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CRÍTICA: Orquesta de la Academia de Estudios Orquestales [Stravinsky; Ravel; Brahms]
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Por Publicado el: 16/02/2014Categorías: Crítica

Chausson el Magnífico

Chausson el Magnífico

Producción del Teatro San Carlo de Nápoles. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro del Maestranza. Dirección musical: Giacomo Sagripanti.Dirección de escena: Paul Curran. Reposición de la puesta en escena: Oscar Cecchi. Director del coro: Íñigo Sampil. Escenografía: Pasquale Grossi. Vestuario: Zaira de Vincentiis. Iluminación: Juan Manuel Guerra. Intérpretes: Carlos Chausson (Don Magnífico), Marianna Pizzolato (Cenicienta), Wojtek Gierlach (Alidoro), Borja Quiza (Dandini), Edgardo Rocha (Don Ramiro), Mercedes Arcuri (Clorinda) y Anna Tobella (Tisbe). Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Viernes 14 de febrero. Aforo: Lleno.

Mucho tiempo, demasiado, sin disfrutar en Sevilla de la dieta de optimismo y de alegría musical que supone el Rossini cómico. Sea como sea la representación, la música del genio de Pesaro, sus crescendi, su pirotecnia vocal y su infatigable creatividad melódica siempre acaban por cautivarnos. Claro que si además gozásemos de una buena producción, buenos solistas y una buena dirección, la cosa alcanzaría ya categoría de éxtasis de felicidad, que no es poco hoy día.

Pero me temo que no fue el caso de la representación de anoche, que se movió en tonos grisáceos de principio a fin. Menos mal que allí estuvo Carlos Chausson, el indudable triunfador de la noche. Pasados ya los sesenta años, el zaragozano sigue siendo el mejor bajo bufo del panorama mundial. La voz permanece poderosa, redonda, de una proyección canónica, firme y sin bamboleos. Sorprende por igual la agilidad de su fraseo, que le permite despacharse sin problemas los complejos pasajes de canto silábico con que Rossini sembraba sus partituras para este tipo de voz. Y, finalmemte, su vis cómica es genial y se mueve por la escena con una soltura y una eficacia actoral incomparables. Para él fueron las más sonoras ovaciones a lo largo de la representación. Y aquí se acabó prácticamente lo interesante en materia vocal, lo que es bien triste en tratándose de Rossini. La inexpresividad y la sosa frialdad de Pizzolato arruinaron su personaje, al que, por añadidura, lo revistió de una voz velada, poco audible en los concertantes, que no pasaba el foso y que parecía quedarse dentro de la garganta. La conexión con el registro agudo no está bien resuelta y las notas superiores de su rondó final sonaron más chilladas que cantadas. Rocha es el típico tenorino de voz gatuna, parca expresividad y de pocos decibelios, con una coloratura poco fina y que sólo brilló en los agudos en forte. La voz de Quiza es de gran calidad y sabe frasear con sentido teatral, pero las agilidades no acaban de ser lo suyo. Más barítono que bajo, Gierlach estuvo lastrado por su engolamiento permanente. Bien y con gracia las dos hermanas, de las que destacó en su aria (que no es de Rossini) Mercedes Arcuri, ligera y ágil. Estupenda la sección masculina del coro.

Sagripanti alcanzó sus mejores momentos en la dirección en los pasajes rápidos, a los que imprimió buen ritmo y una articulación cortante, pero en los lentops tendía a sonar plano y sin pulso. La producción es bastante sencilla, mejor en las escenas del palacio, con notas art déco muy vistosas. Bonito vestuario, menos el kitsch de Cenicienta. ANDRÉS MORENO MENGÍBAR

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