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Por Publicado el: 15/09/2017Categorías: En vivo

Alberto Zedda en el recuerdo

Alberto Zedda en el recuerdo

Il Viaggio a reims (G. Rossini). Teatro del Liceu de Barcelona. 13 Septiembre 2017.

Inaugura el Liceu su temporada con esta ópera de Rossini, que no se veía en este teatro desde el año 2003 y que fue en aquella ocasión la primera vez que se pudo ver en Barcelona. El resultado de la representación no ha sido muy brillante, habiendo contado con una producción escénica simple y bien conocida, una más bien deficiente dirección musical y un reparto vocal un tanto irregular con algunas voces poco adecuadas para los personajes.

Escena

La producción de Emilio Sagi es muy simple y se vuelve a demostrar que para dar vida a una obra no hace falta recurrir a producciones faraónicas, sino a buenas dosis de imaginación y a un buen trabajo de actores. El espectáculo escénico es una coproducción del Festival de Pésaro y el Teatro Real. Se estrenó en la ciudad italiana en el año 2001 y desde entonces se ha repuesto todos los años como vehículo para presentar a jóvenes cantantes de la Academia Rossiniana, que ha contado tantos años con la dirección del inolvidable Alberto Zedda.

La escenografía consiste en una pasarela elevada por encima del escenario del teatro, en el que se nos ofrece un telón pintado y una sucesión de tumbonas playeras en el primer acto y simplemente sillas de jardín y unas bombillas de fiesta en el segundo. La trama se desarrolla en un balneario, en el que se encuentran los distintos personajes, todos ellos tomando sus curas térmicas, con todos los clientes luciendo albornoces blancos, ellas con un tocado en forma de toalla, mientras que los empleados lucen los típicos atuendos de médicos y asistentes sanitarios de hospitales. En el segundo acto, las señoras lucen vestidos negros de fiesta con divertidísimos sombreros, mientras que los hombres se visten de traje. Hay que destacar que el vestuario, pese a su simplicidad, resulta muy atractivo, obra de Pepa Ojanguren, siendo el nuevo responsable de la iluminación Eduardo Bravo, sustituyendo a Guido Levi, que fue iluminador de la producción en sus orígenes. Pero por encima de todo destaca el gran partido que Emilio Sagi saca a tan reducido espacio escénico y la destacada dirección de actores, consiguiendo que la acción no pierda interés ni vivacidad en ningún momento.

Escena

Cuando estaba en el teatro escuchando la música de Rossini que salía del foso, no podía sino recordar al desaparecido Alberto Zedda, de cuya dirección en esta ópera tuve la fortuna de disfrutar en repetidas ocasiones, especialmente la primera de todas ellas, que tuvo lugar en La Coruña en el año 2002. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero yo añado que también son inevitables en el mundo de la ópera. En el foso del Liceu hemos tenido al italiano Giacomo Sagripanti y su lectura me ha resultado decepcionante. Rossini necesita una ligereza y una alegría especiales por parte del director musical y estos aspectos han estado prácticamente ausentes en la representación que nos ocupa. En más de una ocasión, lo que salía del foso no me recordaba a Rossini. Comprendo que es muy difícil dirigir una ópera del Cisne de Pésaro y de ahí mi especial admiración y recuerdo para Alberto Zedda. La Orquesta del Liceu tampoco voló por encima de la pura rutina.

En cuanto al reparto vocal, comenzaré refiriéndome a las principales protagonistas femeninas, es decir la Poetisa Corinna, la Marquesa Melibea, la Condesa de Folleville y Madama Cortese.

Corinna fue interpretada por la soprano moldava Irina Lungu, que fue posiblemente la mejor de todo el reparto. La voz es atractiva y está bien manejada, cantando con brillantez su aria de entrada con el acompañamiento del arpa y también el aria final. Una buena actuación.

La mezzo-soprano navarra Maite Beaumont dio vida a la Marquesa Melibea y lo hizo de manera correcta, brillando especialmente en el dúo del segundo acto con el Conde Liebenskof. Tengo algunos reparos respecto de su adecuación vocal al personaje, ya que Maite Beaumont me resulta un tanto ligera para este personaje, que en ocasiones está más cerca del registro de contralto.

Escena

La soprano navarra Sabina Puértolas fue una Condesa de Folleville sin excesivo interés. Tenía dudas iniciales sobre su adecuación al personaje y su actuación me las ha confirmado en alguna medida. La voz de Sabina Puértolas se estrecha notablemente en las notas más altas, lo que le priva de brillantez en su actuación.

La soprano aragonesa Ruth Iniesta fue una convincente Madama Cortese, ofreciendo una voz atractiva y bien timbrada, cantando con gusto su aria de entrada.

Dos son los tenores en esta ópera y de ellos lo mejor vino de la parte del Conte Liebenskof, interpretado brillantemente por el americano Lawrence Brownlee, posiblemente la mejor interpretación que he visto de este personaje desde el inolvidable Rockwell Blake. Más modesto y menos brillante el Cavallier Belfiore de Taylor Stayton.

El incombustible Carlos Chausson fue un intachable Barón Trombonok tanto vocal como escénicamente. Sin duda es uno de los grandes bajos bufos de los últimos años, como lo ha demostrado tantas veces. Aunque cueste creerlo, era su debut en el personaje.

El bajo italiano Roberto Tagliavini pasó sin pena ni gloria por la parte de Lord Sidney. Esperaba más de él.

Pietro Spagnoli fue Don Profondo y su voz me resultó poco adecuada al personaje. De hecho él ha sido siempre un barítono lírico y lo sigue siendo y Don Profondo requiere un bajo-barítono. Tiene tablas y resultó divertido en su aria del primer acto.

Escena

Manel Esteve fue un sonoro Don Álvaro, con una voz adecuada, aunque cargara un tanto las tintas en ocasiones.

Los personajes secundarios fueron bien cubiertos en general. Alessio Cacciamani fue un Don Prudenzio de voz un tanto engolada y con problemas de proyección. Marzia Marzo (Maddalena), Tamara Gura (Modestina) y Paula Sánchez-Valverde (Delia) lo hicieron bien. También resultaron adecuados Beñat Egiarte (Zefirino y Gelsomino), Carles Pachón (Antonio) y Jorge Franco (Don Luigino).

El Liceu ofrecía notables huecos, con una entrada de alrededor del 75 % de su aforo. El público se mostró calido con los artistas en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones para Irina Lungu y Lawrence Brownlee.

La representación comenzó puntualmente, siendo dedicada a la memoria de las víctimas del atentado terrorista del pasado 17 de Agosto. La duración del espectáculo fue de 2 horas y 55 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 21 minuto. Seis minutos de aplausos.

La localidad más cara costaba 270 euros, habiendo butacas de platea desde 140 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 50 euros. José M. Irurzun

Fotos: A. Bofill

 

Il Viaggio a Reims  (G. Rossini). Liceu de Barcelona.14 Septiembre 2017.

Se trata del segundo reparto, aunque en realidad ha sido una mezcla de los dos repartos. El Liceu ha programado un segundo reparto con cantantes jóvenes, aunque en algunas representaciones los mezla, como ha ocurrido en esta representación. El resultado ha estado en línea con el del día anterior, aunque el aspecto vocal queda por debajo, si bien ha habido dos muy prometedores cantantes entre los nuevos.

Nada nuevo diré de la producción de Emilio Sagi. En cuanto a la dirección musical de Giacomo Sagripanti, el resultado ha podido ser algo mejor que el día anterior, aunque tampoco la diferencia sea muy notable.

Escena

Repetían actuación, aparte de los comprimarios, tres de los cantantes del día del estreno. Sus actuaciones han estado perfectamente en línea con las de la víspera. Me refiero a Maite Beaumont como Marquesa Melibea, Ruth Iniesta como Madama Cortese y Manel Esteve como Don Álvaro, que volvió a mostrar su voz poderosa y bien timbrada.

La nueva Corinna fue la soprano guatemalteca Adriana González, que me produjo una muy favorable impresión. Se trata de una soprano lírico-ligera de voz atractiva y que canta de manera destacada, ofreciendo piani de gran calidad y afinación. Se desenvuelve con suficiente soltura en escena. No es aventurado decir que va a hacer carrera.

Impresión también positiva respecto de la soprano sevillana Leonor Bonilla como la nueva Condesa de Folleville. La voz tiene calidad, aunque no es muy amplia, se desenvuelve bien en escena, canta con gusto y no tiene problemas por arriba, aunque las notas se adelgazan bastante.

El otro triunfador de la noche ha sido el tenor sudafricano Levy Sekgapane en la parte del Conde Liebenskof. La carrera de este tenor está ya lanzada y no tiene nada de sorprendente, ya que se tata de un excelente cantante, un tenor ligero de voz atractiva y sin ningún tipo de problemas en las notas más altas. A ello hay que unir que se mueve bien en escena y que tiene una destacada línea de canto. Hemos de oír hablar mucho de él.

Escena

Más modesto el tenor Juan de Dios Mateos como Belfiore. La voz resulta adecuada y está bien manejada, aunque queda en la sombra ante la actuación de su colega sudafricano.

El nuevo Lord Sidney era el bajo-barítono de Karzajistán Baurzhan Anderzhanov. La voz está bien en el centro, pero blanquea por arriba y resulta muy corta por abajo.

El castellonense Pedro Quiralte fue Don Profondo, nuevamente ligero para el personaje. Es muy desenvuelto en escena y vocalmente cumple con su cometido sin excesiva brillantez.

El italiano Vincenzo Nizzardo fue el nuevo Barón de Trombonok, que ofreció una voz de escasa calidad y buena desenvoltura escénica.

Todos los comprimarios repitieron sus actuaciones del día anterior.

El Liceu ofrecía huecos muy llamativos en una entrada que no llegaría a los 2/3 de su aforo. El público se mostró un tanto frío durante la representación, siendo los mayores aplausos al final para Adriana González y Levy Sekgapane.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 53 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 21 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 270 euros, habiendo butacas de platea desde 143 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 51 euros. José M. Irurzun.

Foto: A. Bofill

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