Crítica. Anja Bihlmaier y la Orquestra de la Comunitat Valenciana: nuevo concierto para el olvido
Anja Bihlmaier y la Orquestra de la Comunitat Valenciana: nuevo concierto para el olvido
JORNADA DE PORTES OBERTES. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. Anja Bihlmaier (directora). Programa: Obras de Músorgski-Ravel (Cuadros de una exposición), y Chaikovski (Quinta sinfonía). Lugar: Palau de les Arts (Auditori). Entrada: Alrededor de 1.496 personas (lleno). Fecha: domingo, 13 septiembre 2026.

Anja Bihlmaier en Les Arts
©Mikel_Ponce
Un concierto sin programa de mano es como una lengua sin literatura. Lo escrito deja testimonio y huella, es fedatario de un acontecimiento. El Palau de Les Arts insiste en su iconoclasta política de condenar sus propias programaciones a la nada del olvido. También al público al pario de quién toca y qué se toca.
En este caso, el concierto relegado al olvido ha sido el interpretado el domingo por la Orquestra de la Comunitat Valenciana dirigida, y muy bien, por la alemana Anja Bihlmaier (1978), en el marco de la la clásica Jornada de Puertas Abiertas. Y fue una lástima, porque el concierto tuvo méritos para quedar grabado con letra impresa y recreado en el futuro por la memoria del público que abarrotó el domingo el espacioso Auditori del Palau de Les Arts.
Anja Bihlmaier es directora de criterio, autoridad y carácter. Dueña de una técnica cuajada en años de rodaje en diversos teatros alemanas. Elude artificios y hojarascas para centra su hacer desde un criterio claro y preciso, que vuelca en un modo de dirigir, sin batuta -salvo en el comienzo de la Quinta sinfonía de Chaikovski-, efectivo, muy personal y expresivo. Es, junto con contados nombres, una de las directoras verdaderamente interesante de nuestros días.
Lo puso de relieve con una vibrante, bien narrada y dramatizada versión de los Cuadros de una exposición, donde hizo aflorar la coloreada orquestación raveliana gracias a un gobierno cuidadoso e imaginativo, que supo sacar partido a los resortes y posibilidades que brinda un conjunto sinfónico del calibre de la Orquestra de la Comunitat Valenciana.
Todas sus secciones sonaron con empaque y brillo bajo el planificado gobierno de Bihlmaier: desde las trompetas -lideradas por Rubén Marqués-, al saxo invitado y entonado de Xelo Giner y a unos metales resplandecientes, pero jamás hirientes. Sobresalientes igualmente las maderas y una viva sección de cuerda, empastada y de rápida respuesta, bajo el liderazgo sustancial del concertino, Gjorgi Dimcevski.

La directora recaló en València
©Mikel_Ponce
No fueron los Cuados de una exposición la única maravilla de este programa popular, para todos los públicos y sin más información que cuatro palabras proyectadas en una gigantesca pantalla ubicada sobre el escenario. En la segunda parte, tras la pausa, llegó la Quinta de Chaikovski, que Bihlmaier aleja de cualquier acceso melodramático para instalarla en territorio propio, pero al mismo tiempo leal a la partitura, aunque redujera a la mínima expresión el calderón que precede la gran coda final, posiblemente para evitar el aplauso interruptus destructor de atmósferas. Su Quinta se ubica más cerca de Markévich o Mravinski que de los Karajan y, aún más, de los Celibidache.
Versión muy marcada y de extremadas dinámicas. De tempi vivos, pero que se explayan y casi detienen en los episodios más líricos y elocuentes, como el que portica la sinfonía. También flexible y dúctil, tal como hizo y dirigió el vals del tercer movimiento. Alcanzó una pulida y excepcional respuesta global de la orquesta, cuya excelencia queda expresada en el célebre solo de trompa del segundo movimiento, modulado y cantado por el solista Bernardo Cifres con máxima excelencia y refinamiento. Pocas veces se ha escuchado tan idealmente este pasaje oído una y mil veces a solistas de las mejores orquestas. Fue la guinda de una jornada cuya excepcionalidad sin testimonio apenas quedará en estas y quizá otras contadas líneas.
Publicado en el diario LEVANTE






















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