Crítica: Segundo reparto de ‘El gato montés’ en el Teatro de la Zarzuela. Una buena representación con sorpresa
Una buena representación con sorpresa
Manuel Penella: El Gato Montés. Borja Quiza, Miren Urbieta-Vega, Rafael Humberto Rojas, Milagros Martín, María Luisa Corbacho, Manel Esteve, Gerardo Bullón… Pequeños cantores de la ORCAM. Directora: Ana González. Coro Titular del Teatro. Director: Antonio Fauró. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: José Miguel Pérez-Sierra. Madrid, Teatro de la Zarzuuela, 17 de junio de 2026.

Borja Quiza y Miren Urbieta-Vega
Han pasado 9 años de la última vez que se vio El gato montés en este teatro. Aquella fue la última vez que se vio la producción de José Carlo Plaza, a la que ahora sustituye, siendo además la razón fundamental de la reposición de la ópera la nueva producción que lleva por firma nada menos que del alemán Christof Loy.
Estamos hablando de uno de los directores de escena más importantes en el mundo de la ópera y que tiene una especial inclinación y devoción por el mundo de la zarzuela, de la que ha sido responsable de una producción de El barberillo de Lavapiés, que se pudo ver en Oviedo, y recientemente de Benamor, del maestro Luna. Siguiendo con su afición, ahora le llega el turno a El gato montés, de Manuel Penella.
Estamos, pues, ante una nueva producción, que resulta atractiva, narrando perfectamente la trama de la ópera. Trae la acción a tiempos más modernos que los del estreno de la ópera, ofreciendo prácticamente un escenario único, consistente en una sala, tipo recibidor, con una puerta que da acceso a la casa, que en el primer acto es la de Frasquita, en el segundo es la habitación del hotel de toreros, pasando al patio de caballos de la Maestranza, donde se abre una hermosa capilla y donde se vive la corrida con su famoso pasodoble. Finalmente, la escena de la muerte de Juanillo tiene lugar con el mismo escenario en una espesa bruma. En resumen, es una buena producción.
La dirección musical ha estado en la batuta del director musical de la Zarzuela, José Miguel Pérez-Sierra, que ha ofrecido una destacada lectura de la ópera, consiguiendo un sonido de la orquesta del teatro como pocas veces hemos podido escuchar aquí. De lo mejor que hemos escuchado también al director. La Orquesta era, como siempre, la de la Comunidad de Madrid. Lo hizo bien el Coro del Teatro de la Zarzuela, acompañado por los Pequeños Cantores de la ORCAM en el primer acto.
No es fácil decir aquí quién es el protagonista de la ópera, así que comenzaremos por el que da el título a la ópera, es decir Juanillo, el bandolero, el gato montés. Fue interpretado francamente bien por el barítono Borja Quiza, que ofreció una voz brillante, bien emitida y siendo además un destacado intérprete.
A destacar también la Soleá de Miren Urbieta Vega, que ofreció una voz de calidad, superando las dificultades de la partitura, ofreciendo una destacada interpretación escénica. Posiblemente, es lo mejor que le he visto hasta ahora.

Imagen de la producción de Loy
El torero Rafaelillo, el Macareno, era el tenor Rafael Humberto Rojas, cuya labor quedó por debajo de la de la pareja anterior. Su voz no es la de un tenor spinto, que es lo que pide la partitura, ofreciendo dos voces diferenciadas, un centro de escasa calidad y débil por abajo, brillando más en la zona alta, donde la voz gana en calidad.
Los personajes secundarios lo hicieron bien en todos los casos. Eran Milagros Martín, como Frasquita, la madre de Rafaelillo, María Luisa Corbacho, la Gitana adivinadora, el barítono Manel Esteve como el Padre Antón, y Gerardo Bullón, como Hormigón, el picador.
La representación comenzó puntualmente y asistimos a un hecho insólito en cuanto a la duración de la ópera. El programa de mano hablaba de un único descanso al final del primer acto, que es lo habitual en esta ópera, y por sorpresa anuncian por altavoz otro descanso al final del segundo acto, que no aparecía por ningún sitio. Está claro que esta decisión ha sido tomada a última hora y que no ha tenido que ver con la producción, que no exigía largas paradas. ¿A qué se ha debido? Nadie da razones, pero no se entiende, ni si puede aceptar sin más.
Así pues, la representación tuvo una duración total de 2 horas y 44 minutos, siendo la duración musical de 1 hora y 54 minutos. El teatro ofrecía un lleno total.






















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