CNDM y OCNE, quince años de convivencia en Príncipe de Vergara
CNDM y OCNE, quince años de convivencia en Príncipe de Vergara

Antonio Moral
El 21 de octubre de 1988 se inauguró en la calle Príncipe de Vergara el Auditorio Nacional de Música, obra de José María García de Paredes, levantado dentro del Plan Nacional de Auditorios y concebido como casa de la Orquesta y Coro Nacionales de España. La OCNE tuvo por fin un hogar a su medida, con una Sala Sinfónica que pronto se ganó fama acústica en media Europa.
El resto del edificio, sin embargo, vivía de alquileres. Promotores privados, orquestas visitantes y ciclos de temporada ocupaban fechas, mientras repertorios enteros, del barroco a la creación actual, pasando por el jazz o el flamenco, apenas encontraban sitio. La casa tenía un inquilino principal y muchas visitas. Le faltaba una segunda voz propia. La encontró a primeros de 2011, y han pasado quince años.
Una orden ministerial del 20 de enero de 2011, publicada en el BOE cuatro días después, creó el Centro Nacional de Difusión Musical. No nacía de la nada. Absorbía al veterano Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, que llevaba desde los ochenta defendiendo a los compositores vivos con más fe que público, asumía la programación propia del Auditorio y heredaba el ciclo de músicas históricas de León.
Depende del INAEM, organismo autónomo del Ministerio de Cultura, y tiene su sede administrativa en el propio Auditorio, bajo el mismo techo que la OCNE. Uno de sus directores llegó a decir que, antes del CNDM, el Auditorio era un contenedor sin dirección artística. La frase, comprensible en boca de quien defiende lo suyo, no debió de sentar demasiado bien a los profesores de la Nacional, que llevaban veintitantos años dándole contenido cada fin de semana. Digamos, con más justicia, que el CNDM vino a completar lo que la OCNE no tenía por qué cubrir.

Francisco Lorenzo en la presentación de la temporada 2025/26 del CNDM
Su primer director fue Antonio Moral, a quien el Ministerio encargó el proyecto en octubre de 2010, recién salido de la dirección artística del Teatro Real, donde le relevó Gerard Mortier. Quien haya conocido el Real por dentro, y yo lo conocí durante diecisiete años desde su Patronato, sabe que salir de aquella casa con ganas de fundar otra tiene su mérito.
Moral, fundador de Scherzo, traía en la cartera el Liceo de Cámara y el Ciclo de Lied, que incorporó al centro en 2014. Renunció en 2018, tras ocho temporadas. El 1 de octubre de ese año le sucedió Francisco Lorenzo, llegado en 2012 como adjunto y coordinador artístico, que tuvo la inteligencia, rara en nuestra gestión pública, de no derribar lo que funcionaba. Otros ocho años. La simetría es casi musical.
¿Qué hace el CNDM? Dar al Auditorio una programación pública, diversa y a precio razonable, en aquello que la OCNE no programa. Recuperar el patrimonio musical español y encargar obra nueva a los compositores de hoy. Y llevar mucho de ello fuera de Madrid y de España.
Sus ciclos forman ya parte del paisaje: Universo Barroco, Liceo de Cámara XXI, Andalucía Flamenca, Jazz en el Auditorio, Fronteras, Bach Vermut, el Lied en la Zarzuela y las Series 20/21 en el Reina Sofía, además de una coproducción estable con la JONDE. La temporada en curso suma 258 actividades, 53 estrenos absolutos, veinte por encargo, diecinueve recuperaciones en tiempos modernos y presencia en 32 ciudades, más Bogotá y Potsdam. La descentralización tiene sus días de examen: hace un par de años, en León, solo se habían vendido 45 entradas para Accademia del Piacere mientras el teatro clásico colgaba el cartel de no hay localidades.
Si hubiera que elegir el gran éxito de estos quince años, no habría que buscar una noche, sino un ciclo: Universo Barroco. Antes de él, el barroco en Madrid era cosa de iniciados. Hoy llena las dos salas, reúne más público joven que el propio jazz y en él se agotan antes los conciertos de los grupos españoles que los de los extranjeros.
En un país tan dado a admirar lo de fuera, esto merecería una placa en el vestíbulo. Aquí se contó en su día alguna de esas tardes, como la de la Orquesta Barroca de Sevilla con Enrico Onofri y el papel vendido días antes. El Bach Vermut, por su parte, rompió todas las previsiones con una idea tan sencilla como civilizada: Bach a mediodía y el aperitivo después.
No todo ha sido armonía. En 2024 el INAEM prescindió de Moral al frente del Ciclo de Lied, que seguía programando tras salir del centro, al parecer por un problema de compatibilidades. El padre de la criatura, apartado por una cuestión de papeles. La Administración sabe crear instituciones; lo que le cuesta es dar las gracias a quienes las levantan.

Joan Cerveró, nuevo director del CNDM
@Alfredo J. Llorens
Desde el pasado 2 de octubre el CNDM tiene nuevo director. Joan Cerveró, nacido en Manises en 1961, fue elegido entre 33 candidaturas con el respaldo unánime del Consejo Artístico de la Música. Compositor, director, catedrático del Conservatorio Superior de Valencia y titular del Grup Instrumental de València desde 1994, con el que obtuvo el Premio Nacional en 2005. Ha dirigido diecinueve ediciones de ENSEMS y fue gerente de la Orquesta Sinfónica de Valencia casi dos décadas.
Entre 2011 y 2013 dirigió las Series 20/21 del propio centro, de modo que vuelve a una casa que vio nacer. Hereda una temporada diseñada por su predecesor, de modo que su verdadera firma no la leeremos hasta la próxima. Su proyecto habla de equilibrio entre la música histórica y la actual y tiene un lema: “Toda la música, odas las personas”. Es exactamente lo que el CNDM ha hecho bien durante quince años. Que no lo olvide nadie, empezando por el Ministerio.
Treinta y ocho años después de su inauguración, el Auditorio tiene dos voces que se reparten las salas sin pisarse. Que siga así. Las buenas convivencias, como los buenos dúos, solo se notan cuando se rompen.























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