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Intensos quilates para el adiós de El Holandés errante EL HOLANDÉS ERRANTE, de Richard Wagner. Ópera romántica en tres actos, con libreto de Richard Wagner. Reparto: Nicholas Brownlee (Holandés), Elisabeth Teige (Senta), Mika Kares (Daland), Benjamin Bruns (Erik), Nadine Weissmann (Mary), Kieran Carrel (Timonel). Coro y Orquesta titula­res del Festival de Bayreuth. Direc­ción de coro: Thomas Eitler-de Lint. Direc­ción de escena y escenografía: Dmitri Cherniakov. Direc­ción musical: Oksana Lyniv. ­Lu­gar: Festspielhaus de Bayreuth. Entrada: 1.987 espectadores (lleno). Fecha: miércoles, 29 julio 2026.Crítica: Intensos quilates para el adiós de El Holandés errante en Bayreuth
Por Publicado el: 01/08/2026Categorías: En vivo

Crítica: Siegfried, o la imposible “intermediación” de la Inteligencia artificial en Bayreuth

Siegfried, o la imposible “intermediación” de la Inteligencia artificial

Wagner: SIEGFRIED. Klaus Florian Vogt (Siegfried), Camilla Nylund (Brunilda), Michael Volle (Wanderer), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Peter Rose (Fafner), Christa Mayer (Erda), Victoria Randem (Pájaro del bosque). Editor: Marcus Lobbes. Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Código creativo / Arte visual: Nils Corte y Phil Hagen Jungschlaeger. Escenografía: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Narración digital y con IA: Roman Senkl. Di¬rec¬ción musi¬cal: Christian Thielemann. Lugar: Festspielhaus de Bayreuth. Fecha: 30 julio 2026.

Siegfried, o la imposible “intermediación” de la Inteligencia artificialWagner: SIEGFRIED. Klaus Florian Vogt (Siegfried), Camilla Nylund (Brunilda), Michael Volle (Wanderer), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Peter Rose (Fafner), Christa Mayer (Erda), Victoria Randem (Pájaro del bosque). Editor: Marcus Lobbes. Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Código creativo / Arte visual: Nils Corte y Phil Hagen Jungschlaeger. Escenografía: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Narración digital y con IA: Roman Senkl. Di¬rec¬ción musi¬cal: Christian Thielemann. Lugar: Festspielhaus de Bayreuth. Fecha: 30 julio 2026.

Imagen de la polémica producción realizada por la IA

Asistir a Siegfried en Bayreuth sigue siendo, incluso ciento cincuenta años después de la fundación del Festival, una experiencia que trasciende la mera representación operística. La función del 30 de julio de 2026 llegaba envuelta en una doble expectativa: la de escuchar una de las partituras más complejas y luminosas de Richard Wagner bajo la dirección de Christian Thielemann y la de comprobar el alcance del ambicioso experimento escénico con el que el Festival conmemoraba su aniversario, incorporando inteligencia artificial como elemento generador de la dimensión visual.

El resultado invitaba, desde el primer compás, a preguntarse si la innovación tecnológica lograba dialogar con la fuerza del drama wagneriano o si, por el contrario, terminaba por competir con una música cuya capacidad de crear imágenes interiores difícilmente admite intermediarios”.

Lo que acaba de leer, esta parrafada que podría firmar sin vergüenza quien esto firma, es fruto de la Inteligencia artificial (IA), respuesta casi instantánea a la pregunta: “¿Puedes preparar un párrafo para comenzar la crítica de la ópera Siegfried representada en el Festival de Bayreuth el 30 de julio de 2026?”.

Así de eficaz, peligrosa, fácil y huera es la “inteligencia” que ha diseñado escénicamente este Anillo ya sin remedio fallido, que con esta representación de Siegfried (segunda “jornada” de la Tetralogía) confirma el fracaso en estas lides de la mal llamada “inteligencia artificial”. Fiasco al que ahora, pasado ya el ecuador de un Ring sin músculo escénico, se añade el traspié vocal de un Siegfried que no lo es (el tenor Klaus Florian Vogt), y una Brunilda (Camilla Nylund) que no anda ya para estos exigentes menesteres.

Ha sido, quizá, el punto más bajo de esta Tetralogía única que roza ya su final. Si en jornadas anteriores la dichosa IA coló imágenes tan manoseadas como las de Hitler o Lenin, ahora asoman John Kennedy, Fidel Castro y hasta el mismísimo Daniel Ortega. Aliada con un vestuario de juzgado de guardia, que en su ridiculez alinea a todos con las Cretinas de Nonell o la Infanta Margarita de Las Meninas, la IA tan erróneamente metida a directora de escena no ha logrado sino establecer un gazpacho de imágenes que solo en contadas ocasiones tienen algo que ver con lo que (supuestamente) se cuenta en escena.

Para colmo, las proyecciones apenas permiten distinguir los cantantes, que se presienten perdidos en la algarabía visual. Y para rizar el rizo, en los tres días ya transcurridos de este Tetralogía para el olvido, no se ha visto ni un solo elemento de atrezo: ni una mísera espada, lanza o yelmo. El resultado está más cerca de la nada que de una representación operística.

Escena

Como contraste, Thielemann transfiguró el foso invisible en un festín sonoro que irradiaba fraseos, colores y la narrativa y humanidad que faltaban en el escenario. Que respira y transpira. Que coge aliento para explayarse y dar tiempo al tiempo. Convirtió el segundo acto, con los “Murmullos del Bosque” y el “Canto del Pájaro del bosque”, en una orgia de reflejos y matices, que luego, en el tercer acto, y, sobre todo, en la portentosa escena final, en el “Despertar de Brunilda”, adquirió ribetes épicos, con una orquesta que, con sangre en las venas, cantó con efusión, arrojo, fantasía y esplendor sinfónico.

Lástima que semejante opulencia no encontrara la horma de su zapato en la pareja protagonista -Siegfrid y Brunilda; Klaus Florian Vogt y Camilla Nylund- que sucumbió en una escena final cantada a trompicones y apurada hasta rozar el colapso.

Vogt, tras cantar en esta misma Tetralogía los papeles de Loge y Siegmund, llega a Siegfried cansado, ajeno y fuera de lugar, circunstancias a las que se suma que su vocalidad en absoluto es la del Heldentenor (tenor heroico) que reclama la partitura. Canta Siegfried con la dignidad propia del buen cantante que es, desde su voz lírica y su firme técnica, pero en cuanto hay que ensanchar, llenar el fraseo de peso y cuerpo, o bajar al registro grave, todo se desmorona.

La finlandesa Camilla Nylund dista hoy, a sus 58 años, de ser la Brunilda ideal que requiere un lugar mítico como Bayreuth. Se la quiere y aplaude por lo que hizo y fue, desde que debutara en 2011 como Elisabeth en Tannhäuser, hasta su aplaudida pero insuficiente Isolde del año pasado, pero su vocalidad, entregada y bien gobernada, poco tiene que ver con los requisitos de Isolde, y menos aún con los de la Brunilda de Siegfried, que es la más breve pero también la más exigente de toda la Tetralogía.

Quienes vocalmente se llevaron el gato al agua fueron el barítono Jochen Schmeckenbecher (Alberich) y el veterano tenor Gerhard Siegel como histriónico y bien cantado Mime. Michael Volle (Wanderer), en su entonada y crucial escena con Siegfried, se percibió recuperado del agotamiento que dos días antes mermó el final de La Valquiria. Christa Mayer no pasó de ser una ajustada Erda para salir del paso, mientras que el bajo inglés Peter Rose, fuera de la imposible escena, no logró estremecer a nadie como circunspecto Fafner. Brilló con apurillos -quizá nervios- la soprano noruego-nicaragüense Victoria Randem como ligero Pájaro del bosque.

Como ha ocurrido en las dos primeras entregas de esta Tetralogía tan tontamente “inteligente”, en los saludos finales los aplausos más vivos -y merecidos- han vuelto a ser para Christian Thielemann. Generosidad total con los cantantes -sin excepción-, y, una vez más, protestas en forma de sonoro abucheo para la inteligencia artificial y sus perpetradores.

¿IA, puedes escribirme un párrafo para cerrar esta crítica?:

“Claro. Comparte la crítica (o al menos el último párrafo) y te escribiré un cierre que encaje con el tono y el argumento del texto.
Si aún no la tienes a mano, también dime:
• ¿Sobre qué obra es?
• ¿Qué postura quieres dejar al final (positiva, negativa o ambivalente)?
• ¿Qué tono buscas (académico, periodístico, ensayístico, divulgativo, etc.)?”

¡La leche! ¡Acabaremos todos tontos y en el paro!

Justo Romero. Bayreuth

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