Critica: La Orquesta de València se pone rusa y luce oro bajo la dirección de Timur Zanguiev
La Orquestra de València se pone rusa y luce oro bajo la dirección de Timur Zanguiev
TEMPORA DE ABONO DEL PALAU DE LA MÚSICA. Orquestra de València. Programa: Obras de Músorgski (Una noche en el monte pelado), Prokófiev (Tercer concierto para piano y orquesta), y Stravinski (El pájaro de fuego). Solista: Andréi Gugnin (piano). Director: Timur Zanguiev. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.700 espectadores (prácticamente lleno). Fecha: sábado, 31 octubre 2026.

Timur Zanguiev
Fue un concierto especial. Quizá de los mejores escuchados a la Orquestra de València en los últimos meses. Una actuación que, además, destilaba Rusia por los cuatro costados. Tanto el director, como el solista y el programa en su totalidad eran paisanos de Dostoyevski y Mravinski, de Guilels o Richter. El director moscovita Timur Zanguiev (1994), asentado como una de las más reveladoras batutas de la nueva dirección de orquesta, y que ya demostró su categoría en València el pasado enero, cuando triunfó con Yevgueni Onieguin en el foso del Palau de Les Arts, ha sacado oro de la Orquestra de València con un programa que aglutinaba páginas de Músorgski-Rimski Kórsakov, Prokófiev y Stravinski. Como solista del Tercer concierto para piano de Prokófiev, el también moscovita Andréi Gugnin (1987).
Zanguiev ha transfigurado a la OV en esta actuación de perfiles pulidos y sonoridades rotundas y redondas. Nunca estridentes, jamás blandas. Todas las secciones y la orquesta en pleno dieron lo mejor de sí en una actuación en la que asomaba el meticuloso trabajo desarrollado por el maestro ruso en los ensayos. En pocas ocasiones resulta tan equivocado ese lugar común de que “la batuta no suena”. Desde los primeros y contundentes compases de Una noche en el monte pelado de Músorgski (en la versión retocadísima de Rimski-Kórsakov), con unos metales poderosos, certeros y bien empastados, al brillante y brillantemente dicho “Himno final” de El pájaro de fuego de Stravinski, la batuta del maestro “sonó” con certera claridad en interpretaciones que destilaron excelencia, criterio y ese fulgor y alma rusa que tanto faltaron un día antes en el mismo escenario, en la poco idiomática versión de la Sinfonía Manfredo de Chaikovski tocada por la Filarmónica de Londres dirigida por Edward Gadner.
Maestro y orquesta, Zanguiev y los profesores valencianos en pleno se lucieron tanto en el no extenso pero sustantivo poema sinfónico de Músorgski como en la calibrada versión a flor de piel de El pájaro de fuego, de la que se escuchó la suite revisada de 1945. Sentido narrativo, fantasía, nervio e imaginación otorgaron empaque a tan acabadas interpretaciones. Habría que destacar todos los atriles, desde la tuba de David Llácer (no solo en la “Danza infernal”) al arpa sensitiva y siempre precisa de Luisa Domingo. En medio, brillaron, igualmente, los solistas de clarinete, oboe, trompa, fagot (“Canción de cuna”) y la flauta de Salvador Martínez. Trompetas, trombones, percusión -timbales incluidos- y unas cuerdas que, lideradas por la concertino Anabel del Castillo, dieron lo mejor de sí y aún más. A la vista de tan formidables resultados y a tenor de lo escuchado, acaso convendría tantear a Timur Zanguiev como próximo principal director invitado. Al menos.
Entre el poema de Músorgski y la suite stravinsquiana, el feliz Tercer concierto para piano de Prokófiev se sintió como tierra entre dos mares. Con sus aires neoclásicos y pianismo novedoso, tan enmarcado en el tronco común de la música rusa. Andréi Gugnin fue solista resuelto y convincente, de pianismo nítido, seguro y decididamente prokofieviano, aunque sin el arrojo último y músculo de otros artífices referenciales de esta obra, como Argerich, Guiles, Bronfman o Kissin. Atentamente acompañado por la OV y Zanguiev, cosechó merecido éxito, que redondeó con el regalo del fulgurante movimiento final de la Séptima sonata de Prokófiev. Fue la guinda de esta tarde para los anales en la que la Orquestra de València se travistió de rusa y se escuchó quizá más guapa que nunca. Justo Romero
Publicado en el diario Levante el 01 de noviembre de 2026.























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