El adiós de Josep Pons: catorce años en el Liceo que culminan con la Sinfonía de los Mil de Mahler
El adiós de Josep Pons: catorce años que culminan con la Sinfonía de los Mil
El próximo viernes, Josep Pons subirá al podio del Liceu para dirigir la Octava Sinfonía de Mahler y con ella cerrará un capítulo de catorce años al frente de la dirección musical del coliseo barcelonés. No es casualidad que haya elegido esta partitura para el cierre. Pocas obras del repertorio sinfónico-coral tienen la ambición desmesurada de esta sinfonía, apodada “de los Mil” por el aparato descomunal que requiere: doble coro, coro infantil, ocho solistas vocales y una orquesta ampliada hasta límites que solo unas pocas salas del mundo pueden acoger con dignidad.

Josep Pons dirige
Pons no llega a esta partitura de nuevas. Ya la dirigió en 2012 al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España, experiencia que quedó fijada en un registro discográfico para Deutsche Grammophon. Volver a ella ahora, en la despedida, tiene algo de gesto circular: quien empezó a explorarla hace más de una década elige regresar a ese mismo territorio para cerrar el ciclo, esta vez al frente de la formación que ha moldeado durante casi tres lustros.
El concierto pone punto final al proyecto Univers Mahler, la travesía integral por las sinfonías del compositor austríaco que Pons ha ido desgranando temporada tras temporada. El recorrido llegó a su penúltima estación el pasado 31 de marzo con la Novena, una interpretación que la crítica calificó de honda e intensa, y que preparó el terreno emocional para este cierre. Completar la integral mahleriana en un teatro de ópera —territorio no siempre hospitalario para el gran sinfonismo— es en sí mismo un logro que pocos titulares de fosos líricos pueden reivindicar.
El elenco convocado para la ocasión da fe de la escala del proyecto: las sopranos Jacquelyn Wagner y Elisabeth Teige, la mezzosoprano Beth Taylor, la contralto Mihoko Fujimura, los tenores Elena Villalón y Michael Spyres, y los barítonos y bajos Nicholas Brownlee y Albert Dohmen conforman el octeto solista. A ellos se suman el propio Coro del Liceu, el Coro Nacional de España, el Coro Vivaldi de Pequeños Cantores de Cataluña y la Polifónica de Puig-reig. Un despliegue coral que solo se justifica ante una obra que, en palabras del propio Mahler, aspiraba a dar voz al universo entero.
El balance de estos catorce años trasciende con mucho lo puramente musical. Quienes han seguido de cerca el trabajo de Pons en el foso hablan de una transformación del propio concepto de dirección: de laboratorio de sensibilidades ha calificado alguien la tarea realizada, huyendo deliberadamente de la grandiosidad fácil en favor de una estética que prefiere revelar antes que deslumbrar. No es una contradicción porque la magnitud, bien gobernada, también puede iluminar en lugar de aturdir.
El propio Pons, según ha declarado en estos días previos a la despedida, se define más cómodo viviendo dentro de la música que habitando el mundo que la rodea. Esa discreción, poco frecuente entre directores de su relevancia, ha sido quizá uno de los rasgos que más ha marcado su etapa liceísta: la construcción paciente de una orquesta antes que la persecución del gesto mediático.
Llega este final apenas dos semanas después de que Pons se despidiera también del foso operístico con Falstaff, la última ópera de Verdi, en una producción que la crítica ha valorado como uno de los momentos altos de la temporada. Dos despedidas en quince días, ambas con obras de artistas octogenarios que decidieron, al final de sus carreras, resumir toda una vida de oficio en una última declaración artística. La coincidencia no puede ser accidental del todo.
A partir de la próxima temporada, Pons pasará a ostentar el título de Director Musical Honorario del Gran Teatre del Liceu, fórmula que le vincula a la institución sin las servidumbres del cargo ejecutivo. El viernes, cuando resuene el acorde final de la Sinfonía de los Mil, se cerrará formalmente una etapa que ha devuelto a la orquesta del Liceu a un lugar de referencia en el panorama sinfónico español. Pocas despedidas están mejor elegidas. Gonzalo Alonso























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