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Por Publicado el: 24/04/2014Categorías: Entrevistas

Catherine Naglestad: «Llegar a Wagner fue una cuestión de fe»

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  • A Tosca siempre regreso, porque ahí encuentro mi equilibrio.
  • He rechazado papeles por no conectar con ellos o por estar conectados conmigo por algún tema personal.
  • Volver a cantar Norma dependerá de quien dirija.

 

El domingo 27, Catherine Naglestad se despedirá por ahora de Elsa en la producción de Lohengrin del Teatro Real donde la soprano de California con raíces escandinavas -rubia, espectaculares ojos verdes y risueña como estado natural,- se ha transmutado por primera vez en este personaje wagneriano. Distinguida en 2006 como kammersängerin por el Ministerio de Cultura de Alemania y como mejor voz de la temporada por la revista Opernwel, y a pesar de ser su nombre  familiar en todos los grandes coliseos de Europa, Naglestad no había debutado hasta ahora en España.

P. Después de cantar Alcina y Rodelinda, parece haber abandonado los personajes barrrocos

R. Yo no los he abandonado. Son ellos los que me han abandonado a mí (ríe). Hace años que nadie me los ofrece. Por eso no he vuelto a interpretarlos. Pero no tengo nada en contra de ese repertorio. Al contrario: me encanta. Para ejercitarme mientras preparo papeles como Brünnhilde sigo recurriendo a Alcina, Ma quando tornerai…(canturrea ), porque esa flexibilidad le viene bien a mi voz.

 P. Hay quien en esos casos acude a Mozart.

R. También conozco especialistas en Mozart que cantan Puccini para conseguir un tipo de apoyo distinto. Ese tipo de contrastes para conseguir un buen equilibrio, resultan de gran ayuda… Para que luego, ¡ni a ellos les llamen para cantar Puccini ni a mi para cantar Mozart!… Creo que mi último papel mozartiano fue la Vitellia de París en una producción de Clemenza en 2005, con Susi Graham.

 P. ¿Cuál es su criterio para adoptar un personaje?

R. En alguna medida, acudir a las raíces. Empiezo por ver si encuentro algún vínculo emocional con el personaje y si pienso que puedo hacerlo de un modo creíble. Lo que no significa hacerlo de la manera tradicional, que todo el mundo espera, sino si puedo servirlo a mi manera. No soporto a quien acepta papeles y, no porque se ponga enfermo o le surja una emergencia, cambia la tesitura o hace cortes y cosas así. Me he encontrado en alguna situación en la que me he visto obligada a hacerlo por circunstancias concretas, porque esta una profesión de compromisos. Si acepto un papel es porque puedo interpretarlo de principio a fin tal y como está escrito. Si después, por el problema que sea hay que hacer ajustes o cambios, de acuerdo. En alguna ocasión, aunque han sido pocas, he rechazado papeles por no conectar en absoluto con ellos o por estar profundamente conectados conmigo por algún tema personal muy íntimo. Por fin, veo si me atrevo con el desafío vocal que supone interpretarlo de manera convincente.

Naglestad 1. Foto Javier del Real:Teatro Real

P. A la hora de idenfificarse ¿Le resulta más fácil con un personaje de carne y hueso como Tosca o con alguno de los ideales wagnerianos, como Elsa o Siegliende?

P. Adoro a Siegliende. Me gusta muchísimo. La debuté con Chris (Christopher Ventris, su Lohengrin de Madrid), que fue también mi primer Siegmund. Y estuve encantada con el personaje, con aquel vestuario tan femenino: lo amé. Fue un flechazo. Como lo fue Brünnhilde, y como lo ha sido Elsa cuando la he debutado en Madrid. No sería capaz de decir cuál de estos roles me gusta más. En cuanto a Tosca, es un personaje al que siempre regreso, porque me encanta y porque en él encuentro mi equilibrio. Eso no quita que me gusten Siegliende, Brünnhilde, Elsa, o cualquier otro papel que me puedan ofrecer en el futuro y me resulte divertido hacer. Pero es que Tosca me  ha acompañado desde 1997 y espero seguir interpretándolo mientras mantenga los agudos que requiere.  Cuando vuelvo a Tosca después de ser Brünnhilde o Senta, tengo conciencia de donde estoy vocalmente. Veo si tengo que proceder a algún ajuste y en qué momento. Al margen de esto, no quiero abandonar el repertorio de Verdi y Puccini, ni tampoco dejar a un lado el de Wagner. Necesito ese equilibrio. Del mismo modo que, cuando estaba cantando Mozart o Handel, quería seguir haciendo verismo, por esa misma razón. (Riendo ¡¡¡Wagner contrarrestado con el repertorio italiano!!!

P. En el fiel de esa balanza, entre Tosca y Brünhilde se encuentra con Salomé

R. Así es, y también lleva unos cuantos años conmigo, y aun tengo comprometidas para los que vienen otras tres o cuatro producciones distintas.

P. Es un papel perfecto para usted, incluso físicamente

R. Me encanta, y llegó de un modo inesperado. Nunca imaginé que sería así cuando la debuté en la Ópera de París, cuando era director general Gerard Mortier. Me sugirió que lo intentase y dije ¡vale!. ¿por qué no?. Se que lo puedo cantar; de lo que no estoy tan segura es de poder hacer todo lo demás. Y doy las gracias otra vez al maestro Haenchen por llevarme entre algodones a través del personaje y hacerme ver cada detalle: desde las notaciones que aparecen marcadas piano, pianissimo al resto de matices para conseguir tanta sensualidad y tanta belleza como tiene Salomé, que no es una enferma ni un monstruo… No todo consiste en cantar  gritando. Y no me refiero a mis colegas, sino a las orquestas que a veces tocan tan alto, que obligan al cantante a forzarse y a dar más de lo que sería prudente para la salud de sus cuerdas.

P.- ¿Le resultó difícil entrar en el universo Wagner?

R. Llegar a Wagner fue una cuestión de fe. Cuando me lo ofreció Hartmut Haenchen (el mismo que ahora la dirige en Madrid), a quien conocí en París haciendo Salomé, y funcionamos muy bien musicalmente. Fue idea suya el que yo empezara con Wagner. Primero fue Senta y luego Siegliende, también por idea suya, como lo ha sido ahora Elsa. En la Ópera de Munich me ofrecieron la Brühnhilde  porque vieron el paralelismo con el personaje de la duquesa que había hecho allí en una obra tan poco representada como es el Doktor Fausto de Ferruccio Busoni

P. Cuál es su teatro hoy por hoy?

R. No tengo favoritos. Hay tres o cuatro en los que realmente disfruto con el teatro mismo. En otros casos, me gusta la ciudad, pero no el teatro… En pocas ocasiones me gustan a un tiempo el teatro, la ciudad, la gente, la cultura… Siempre viajando de una ciudad a otra para quedarnos lo mismo un par de semanas que dos o tres meses, y en esos casos, resultándote de gran ayuda que te guste le cultura del lugar, es difícil encontrar la combinación perfecta. Me gusta Munich, es una ciudad que, al encontrarla familiar, me parece cómoda. Y ahora he descubierto que también me gusta Madrid…

P. En Munich ha trabajado a las órdenes de Petrenko

R. Si, canté con él Tosca

P. Ahora está dirigiendo la Tetralogía de Bayreuth ¿Qué ocurriría se le invita? ¿Es una meta para usted?

R. No lo es, y no quiero que se tome como un insulto a Bayreuth o a cualquier otro festival o teatro famoso donde no haya estado. Me considero feliz por el simple hecho de continuar cantando y ser querida. De Bayreuth me han llamado un par de veces interesándose por fechas en mi agenda, que no estaban disponibles. Es decir: saben que existo. Pero nunca he recibido una oferta formal. También me llamaron para una audición, pero estaba cantando en ese momento ¡un papel de Wagner!. Me dije entonces ¿estoy loca?. ¿Dejarlo para audicionar en Bayreuth? ¡Me matarían aquí!. En cuanto a Petrenko… Conoce el Anillo que hicimos en Munich con Kriegenburg, pero sabemos que los contratos para todos los papeles del Anillo se firman con años de antelación.

 P. ¿Sería un sueño para usted cantar en la Verde Colina?

R. Por supuesto que sería un sueño. Pero eso no quiere decir que, si mañana dejara de cantar sin haber pasado por allí, mi carrera no habría valido la pena. Después de llevar en la brecha (bajando la voz confidencialmente) 25 años, soy feliz por seguir cantando (risotada).

Naglestad. Lohengrin

 P. ¿Qué tal le ha ido en Madrid?

R. Estoy encantada en el teatro. De verdad. Partía del hecho para este Lohengrin de conocer a muchos de mis colegas: al maestro Haenchen, a su ayudante musical, por supuesto a Chris, a Thomas (Jesatko), a Franz (Hawlata), con quien canté en Salzburgo hace trece años y desde entonces no habíamos vuelto a coincidir… Partiendo de todo esto, se creó desde el principio un buen ambiente. Los que me llama mucho la atención son todos los que están detrás. Los técnicos trabajan muy duro, siempre con el ánimo arriba. Se ve que aman la música. Cada nueva producción acaba convirtiéndose en una fuente de stress, y sin embargo, aquí siempre están de buen humor. Sonrientes. Son muy buenos a la hora de rematar las cosas. Uno de ellos de repente llegó  se quitó todos los aparatos que tenía y comenzó a cantar un fragmento de Walküre. ¡Hasta se sabía de memoria el texto de Wagner!. Emociona tener cerca gente tan comprometida.

 P. Es su début en el Teatro

R. Mi début en Madrid, mi début en España y mi début como Elsa.

 P. En Madrid se la esperaba para cantar Die Tote Stadt ¿Qué ocurrió para que no viniese?

R. No lo sé con exactitud. Tengo tendencia a sufrir un problema pulmonar y cada vez que esto ocurre debo parar algunas semanas. Si recuerdo bien, debió de ocurrir en una de estas veces. De cualquier modo, la cancelación se hizo con varios meses, incluso un año de antelación, en ningún caso dos semanas antes de comenzar los ensayos.

 P. Cuántos papeles tiene en cartera?

R. ¿Qué siga cantando o en total?. He interpretado por encima de los cincuenta, pero ya no canto algunos de ellos, como Constanze, con Micaela o Pamina.

 P. ¿Incorporará el nuevo de Madrid a su oferta en el futuro?

R. Eso espero, aunque ya se sabe que los papeles luego están en función de las ofertas que te llegan. Pero me gustaría continuar cantando Elsa

Lohengrin 2

P. ¿Qué ocurre con Norma, por la que recibió tantos reconocimientos?

R. A lo largo de los años he cantado no muchas pero si bastantes producciones de Norma, y querría continuar con este papel, pero tendría que saber cómo equilibrarlo en mi agenda. No sería posible para mi cantar hoy Norma y dos semanas después Senta. Necesito un periodo de transición. En estos momento estoy haciendo un repertorio muy amplio. Norma ahí la tengo, con las notas, la línea de canto… todo está dispuesto. Al ser una obra muy específica a la que hay que dar un tratamiento especial, lo único que necesito es un tiempo de descompresión más largo. Porque tiene muchos momentos muy expuestos, en los que necesitas ser muy precisa. No basta con decir ese Do no funciona, porque es así como está escrito. Y  la orquesta está allí sólo para acompañarte. La voz lo es todo en ese momento. No puede ser de otra manera. Quiero, como digo, continuar con Norma pero, por respeto al papel, antes de dar el paso hoy debo valorar quien es el director. Los he tenido muy buenos, pero también muy malos, y ya conozco hasta que punto marcan la diferencia. Cuando empiezas a cantar eres muy ingenua y dices enseguida que si a todo porque piensas que eso no significa nada, y significa mucho. Especialmente con ese repertorio importa mucho. Precisas trabajar con un director que te escuche y tire de tí cuando lo necesitas. En honor a la verdad, volver a cantar Norma dependerá de quien dirija.

 P A pesar de haber nacido en Norteamérica, la vemos como una cantante europea

R. Porque toda mi carrera la he hecho aquí.

 P. Qué le pasa con el Met?

R. Nada (ríe con fuerza)

 P. Porque aun no ha debutado allí

R. No. Ni tampoco he cantado en Chicago, ni en Seattle. San Diego Houston… Hay muchos teatros de ópera de Norteamérica en los que no he actuado.

P. ¿En Los Ángeles?

R. Cuando estaba en el coro de aquel teatro (risas). Muchos cantantes veteranos necesitan decir a los jóvenes: “Hay un sitio para ti. Lo único que necesitas en encontrarlo y desear cantar allí”. Tengo muchos colegas en América que dicen que nunca irían a hacer su carrera en Europa. O los que dicen: “Yo sólo quiero hacer mi carrera en Francia”, por ejemplo. Así, se están poniendo límites. Mi sueño nunca fue ir a Alemania, pero cuando se me presentó la oportunidad lo agradecí mucho, y esa decisión mi abrió muchas puertas He estado muchos años en Francia, en Austria, en Inglaterra… ahora estoy en España Esto no habría ocurrido de haberme resignado a quedarme en América. Claro que en los primeros momento echaba de menos mi entorno. Decía: Dios mío, quiero irme a mi casa con mis amigos. Y tengo amigos de hace más de veinte años que nunca me han visto cantar porque no se pueden permitir viajar a Europa para verme. .

P. ¿No echa en falta el no haber cantando aun en el Met?

R. Me ocurre lo mismo que con Bayreuth. Si lo lamentase es como hacer de menos a Viena o al Covent Garden. Y no quiero. Me resulta fascinante lo que hago.

Juan Antonio Llorente 

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