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Por Publicado el: 08/08/2019Categorías: En vivo

Critica: La Traviata del billar o mucho ruido y pocas nueces

LA TRAVIATA (G. VERDI)

Auditorio de Peralada. 5 Agosto 2019.

Este año el Festival del Castell de Peralada ofrece como ópera La Traviata, de Giuseppe Verdi, cuyo resultado no ha sido particularmente brillante, habiendo contado con una nueva producción de escaso interés, una correcta dirección musical y un reparto vocal sin excesivo brillo, en el que la mejor parte la ha ofrecido la protagonista de la ópera.

Para la ocasión se ha encargado una nueva producción a Paco Azorín, que es una coproducción con la Ópera de Oviedo. El trabajo de Azorín me ha parecido pretencioso y de escaso interés. Su idea es presentarnos una Violeta moderna y liberada (Sempre libera) que puede resultar adecuada para los tiempos actuales, pero que casa bastante mal con el puro desarrollo de la trama, ya que la relación de Germont-Alfredo-Violeta resulta entendible a fines del XIX y primera mitad del siglo XX, pero desde luego no tiene un pase en la actualidad. A eso hay que añadir una dirección de escena de muy escaso interés.

Escena

La escenografía es obra del mismo Paco Azorín y ofrece dos únicos escenarios. En el primer acto el escenario está ocupado por 4 mesas de billar y ahí se desarrolla la acción, pasando en la primera escena del segundo acto a elevarse el suelo, quedando las mesas de billar en la parte posterior del escenario y colgadas. Por delante, el escenario está vacío. En la fiesta de Flora volvemos al escenario inicial con las mesas de billar en horizontal, mientras en el último acto se vuelve a elevar el suelo con las repetidas mesas. El vestuario es moderno y de escaso interés y es obra de Ulises Mérida, contando con una iluminación no más que correcta por parte de Albert Faura. La coreografía de Carlos Martos tampoco tiene mucho interés.

Como digo más arriba, la dirección de escena de Paco Azorín me parece deficiente y criticable, especialmente en la segunda de las escenografías descritas más arriba, ya que hace que desciendan figurantes por la pared donde están las mesas, mientras se desarrolla la escena abajo, con lo que el movimiento de los figurantes no hace sino que se pierda la atención sobre lo que verdaderamente interesa, que es la música y el canto. El otro punto criticable es el de tener muchas veces en escena una niña, que parece ser la hija de Violeta y Alfredo (Sempre Libera, de nuevo), que tiene el inconveniente de lo que muchas veces ocurre con la presencia de niños en escena. Es decir, si no son muy buenos actores, no hacen sino estropear el desarrollo dramático. Eso es lo ocurrido en esta ocasión. Podemos decir, finalmente, aquello de Mucho ruido y pocas nueces.

Escena

La dirección musical estuvo encomendada al italiano Riccardo Frizza, cuya actuación puede considerarse como buena, aunque no especialmente brillante ni inspirada. Llevó bien la obra y apoyó a los cantantes, sacando un buen resultado de la Orquesta del Liceu. Buena la prestación del Coro Intermezzo, que funciona notablemente mejor que el del Liceu.

Violeta fue interpretada por la soprano rusa Ekaterina Bakanova, cuya actuación se puede considerar como la más completa del trío de protagonistas. Muchas veces se ha dicho que para esta ópera se necesitan dos y hasta tres sopranos distintas y algo de verdad hay en ello. La Bakanova es una soprano lírica de voz atractiva, que encuentra su mejor empleo en el segundo acto de la ópera, quedando un poquillo corta en graves en el tercer acto, mientras que en el primer acto tiene que esquivar las notas sobreagudas de la partitura, especialmente al final del Sempre Libera. Se entrega al personaje y demuestra ser una destacada intérprete.

Alfredo fue interpretado por el tenor René Barbera, de voz atractiva, aunque no está sobrado de volumen. Tiene las notas de la partitura, siendo su mayor problema su escasa expresividad en escena, que le hace ser poco convincente como intérprete.

Ekatrerina Bakanova y René Barbera

La parte de Germont fue interpretada por el barítono americano Quinn Kelsey, que lo hizo razonablemente bien, aunque la voz no sea demasiado atractiva, echándose en falta mayor belleza en la misma, quedando su voz un tanto atenorada, aunque corre bien.

En los personajes secundarios, Laura Vila fue una más bien modesta Flora. Stefano Palatchi quedó bastante justito como Doctor Grenvil. Lo hizo bien Marta Ubieta como Annina. Correctos tanto Vicenç Esteve Madrid en Gastone como Carles Daza en el Barón Douphol. Lo hizo bien Guillem Batllori en el Marqués d’Obigny. Más modestos los otros intérpretes, que eran Quentin Bueno (Giuseppe), Toni Fajardo (Criado) yNéstor Pindado (Comisionista).

El Auditorio de Peralada ofrecía una ocupación de alrededor del 80 % de su aforo: el público se mostró cálido y no especialmente entusiasmado con el resultado de la representación, siendo los mayores aplausos para Ekaterina Bakanova,

La función comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 47 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 4 minutos. Nueve minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de era de 190 euros, habiendo butacas de platea desde 165 euros. La localidad más barata costaba 60 euros. José M. Irurzun

Fotos: T. Ferrer

 

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