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Por Publicado el: 20/06/2026Categorías: En vivo

Crítica: La Ópera de Lima estrena un ‘Tancredi’ acuático y sombrío

La Ópera de Lima estrena un ‘Tancredi’ acuático y sombrío

TEATRO MUNICIPAL DE LIMA. TANCREDI, de Giuseppe Verdi. Opera en dos actos, con libreto de Gaetano Rossi, basado en la tragedia homónima de Voltaire. Reparto: Anna-Doris Capitelli (Tancredi), Iolanda Massimo (Amenaide), Matteo Roma (Argirio), Gianluca Margheri (Orbazzano), Bettina Victorero (Isaura) y Camila Salazar (Roggiero). Orquesta Sinfónica del Teatro Municipal de Lima. Coro Nacional del Perú (director: Javier Súnico). Direc­ción musical: Alessandro Bonato. Producción: Nueva producción del Teatro Municipal de Lima. Direc­ción de esce­na: Matteo Anselmi. Escenografía y vestuario: Lorenzo Mazzoletti. ­Lu­gar: Teatro Municipal de Lima. Entrada: 800 espectadores. Fecha: miércoles, 17 junio 2026 (se repite los días 19, 21 y 24 junio).

La Ópera de Lima estrena un ‘Tancredi’ acuático y sombríoTEATRO MUNICIPAL DE LIMA. TANCREDI, de Giuseppe Verdi. Opera en dos actos, con libreto de Gaetano Rossi, basado en la tragedia homónima de Voltaire. Reparto: Anna-Doris Capitelli (Tancredi), Iolanda Massimo (Amenaide), Matteo Roma (Argirio), Gianluca Margheri (Orbazzano), Bettina Victorero (Isaura) y Camila Salazar (Roggiero). Orquesta Sinfónica del Teatro Municipal de Lima. Coro Nacional del Perú (director: Javier Súnico). Direc­ción musical: Alessandro Bonato. Producción: Nueva producción del Teatro Municipal de Lima. Direc­ción de esce­na: Matteo Anselmi. Escenografía y vestuario: Lorenzo Mazzoletti. ­Lu­gar: Teatro Municipal de Lima. Entrada: 800 espectadores. Fecha: miércoles, 17 junio 2026 (se repite los días 19, 21 y 24 junio).

Tancredi, de Rossini, en Lima

Entre el cúmulo de actividades incluidas en la apretada agenda de la XIX Conferencia anual de Ópera Latinoamericana (OLA), que se celebra estos días en Lima, la ópera, como realidad física, ocupa lugar remarcable. Así, entre ponencia y encuentro, entre mesa redonda y coloquios, las actividades musicales se han abierto el miércoles, en el bien renovado Teatro Municipal de Lima, con el estreno de una nueva producción de Tancredi, de Rossini, encomendada escénicamente a Matteo Anselmi y musicalmente a Alessandro Bonato, maestro muy vinculado al Festival Rossini de Pésaro y a su intendente, el peruano Ernesto Palacio.

Sobre una escena tozudamente oscura y más sombría que lúgubre o sugerente, los cantantes deambulan sin indagación y consabidamente, sin destellos de interés. Pese a todo, fueron ellos precisamente los que impusieron su ley para convertir el asunto vocal en lo mejor -o menos malo- de una función que apenas levantó el vuelo en momentos muy concretos, y siempre de la mano de la voz. Fue una representación de esas en las que la música, y la voz en particular, se impone por goleada frente a una escena tediosa, de cartón piedra y mal iluminada (en el bien ilustrado programa de mano, ni siquiera figuraba el iluminador).

La pareja protagonista estuvo liderada por la mezzosoprano italo-alemana Anna-Doris Capitelli, que dio vida a un Tancredi creíble e idiomático, cantado con estilo e intención, que calibró y plasmó los sentimientos encontrados del héroe. Sin el arrojo y empaque vocal de tantas grandiosas predecesoras -desde la Horne a la Berganza o la Barcellona-, sacó adelante el personaje y sus recovecos con dignidad y templanza rossiniana, incluido un “Tu che accendi questo core” que supuso uno de los mejores momentos de la noche.

A su lado, no desentonó y mantuvo el tipo la soprano Iolanda Massimo, que construyó una Amenaide lírica y de cálidos acentos, que aprovechó su momento de lucimiento en la escena “Di mia vita infelice” del segundo acto, que resolvió en la bien fraseada cavatina “No, che il morir non è”. Tanto ella como la Capitelli cerraron la función el alto, a pesar de que se optó por la hoy infrecuente versión “con final feliz” de Venecia (frente a la versión “trágica” de Ferrara, de mayor empaque dramático y más fiel al original de Voltaire y a la convicción del propio Rossini, y en la que Tancredi expira en brazos de Amenaide tras conocer su inocencia).

Imagen de la producción

En el resto del elenco destacaron el tenor Matteo Roma, quien salvó con destreza las agilidades y aguda tesitura que requiere el personaje de Argirio, pese a que una mayor elegancia en pianos y pianísimos, y algo más de sutileza en las mezza voce hubieran redondeado más estilizadamente su actuación. El bien rodado bajo-barítono italiano Gianluca Margheri volcó su rotunda presencia escénica y voz en un Orbazzano que, aunque no rozó el cielo, sí se movió en parámetros de sólida profesionalidad. La mezzo Bettina Victorero (Isaura) y la soprano Camila Salazar (Roggiero), ambas peruanas, completaron con maneras y entrega el elenco vocal.

El Coro Nacional de Lima, perjudicado por una escenografía e iluminación que parecían empeñadas en restarle presencia, salió discretamente airoso de brete que siempre supone asumir una partitura rossiniana. Dirigida rutinariamente, sin ambición detallista ni ambición expresiva, por el maestro veronés Alessandro Bonato, la bien dispuesta Sinfónica titular del Teatro Municipal de Lima no acertó a lucir sus galas con un sonido y fraseo descuidado y poco pulido, que resultó incompatible con la transparente escritura de Rossini.

De la escena, de sus oscuridades y tópicos, mejor es pasar por alto. Es, un poco, como si tratara de parodiar alguna de aquellas representaciones de teatros de ópera del “Este” que por cuatro chavos y otros tantos trapos recorrían la geografía española por los años ochenta y noventa.

Cortinajes, agua a mansalva, algo de cartón piedra y una omnipresente cabezota partida por la mitad que parece cogida del atrezo del final de El planeta de los simios o de un libro de psiquiatría son la ingenua base escenográfica -firmada, como el anodino vestuario, por Lorenzo Mazzoletti- de una función en la que el canto y las buenas intenciones se impusieron sobre todo lo demás. Al final, muchos bravos y aplausos. Pues mejor así, claro.

Justo Romero

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