahler, “de lagrimón”
“DE LAGRIMÓN”
Auditorio Kursaal. 29-IX-2027. Segunda sinfonía de Gustav Mahler, Resurrección. Euskadiko Orkestra. Jone Martinez, soprano. Nadezhda Karyazina, mezzosoprano. Orfeón Donostiarra, director Txomin Maidagan. Lucas Macías, director / maestro concertador.

El Kursaal acogió el concierto de Euskadiko Orkestra junto al Orfeón Donostiarra
Foto: Juantxo Egaña
Fue como una conflagración plena de los sentimientos, en los que el alma se encoje, resplandece, se subyuga y termina con la culminación de una alegría inmensa. Ante esta genialidad musical, que rompe con todas las barreras precedentes y abre las vías a una nueva forma de componer música, siempre he pensado en la intensidad emotiva que Mahler pudo tener para componer semejante apocalipsis sonora.
La vida de este compositor austrobohemio que transitó desde la primigenia espiritualidad del judaísmo para recalar en el catolicismo romano, desde la Torá hasta los Evangelios, queda bien reflejada en la ‘Resurrección’ ‘de su segunda sinfonía, como el tránsito de la vida terrenal, con el final polvoriento del cuerpo humano, para, de seguido, alcanzar el gozo pleno en el Más Allá.
El concierto vivido -más que escuchado- que aquí se valora adquiere cotas de grandiosa excelencia, gracias a la sabiduría expositiva de la batuta del onubense Lucas Macías quien a sus 48 años ya se ha consolidado como un director de referencia internacional. Se calzó los botos camperos que se hacen en su natal Valverde del Camino y construyó una concertación siempre elegante con una andadura perfecta en matices, de regulaciones sonoras, con el arsis y la tesis impecables en las precisiones del compás.
La moscovita mezzosoprano Nadezhda Karyazina, de voz muy agradable, cumplió bien con el difícil cometido que el pentagrama le impone en el Cuarto Movimiento Ulicht (Luz Prístina) apianando la fonación. La textura vocal de la soprano vizcaína Jone Martínez es amplia, generosa en anchura, bien bruñida y mejor proyectada como lo demostró cantando, entre trompas, arpas y violines, su breve y emotiva participación en el impactante quinto movimiento Im Tempo des Scherzos.

Imagen del concierto
Foto: Juantxo Egaña
Sin duda alguna esta sinfonía mahleriana es uno de los pilares que, a través de los años, ha consolidado la grandeza del Orfeón Donostiarra. Durante la ocasión que en estas líneas se valora quedó constatada la misma. Aún recuerdo escuchándola bajo la dirección de mítico Claudio Abbado. La interpretación que realizó, con la preparación que llevó a cabo el joven director de Arrasate-Mondragón, Txomin Maidagan Ruiz, (22 añitos tiene la criatura) amén de barítono que cantó también desde el coro, como uno más, fue el inició de que los ojos de quienes tenía a derecha (mujer francesa) e izquierda (sacerdote donostiarra) empezaran a aguarse, al igual que también me sucedió. La emoción oyendo cantar “¡Resucitarás, sí resucitarás!” fue plena.
Sobresaliente indiscutible es la calificación que merece la Euskadiko Orkestra en todas sus secciones desde el rotundo carácter fúnebre del Allegro maestoso – Totenfeier del primer movimiento, con unos contrabajos y violonchelos de lujo impactante, pasando por la nostalgia de la alegría de antaño que mana desde las dos arpas y il flauto piccolo del segundo Andante moderato, para legar al tutti final del orquesta, coro y órgano en el quinto movimiento, creando una intensidad sonora de pletórica potencia emotiva del Finale, mientras te inunda el clímax del Orfeón cantando “¡Moriré para vivir!” “Resucitarás, sí te levantarás”. “Lo que ha latido, le llevará a Dios”.
Lo dicho ¡de lagrimón!
“Si uno escucha el tipo de música equivocado, se convertirá en el tipo de persona equivocada”. Aristóteles.


















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