Critica: Oropesa y Lupinacci protagonistas de “I Capuleti e I Montecchi”, la tragedia de las familias veronesas en el Liceo
Oropesa y Lupinacci protagonistas de la tragedia de las familias veronesas en el Liceo
Bellini: I Capuleti e I Montecchi. Lisette Oropesa, Raffaella Lupinacci, Iván Ayón-Rivas, Marko Mimica, Alejandro López. Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo. Dirección musical: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Allex Aguilera. 30-X-2026.
Como comentaba la propia soprano Lisette Oropesa en las redes sociales el mismo día del estreno, la situación durante los últimos días había sido realmente complicada y especialmente compleja para la producción del Liceu. Ya que durante uno de los ensayos había sufrido un accidente a unos de los trabajadores que acompañaban la producción procedente de la Opéra Royal de Wallonie-Liège, persona que todavía sigue grave en el hospital el día del estreno. A ello le sumaba el ambiente de tragedia provocado por el fatídico accidente ferroviario de Urda, con 69 muertos, que ha afectado a todo el país, además de que ella misma acababa de salir de un episodio de Covid.
Enfrentarse a todo ello como protagonista de una gran ópera belcantista como I Capulete et i Montecchi de Bellini, que recrea las rivalidades de las dos familias veronesas con el final trágico de los dos enamorados no deja de ser todo un reto. Por ello hay que descubrirse ante la profesionalidad de la soprano estadounidense dada la complejidad del papel, con arias y dúos de gran dificultad técnica que deben ofrecerse con toda la expresividad, proyección y exquisitez que requiere la partitura. Ya en la primera escena de Giulietta se pudo descubrir la excelencia canora de Oropesa, con un “Oh! Quante volte” de gran impacto por su capacidad técnica y contrastada expresividad y sobresaliente emisión con la que nos tiene acostumbrados. Su interpretación de la joven enamorada que es obligada a casarse con su primo, en vez de con el joven Romeo de la familia rival, ofreció una lectura más melancólica y doliente de lo habitual destacando muy especialmente el dúo entre ambos jóvenes de gran conjunción y vitalidad, demostrando la gran química existente entre las dos intérpretes. Una velada en la que Oropesa fue mostrando algo de sequedad y cierta falta de harmónicos a medida que avanzaba la obra, fruto de la reciente enfermedad y sus paliativos médicos, pero que pudo finalizar con notable entereza y excelencia a pesar de todo.
Merece la pena destacar el interesante instrumento de la joven mezzosoprano italiana Raffaella Lupinacci, voz de bello timbre oscuro, muy homogénea y capaz de proyectar la voz también con gran suficiencia pero siempre con una emisión perfectamente melódica. Lupinacci sorprendió como un excelente Romeo, bien caracterizado, con tintes heroicos que estuvo muy inspirada tanto en su aparición en escena con “Se Romeo t’uccise un figlio”, en los dúos con Giulietta y también con Tebaldo y en la trágica escena final de los dos amantes moribundos en el panteón de los Capuleti.
La dirección musical de Riccardo Frizza estuvo muy atenta al carácter belcantista de una obra que ya había dirigido en el Liceu hace una década, acompañando con gran eficacia a los cantantes solistas, destacando la riqueza melódica de las grandes escenas de los personajes protagonistas y enfatizando la conjunción sonora de la orquesta y con las aportaciones de un notable coro masculino del Liceu. Cabe señalar la exquisita labor de diversos solistas de la Sinfónica del Liceu, con especial mención del arpista, dentro de la rica partitura melódica belliniana, frente a una formación musical que estuvo a gran altura.
Del resto del reparto merece una mención especial el tenor peruano Iván Ayón Rivas quien desde la cavatina inicial “È serbata a questo acciaro” mostró una de sus mejores actuaciones en el Liceu, con un instrumento bien timbrado, elegante y con el temperamento requerido para un personaje, que en esta ocasión, fruto de la dirección de escena trató de aparecer algo más retorcido de lo habitual y que Ayón cinceló con esmero. Muy adecuado y musical también en su dúo con Romeo. El bajo-barítono italiano Marko Mimica ofreció un Lorenzo de impactante volumen y destacada autoridad, en un personaje que en ocasiones pareciera haber requerido algo más de mesura y conjunción melódica, mientras que el Capellio del bajo mexicano Antonio López no estuvo a la altura del resto del reparto a pesar de su adecuada presencia escénica como el autoritario padre de Giulietta.
Lamentablemente el Gran Teatre del Liceu no pudo ofrecer la propuesta escénica de Adrian Noble del Teatro de la Scala prevista y hubo de apostar por esta con dirección de escena del brasileño afincado en España Allex Aguilera estrenada en la Ópera de Lieja. Una propuesta clásica, invariable en las diversas escenas, que dejó a los protagonistas algo encajonados y faltos de movimientos a pesar de una cierta elegancia, que mejoró en algunas de las escenas que contaron con el realce de diversas proyecciones y una iluminación más destacada, especialmente en la escena final. Propuesta que contaba con una franja de agua de vistosa presencia en la parte delantera de la escena, que lamentablemente no se veía desde la platea. A ello hay que sumar un vestuario de Françoise Raybaud de época bastante elegante pero no demasiado contrastado entre las dos facciones, que tuvo en el vestido de novia Giulietta y del rojo y blanco de Romeo sus mejores bazas. Una velada que fue despedida con calurosos aplausos para el trío protagonista, dirección musical, orquesta y coro y cuyo equipo escénico fue recompensado con unos breves aplausos de cortesía. Fernando Sans Rivière























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