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Por Publicado el: 30/07/2023Categorías: En vivo

Critica: Rigoletto, el Joker vengativo

RIGOLETTO, EL JOKER VENGATIVO

Verdi: “Rigoletto”. Javier Franco, Ruth Terán, José Luis Sola, Sandra Ferrández, David Cervera, Pedro Quiralte. Piano y dirección musical: Miquel Ortega. Dirección escénica: Emiliano Suárez. Naves del Matadero, Madrid. 27 de julio de 2023.

Rigoletto

Sigue Emiliano Suárez, director del Garaje Lola, abriendo puertas para acercarse a la música, a la ópera en particular, y a otros géneros artísticos, buscando, tanteando, en este caso a través de la compañía Ópera Garage, relaciones entre lo lírico y lo mundano, abriendo vías explicativas y actuales que nos conecten, a partir de una visión distinta, con las rancias propuestas del pasado. El proyecto, que, en temporadas anteriores, tuvo frutos muy plausibles en óperas tan de repertorio como “La bohème” y “Lucia di Lammermoor”, se ha centrado ahora en “Rigoletto”, vista desde una óptica curiosa.

“La maldición es el ‘leitmotiv’ de la ópera. La cruel expresión del destino al que nadie puede escapar. Rigoletto es una sublime metáfora sobre el odio y el rencor reflejados en una partitura que contiene algunos de los fragmentos más bellos e inspirados de la historia de la música”, nos dice el propio Suárez; y tiene mucha razón. Para acercar al espectador de hoy a esa metáfora ha considerado pertinente realizar una serie de cambios, de adaptaciones y modificaciones en la historia original, que recordemos hubo de ser alterada en su día por exigencias de la censura de la época, lo que llevó a diversas operaciones de maquillaje de la obra de Víctor Hugo sobre la que se asienta el libreto de Piave.

Para ajustar el argumento y los comportamientos a su idea renovadora, Suárez ha cambiado no pocas actitudes, comportamientos, relaciones y hechos primigenios que alteran no poco el discurrir de la acción y crean alguna que otra contradicción en la trama dejando cosas sin explicar. Rigoletto es en este caso un payaso, ataviado desde el principio como el famoso Joker. Su hija, Gilda, es aquí una criada del Duca. Maddalena aparece casi desde el principio en deshabillé y está presente en todo momento masticando chicle. Cuando es necesario presta voz a las breves frases de Giovanna, el ama de Gilda.

Este planteamiento deja sin cubrir aspectos esenciales y ocasiona alguna que otra contradicción. Por ejemplo: ¿para qué raptar a Gilda si realmente ya está en el palacio ducal como camarera? El encuentro del Duque con la joven en casa de Rigoletto pierde verosimilitud teniendo en cuenta que ambos ya se conocen de sobra. El que Monterone sea un pobre mendigo, en todo momento presente, quizá tenga menos importancia. Como que Gilda acabe apuñalando a Maddalena. Al final, y eso es lo importante, padre e hija se despiden como está prescrito y ella muere mientras se escucha una de las músicas más inspiradas de Verdi.

Y a la música, que, como es lógico, se ofreció con muchos cortes, debemos referirnos ahora. Estuvo asentada en el piano riguroso y elegante, flexible y minucioso de Miquel Ortega, que luchó, en una acústica nada proclive, la de una nave inmensa, para ajustarse a las idas y venidas vocales y tratar, por ejemplo, de anudar bien las líneas del célebre Cuarteto “Bella figlia dell’amore”, que, considerando las circunstancias acústicas, no pudo escucharse equilibrado, con las dos parejas -Gilda y su padre e Il Duca y Maddalena- separadas por al menos quince metros de distancia. Parece ser que al principio el pianista tuvo ciertos problemas con los pedales.

Hemos de hablar en primer lugar del excelente trabajo que, bajo el molesto maquillaje del Joker, realizó ese barítono de carácter que es Javier Franco: voz de buen caudal, oscura, amplia, sustanciosa, extensa, no especialmente brillante, que sabe disimular con tino ciertas desigualdades de emisión, que frasea con intención, con reguladores bien aplicados. Quizá podría pedirse un mayor manejo de la media voz y un control más exquisito de las agilidades. Pero fraguó personaje, cantó con intención y abordó sin pestañear los Sol y La bemol agudos; sin despoblar la zona grave.

Ruth Terán es una soprano lírico-ligera, más lo primero que lo segundo, de timbre espejeante y cristalino, con algunas notas agudas, pasado el La natural, un tanto estridentes. Pero domina el fraseo cuidadoso, se va a arriba con facilidad y premura, siente lo que canta y mantiene la posición en los graves que, a veces, son propios en la partitura de una lírica. Coloratura bastante precisa y bien dibujada. A su lado quedó algo descolorido ese buen tenor lírico-ligero que es José Luis Sola, a quien le falta un toque tímbrico más enjundioso. Anda sin duda cansado y no en su mejor forma. Pero posee una técnica que le permite sortear ciertos peligros y faltas de apoyo. Bordeó en ocasiones el roce. No se descompuso y cantó una aceptable “Donna è mobile”. Mejor que y “Parmi veder le lagrime”.

Muy en su papel y luciendo palmito la siempre segura, buena actriz, y excelente profesional que es Sandra Ferrández, una mezzo lírica con arrestos, expresiva y certera, de timbre sensual y acariciador, idóneo para su parte. Sparafucile fue David Cervera, que posee una muy interesante voz de bajo, redonda y timbrada, con Fa grave audible. Canta con naturalidad y soltura, no siempre del todo afinado. Algo esto último difícil en un ámbito como el que acogía el espectáculo. Marullo y Monterone -aquí un extraño mendigo- fueron desempeñados, siempre desde el suelo, entre sorbo y sorbo de vino, por el eficaz barítono, algo opaco tímbricamente, Pedro Quiralte.

En resumen, un espectáculo vistoso, con soluciones dramáticas discutibles, aunque a veces, bien orientadas, desarrollado en un ámbito no muy propio para ello, de acústica resonante y desigual, con un equipo vocal muy aceptable y cumplidor y un piano acogedor y musical. Una aventura, contemplada por numeroso público, en la que participan también, en primera línea, Macarena Bergareche, coproductora, y Carola Baleztena, autora del vestuario. Las estructuras escenográficas retroiluminadas con sistema de led fueron diseñadas por Mercedes León Millán y Carlos Alzueta. Arturo Reverter

Un comentario

  1. Manuel Cabrera Manzanares 30/07/2023 a las 19:03 - Responder

    O la ópera se ofrece tal y como la escribió el compositor, en su integridad, o estamos ante una burla inadmisible.

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