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Por Publicado el: 04/11/2013Categorías: Crítica

CRÍTICA: ‘La Traviata’ (Palau Les Arts)

LA TRAVIATA (G. VERDI)

Palau de Les Arts de Valencia. 2 Noviembre 2013.

Hace unos días inauguraba la temporada de ópera el Palau de Les Arts con La Traviata de Verdi, que se ha convertido en un auténtico problema para el teatro, debido a las cancelaciones que han tenido lugar y a las que luego me referiré. Lo cierto es que en Valencia, por muchas que sean las cancelaciones, siempre queda su espectacular orquesta y la capacidad de afrontar las sustituciones de manera notable. En resumen,  esta Traviata ha sido un éxito de público.

La producción ofrecida es la muy conocida de Willy Decker, que se estrenara en Salzburgo en el año 2005, contando con la participación de Anna Netrebko y Rolando Villazón. Pocos serán los aficionados a la ópera que no relacionen a la Netrebko con el famoso vestido rojo de esta producción.

Willy Decker siempre ha sido un director de escena destacado y lo vuelve a demostrar en esta ocasión. La escenografía de Wolfgang Gussmann consiste en un espacio vacío, con una pared blanca semicircular. Si algo caracteriza a la producción son los elementos añadidos a la escenografía, especialmente un gran reloj, el ya mencionado vestido rojo, que usa Violeta en las dos fiestas, y los sofás, uno de ellos en el primer acto, que juega un papel importante en escena, y nada menos que cuatro en el segundo acto. El vestuario es del propio Wolfgang Gussmann y Susana Mendoza y juega con contrastes de colores. A las paredes blancas se enfrenta un vestuario en negro para el coro, cuyos componentes van todos vestidos con trajes de hombre y con pelo corto, el famosos vestido rojo y las telas de flores que adornan los sofás del segundo acto y el atuendo de Violeta y Alfredo. Buena la labor de iluminación de Hans Toelstede.

La producción funciona de manera atractiva en su simplicidad, gracias a una notable dirección de escena de Willy Decker, que saca un gran partido a solistas, coro y figuración. Lo menos conseguido de la producción es el último acto, en el que el escenario vacío hace que se pierda intimidad y emoción en la muerte de Violeta. Tampoco los coros de gitanas y toreros en la fiesta de Flora están bien conseguidos. En cambio, me parece una buena idea la de trasladar el gran reloj al centro de la escena durante la mencionada fiesta para convertirlo en una ruleta, en el que apuestan los invitados. Otro elemento inquietante es la presencia del Doctor Grenvil en escena desde antes del inicio de la representación, en una encarnación de una especia de Doctor Muerte.

El Palau de Les Arts de Valencia es una auténtica garantía musical, especialmente cuando se cuenta en el podio con un maestro de primerísimo nivel mundial. En esta ocasión el director ha sido Zubin Mehta, que nos ha regalado una notable lectura y ha sacado un estupendo partido de la excelente Orquestra de la Comunitat Valenciana, que se crece por encima de su excelente nivel, cuando tienen a Zubin Mehta a la batuta. La versión incluyó tanto la cabaletta de Alfredo como la de Germont, ésta última con el segundo verso, como también se hizo con aria de Violeta en el último acto. Musicalmente, ha sido una excelente representación de La Traviata, de las que no estamos acostumbrados a escuchar en nuestro país. Espero que los problemas económicos que afligen al Palau de Les Arts no se lleven por delante a tan magnifica orquesta y que podamos seguir disfrutando con sus interpretaciones. A su excelente nivel habitual estuvo también el Cor de la Generalitat Valenciana.

En un principio estuvo anunciada como Violeta la joven búlgara Sonia Yoncheva, que se ha convertido en los últimos años en una soprano muy cotizada, habiendo tenido muy recientemente un gran éxito en sus Lucias de París. Parece que ha tenido problemas que han llevado a que la italiana Jessica Nuccio se haya hecho cargo del personaje en todas las funciones que se llevan representadas desde el estreno, aunque ella no estuvo anunciada sino en la representación que ahora nos ocupa. Finalmente, Sonia Yoncheva parece que será Violeta en las últimas representaciones.

Jessica Nuccio ha sido una Violeta convincente y ha obtenido un triunfo personal. El centro de su voz responde más bien a una soprano ligera, pero todo el tercio agudo se abre estupendamente, muy bien timbrado, y corre con facilidad por la sala. Ella se entrega al personaje en escena y, finalmente, resulta un descubrimiento para el público su Violeta. Resolvió bien el Sempre libera, estuvo a buen nivel en la escena con Germont, quedando corta en Amami Alfredo, donde el centro es lo fundamental, para cantar de manera destacada Addio del Passato.

Como Alfredo estuvo siempre anunciado Ivan Magri, pero canceló en la primera representación por problemas de cervicales. De hecho, en el estreno hubo de cantar toda la segunda parte de la ópera Nikolai Schukoff, que estaba ensayando el Siegmund de Walküre, mientras un mimo actuaba en escena. Las siguientes funciones fueron cubiertas por Aquiles Machado, estando anunciado en la que nos ocupa Saimir Pirgu, quien también canceló. Finalmente, ha sido Ismael Jordi el Alfredo que nos ha tocado en suerte.

Ismael Jordi conoce bien la producción, al haberla cantado anteriormente en Ámsterdam y se le ha visto muy suelto en escena, aunque no haya tenido mucho tiempo para ensayar. Vocalmente, ha vuelto a demostrar la especial elegancia de su canto y ha sido un Alfredo de altos vuelos, más allá de que su timbre no sea particularmente bello. No desaprovechó el aria De miei bollenti spiriti ni mucho menos la cabaletta subsiguiente, en la que terminó con un sobreagudo firme e interminable. El gaditano se encuentra en un momento dulce.

El barítono Simone Piazzola encarnó a Giorgio Germont y tuvo una buena actuación. La voz es amplia y bien timbrada, adecuada a las exigencias del personaje. Debería cuidar más los matices de su canto y evitar caer en efectismos, que pueden provocar el aplauso, pero que empañan su actuación. Me refiero a su tendencia a abrir sonidos sin necesidad, únicamente para mostrar que su volumen vocal es importante.

En los personajes secundarios María Kosenkova ofreció una voz de poco atractivo en la parte de Flora. Otro tanto puede decirse de Cristina Alunno como Annina. El veterano Luigi Roni, con 35 años de carrera a sus espaldas, fue un adecuado Doctor Grenvil. Javier Franco estuvo bien como Barón Duouphol. Cumplió Mario Cerdá en la parte de Gastone, así como Maurizio Lo Piccolo en la del Marqués d’Obigny.

El Palau de Les Arts estaba prácticamente lleno. El público se mostró muy cálido durante la representación, siendo las mayores ovaciones a escena abierta para Di Provenza y Addio del Passato. En los aplausos finales hubo sonoros bravos para los tres protagonistas y para Zubin Mehta.

La representación comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración total de 2 horas y 39 minutos, incluyendo un intermedio. Duración puramente musical de 2 horas y 8 minutos. Los entusiastas aplausos finales se prolongaron durante algo más de 8 minutos.

La localidad más cara costaba 135 euros, habiendo también butacas de platea por 119 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 99 y 76 euros. La entrada más barata con visibilidad costaba 38 euros. José M. Irurzun. Fotos Palau: Tato Baeza.

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