Crítica: Las cosas casi siempre en su sitio. Dan Ettinger dirige la Orquesta Sinfónica de Madrid
LAS COSAS CASI SIEMPRE EN SU SITIO
Obras de Schumann y Rimski-Korsakov. Orquesta Sinfónica de Madrid. Director: Dan Ettinger. Auditorio Nacional, 17 de junio de 2026.

Dan Ettinger
Ha vuelto con la Sinfónica -que daba su último concierto de su temporada en el Auditorio Nacional- el israelí Dan Ettinger (1971), un maestro muy curioso pero práctico y eficiente, como hemos podido comprobar de nuevo a lo largo de un concierto constituido por dos obras buen distintas, a las que el músico ha sabido diferenciar a partir de la acentuación, el empleo del rubato, el subrayado rítmico y el impulso. No es un esteta, un exquisito, un soñador; pero sí un director que sabe lo que hace y que se entiende bien con los instrumentistas.
Le gusta actuar, moverse a conciencia. No emplea ni podio ni batuta y exige a su alrededor un buen espacio para ir de aquí para allá, de izquierda a derecha, con el fin de explicar sin trabas lo que piensa de cada obra. En esta ocasión, con la Sinfonía nº 4 de Schumann en atriles, ha subrayado planos ha indicado entradas y salidas estableciendo inteligentemente un discurso de interesante continuidad. Hubo fantasía en el despliegue sinfónico del primer movimiento, bien construido y cantado.
En la Romanza destacamos buenas intervenciones de maderas, en el Scherzo agilidad y una relativamente buena preparación, gradación y resolución en el pasaje de transición que lo une con el Finale. Un crescendo que necesita algo más de temple y regulación dinámica. Animado y acelerado el movimiento postrero, con la coda stretto presto a toda presión.
Echamos de menos en ocasiones una presencia de la cuerda aguda más ostensible; algo que observamos asimismo en el despliegue sinfónico de la Scheherezade de Rimsky-Korsakov, en donde las líneas estuvieron bien dibujadas y estupendamente marcados los numerosos contrastes a falta, eso sí, de una mayor claridad de líneas y una mejor diferenciación de planos. Hubo fortísimos excesivamente acumulativos, lo que en ocasiones hace que lo poético quede en exceso desdibujado. En lo que Ettinger es un hacha es en el respeto a los aires de danza, siempre bien subrayados, como en al fragmento El joven príncipe y la princesa.
El Naufragio de un barco sobre las olas, que cierra la composición, obliga a veces a forzar la máquina. Es lo que hizo en exceso el director con lo que se perdieron matices, luces y transparencias. En todo caso Ettinger sí puso en evidencias su habilidad para manejar las retenciones, con episódico peligro de pérdida del equilibrio. Pero la sangre no llegó al río. La Sinfónica, en buen entendimiento con el maestro, tocó a sus anchas y sonó bien, afinada y corpórea.
Mucho éxito y muchos aplausos de un público que casi llenaba el Auditorio en este último concierto de la temporada en el que, hay que subrayarlo como se merece, destacaron algunos solistas, como la fagotista (cuyo nombre desconocemos) y, claro, la concertino, Jona Schibilsky, que tocó muy bien sus numerosos y estratégicos solos, con un bello, aunque no grande sonido. Explicativas y amenas notas al programa de José Luis García del Busto.





















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