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Por Publicado el: 05/07/2019Categorías: En vivo

Crítica: ORCAM, de la contemplación a la exaltación

victor-pablo-perez

Víctor Pablo Pérez

ORCAM, VÍCTOR PABLO PÉREZ

De la contemplación a la exaltación

Velázquez: “Cantata de estío”. Beethoven: “Novena Sinfonía”. Marta Matheu, Pilar Vázquez, Gustavo Peña, David Menéndez. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, Coro de la RTVE. Director: Víctor Pablo Pérez. Auditorio Nacional, 2 de julio de 2019.

La Orquesta y Coro de la Comunidad cerraba su temporada oficial con este concierto en el que su director titular, Víctor Pablo Pérez culminaba su paseo por las nueve sinfonías beethovenianas. Y lo ha hecho en una sesión que ha tenido sus puntos de interés y que ha sido demostrativa del buen hacer del maestro y de los conjuntos que gobierna, a los que se ha unido el Coro de la RTVE conformando una masa canora de unos ochenta miembros que han acabado por prestar un excelente juego al mando del gesto imperioso, a veces suave, expresivo y maleable de la mano rectora, que hace tiempo que abandonó la batuta.

La versión de la famosa “Sinfonía nº 9” se ha planteado sin vacilaciones, con ímpetu, rigor métrico, general precisión y un dramatismo bien calculado que buscaba, en los dos primeros movimientos, el encaje, la sutura de bloques y de líneas, que se nos han ofrecido por lo general de manera fustigante tras un comienzo adecuadamente neblinoso e incierto. El camino hacia el fin de la exposición ha estado bien aquilatado en un lento “crescendo” que, más tarde, luego del áspero fortísimo, nos ha llevado a una lenta escalada hacia el clímax del desarrollo, donde todas las fuerzas de la naturaleza aparecen desencadenadas. Ha faltado en algunos momentos claridad y en otros cuerpo y espesor sonoros, no tanto por la reducida plantilla de la Orquesta cuanto por la insuficiente densidad del espectro del conjunto, que ha estado muy aplicado para servir con prontitud las secas órdenes que buscaban resaltar el salvaje ritmo del “Scherzo”, tibiamente suavizado en las escaramuzas del Trío. La timbalera, Concepción de Gregorio, ha marcado implacablemente, empleando distintos juegos de baquetas, el devenir del movimiento.

Pérez ha cantado con magnífico fraseo, ondulante y matizado, el devenir de los dos hermosos temas y sus variaciones que estructuran el tercer movimiento. Todo ha manado con naturalidad y belleza. Bien el primer trompa en sus difíciles frases, pese a una evidente vacilación de principio. Horrísono y rudo, áspero y acre sonó el primer acorde del “Presto”, cuyos compases iniciales tuvieron muy buena elaboración. Tras el recuerdo a los principales temas de la obra, fue afortunada la planificación del gran motivo de la alegría, que nace sigilosamente de la nada y que más tarde es entonado por el bajo y la masa coral a todo trapo.

Se contó con un coro disciplinado, por lo común ajustado y poderoso. Las ochenta voces cantaron a toda pastilla bastante entonadas y sólo episódicamente destempladas, como en los salvajes pasajes en los que las sopranos han de alcanzar y mantener un la agudo. La orquesta vibró al unísono, lo que determinó ocasionales desajustes y sonoridades poco atractivas. El éxito fue absoluto tras el “Prestissimo” final. A él contribuyó, qué duda cabe, la intervención de los solistas, más encajados y entonados en sus primeras intervenciones que en la última. La mezzo Pilar Vázquez fue a veces audible, lo que no suele ser frecuente. El penetrante timbre de Marta Matheu estuvo muy presente y refulgió por un instante en el si natural agudo, quizá demasiado fuerte. Gustavo Peña fue el tenor franco y directo, con agudos más bien abiertos, que conocemos, y David Menéndez el buen barítono decidor y musical. Barítono, que no bajo, ni bajo-barítono, que anduvo por ello no muy cómodo, sobre todo en su canto de apertura.

Previamente pudimos escuchar el estreno de la “Cantata de estío” del cinematográfico Fernando Velázquez, que sabe distribuir y conceder las proporciones adecuadas a las líneas, acentuar sin énfasis extemporáneos y construir sabiamente un discurso sonoro coherente, tan atractivo por la transparente armonía como por la directa expresividad y los sutiles cambios de compás. Claridad solar desde el mismo tranquilo comienzo, en el que el coro surca las calmas aguas en frases paralelas, y, tras un curso elegante y bien armonizado, con muy bellos efectos vocales e instrumentales, final en punta en un determinante 2/4 efusivo y marchoso, con aires victoriosos y vivificantes. La versión creemos que sirvió, por el orden y la expresión, perfectamente las intenciones del compositor, que agradeció los aplausos del respetable. Arturo Reverter

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