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Por Publicado el: 27/07/2026Categorías: En vivo

Critica: Opera contra el tiempo en el Festival LittleOpera de Zamora con Oliver Díaz

ÓPERA CONTRA EL VIENTO

Fragmentos operísticos de Johann Strauass jr., Bizet, Massenet, Puccini, Leoncavallo y Dvorák. Vanessa Goikoetxea y Andeka Gorrotxategi. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Director: Óliver Díaz. Zamora, Plaza de la Catedral, 24 de julio de 2026. Festival LittleOpera.

ÓPERA CONTRA EL VIENTOFragmentos operísticos de Johann Strauass jr., Bizet, Massenet, Puccini, Leoncavallo y Dvorák. Vanessa Goikoetxea y Andeka Gorrotxategi. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Director: Óliver Díaz. Zamora, Plaza de la Catedral, 24 de julio de 2026. Festival LittleOpera.

Oliver Díaz

Dos acreditadas voces vascas de esta hora se unían para el habitual concierto lírico que abre la parte principal del Festival zamorano, ya por su undécima edición. Dos voces muy características y valiosas. La de la soprano, Vanessa Goikoetxea, una lírica pura, extensa (más de dos octavas), corpórea, sustanciosa, bien coloreada, de fúlgido y templado metal en centro y agudos, donde, a partir de una extraordinaria apertura facial, campanea y se expande con una potencia magnífica, es ya sin duda de una solidez inquebrantable. 

Pero sus armas son también las de una fraseadora nata, de estupenda y firme reproducción de fonemas, y, sin duda, las de una muy hábil y experta matizadora gracias a un claro dominio de los reguladores, a una muy sutil y bien trabajada pronunciación. Lo que, sumado, da como consecuencia un arte de canto exquisito y emotivo que nace de una probada técnica de apoyo, de una respiración adecuada y bien programada. La emoción que parece sentir la cantante se traslada al público. Abrió sus intervenciones con la tan difícil aria de Micaela de Carmen, en donde la voz ha de ir de arriba abajo, expresar los miedos y esperanzas a lo largo de un recorrido sinuoso y límpido. Sin problemas en los Si bemoles agudos.

Otorgó el debido dramatismo y desesperación a Sola, perduta, abbandonata, de Manon Lescaut de Puccini después del caluroso dúo Tu, tu, amore? Tu?  Un bien entendido y contrastado Vissi d’arte de Tosca, con restallante agudo final y un juego de pianísimos bien entendido, con apoyo en este caso no del todo perfecto, nos mostró de nuevo sus virtudes, claramente puestas de relieve de nuevo en el maravilloso Canto a la Luna de Rusalka de Dvorák, donde nos recordó a Pilar Lorengar. El concierto se cerraba oficialmente con el final del dúo de Madama Butterfly, dicho con pasión y arrebato y coronado con un Do sobreagudo, en el que participó también bravamente Gorrotxategi.

Al tenor Andeka Gorrotxategi hay que reconocerle la valentía, el arrojo, la prestancia y el mantenimiento en todo momento de una tensión canora indiscutible. La voz es ahora algo más oscura y podemos calificarla sin ambages como la de un lírico-spinto cuando no un spinto a secas. Le falta algo de brillo, de metal fúlgido en el centro. El grave es suficiente y el agudo, con frecuencia algo esforzado y pasajeramente mate, en ocasiones, cuando es adecuadamente proyectado, alcanza sonoras prestaciones. Su fuerte no es el recogimiento, la aplicación de pianos, de reguladores y a veces anda algo escaso de fiato. Pero hay que aplaudir en él la valentía, el arrojo, el vigor y la honradez. Anotamos una más que correcta aria de El Cid de Massenet, bien dicha y regulada; una muy voluntariosa y laboriosa interpretación en el dúo de Tosca, un Vesti la giubba esforzadamente defendido y una entregada y minuciosa recreación del dúo final del primer acto de Madama Butterfly.

Ambos cantantes tuvieron buena colaboración de una profesional Sinfónica de Castilla y León, flexible y compacta, al mando de un maestro muy habituado a estas escaramuzas como es Óliver Díaz, que hasta donde pudo, luchando con la incómoda ventolera (y con las volanderas hojas de las partituras movidas por el ventarrón), logró mantener la unidad y la coherencia, aunque batallando también con lo agreste y a veces nada compacta sonoridad aquejada de una inmisericorde amplificación. Pero nada se descabaló en los acompañamientos e incluso pudimos escuchar un hasta cierto punto lustroso Intermezzo de Manon Lescaut de Puccini. Un Brindis de Traviata de Verdi -sin coro en este caso- y el dúo del Torero y la Gitana de El Gato Montés  de Penella pusieron el punto final a un concierto aplaudido calurosamente en su último tramo Plaza casi llena.

Arturo Reverter

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