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Ciclo La Filarmónica con Volodos y Frühbeck: Pasión y fogosidad
CRÍTICA: Una ópera agradable sobre un cuento divertido [Svanda (J. WEINBERGER) Semperoper de Dresde. 27 Enero 2014.]
Por Publicado el: 30/01/2014Categorías: Crítica

CRÍTICA: Memorable Elektra. Inmenso Thielemann. [Elektra (R. STRAUSS) Philarmonie de Berlín. 28 Enero 2014. Versión de Concierto.]

Memorable Elektra. Inmenso Thielemann

ELEKTRA (R. STRAUSS)
Philarmonie de Berlín. 28 Enero 2014.
Versión de Concierto.

Es de sobra conocida la especial relación entre Dresde y Richard Strauss, no en balde varias de sus óperas se estrenaron en la Florencia del Norte. Nada tiene de extraño que en la conmemoración del 150 aniversario del nacimiento del compositor, Dresde se haya puesto en cabeza de las celebraciones  desde el mismo mes de Enero, ofreciendo unas representaciones excepcionales de Elektra, que se han desarrollado entre la Semperoper y la Philarmonie de Berlín. Han sido 4 las representaciones escénicas en Dresde y una en forma de concierto en Berlín. El resultado ha sido memorable, de los que quedan durante mucho tiempo en la memoria del espectador. Estoy convencido de que el propio Richard Strauss habría quedado impresionado con el resultado.

Al frente de las fuerzas musicales estaba Christian Thielemann, del que mucho esperaba y debo decir que lo que nos ha ofrecido ha superado con creces cualquier expectativa que yo tuviera. Es como si yo hubiera descubierto por primera vez esta ópera, tan exquisita ha sida la lectura musical de Thielemann. La versión musical que nos ha regalado está alejada de esa Elektra ruidosa que tantas veces hemos escuchado, ofreciendo una versión intimista, lírica y hasta camerística de la ópera, aunque pueda sonar algo fuera de lugar hablar de versión de cámara con una esplendida orquesta de 100 músicos. Ha sido una fantástica Elektra, emocionante como ninguna otra y en la que la partitura ha volado en un pis pas. Nunca me había parecido Elektra tan corta. Thielemann no fue el director espectacular de gesto al que otros nos tienen acostumbrados, sino más bien todo lo contrario.  En vez saltos y aspavientos, tuvimos un director comedido y contenido, en el que el rostro y esa mano izquierda que Dios le ha dado hacían maravillas. El haber sido en versión de concierto me ha permitido estar pendiente de los gestos de Thielemann de principio a fin y he disfrutado como muy pocas veces. Si tuviera que quedarme con algo, lo que sería injusto en una versión global tan espléndida, sería con la escena del reconocimiento de Orestes, que fue de un lirismo y una emoción sublimes. ¡Qué diferencia entre el Thielemann de hoy y el que dirigió Der Rosenkavalier en Dresde el pasado mes de Junio! El resultado de ambas lecturas no es comparable ni tampoco la satisfacción que se adivinaba en el Kaiser de las batutas. Si en primavera su cara era hosca y seria, en esta ocasión había alegría y satisfacción, comparable a la de los espectadores. Para redondear el concierto estuvo a sus órdenes una espectacular Staatskapelle Dresden, la orquesta de la que él es titular y que hizo una exhibición de brillantez y musicalidad. Cuentan que El Guerra decía: Después de mí, naide. Otro tanto podrían decir el Kaiser y sus músicos.

El único error de la actuación de Christian Thielemann fue el de colocar a los cantantes detrás de la orquesta, con lo que las voces no llegaban con volumen y claridad suficiente a la audiencia, a pesar de la extraordinaria acústica de la Philarmonie de Berlín. La única excepción era la propia Elektra, que podría haber traspasado con su voz barreras orquestales todavía mayores. Cuando en la última escena Thielemann permitíó que Chrysothemis y Elektra cantaran delante de la orquesta, pudimos captar perfectamente la diferencia.

El reparto vocal era un lujo, digno de una grabación discográfica, que seguramente se hará.  Particularmente impresionante ha sido el cuidado en la elección de los personajes secundarios, que solamente se pueden reunir para una versión discográfica.

Elektra era la soprano alemana Evelyn Herlitzius, la protagonista de referencia actualmente en esta ópera de Richard Strauss. Por adecuación vocal, por potencia y por intensidad dramática su prestación está fuera del alcance de las mejores entre sus colegas. Habrá quien la discuta, pero eso será  sin haberla escuchado ayer o el verano pasado en la excepcional Elektra de Aix en Provence. Fue una Elektra para el recuerdo.

Anne Schwanewilms se encargó de la parte de Chrysothemis y mostró una voz muy adecuada al personaje, quedando más perjudicada que sus compañeros de reparto por la ubicación detrás de la orquesta. Reconociendo su calidad vocal, no me resultó convincente su interpretación, que más parecía responder a La Mariscala que a la hermana de Elektra. Me resultó distante y excesivamente fría y ese no es el concepto que yo tengo del personaje de Chrysothemis, seguramente el más soñador y romántico de la ópera.

Klytämnestra está escrito para una contralto y Waltraud Meier no lo es ni lo ha sido nunca, sino más bien lo que podríamos llamar una falcon. No obstante, su capacidad artística está fuera de cualquier posible discusión y su interpretación de la madre de Elektra fue plenamente convincente, aunque también sufriera los inconvenientes de la
ubicación en el escenario.

Por si fuera poco lo anterior, René Pape fue un Orest de lujo. Vocalmente, está en un momento espléndido y su interpretación y dicción fueron un auténtico regalo para los espectadores. Si encuentran algo mejor, cómprenlo, pero no busquen mucho. No lo encontrarán.

Finalmente, Egisto fue encarnado por Frank Van Aken, que resultó un adecuado intérprete del personaje.

Los personajes de contorno fueron un auténtico lujo, especialmente las cinco criadas, todas ellas habituales protagonistas de otras obras en la Semperoper.  Entre las cinco me llamó poderosamente la atención  la cuarta criada, la americana Rachel Willis Sorensen, que podía haber hecho una Chrysothemis magnífica. Muy buena impresión
la dejada también por Nadja Mchantaff como 5ª criada. Las otras fueron también todo un lujo: eran Constance Heller, Gala El Hadidi y la mezzo Simone Schröder, que sustituía a la anunciada Christa Mayer.  La veterana Nadine Secunde fue una muy adecuada Aufseherin. Los personajes femeninos eran completados por Romy Petrick (Vertraute) y por la soprano Christiane Hossfeld (Schleppträgerin). Buenas las actuaciones de los secundarios masculinos, que eran Peter Lobert (Preceptor), Simeon Esper y Matthias Henneberg, como Servidores.

La Philarmonie no estaba llena, sorprendentemente. La entrada andaría sobre el 90 % del aforo. La reacción del público fue entusiasta con los artistas, una vez pasados unos segundos de silencio contenido entre el final de la ópera y los  primeros aplausos. Las mayores muestras de entusiasmo las compartieron Thielemann, Herlitzius y la Staatskapelle Dresden.

El concierto comenzó puntualmente y tuvo una duración de 1 hora y 42 minutos. Los entusiastas aplausos finales se prolongaron durante 13 minutos.

El precio de la localidad más cara era de 125 euros. En la parte de arriba del auditorio los precios pasaban a 85 euros. Las entradas más baratas oscilaban entre 30 y 50 euros. Jose M. Irurzun.

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