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Por Publicado el: 15/06/2024Categorías: En vivo

Critica: Tediosa Novena de Beethoven

Tediosa Novena de Beethoven

LES ARTS ÉS SIMFÒNIC. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Solistas: Johanni van Oostrum (soprano), Carmen Artaza (mezzosoprano), Maximilian Schmitt (tenor), José Antonio López (barítono). Director: James Gaffigan. Pro­gra­maNovena sinfonía, “Coral”, de Beethoven. Lugar:  Palau de les Arts (Auditori). Entra­da: 1.490 espectadores (lleno). Fe­cha: Jueves, 13 junio.

Tediosa Novena de BeethovenLES ARTS ÉS SIMFÒNIC. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Solistas: Johanni van Oostrum (soprano), Carmen Artaza (mezzosoprano), Maximilian Schmitt (tenor), José Antonio López (barítono). Director: James Gaffigan. Pro­gra­ma: Novena sinfonía, “Coral”, de Beethoven. Lugar:  Palau de les Arts (Auditori). Entra­da: 1.490 espectadores (lleno). Fe­cha: Jueves, 13 junio.

James Gaffigan. Fotografía: Mikel Ponce

Tediosa Novena de Beethoven. James Gaffigan pinchó al sustituir al previsto Vasili Petrenko en una interpretación corta de aliento e imaginación, en la que la precipitación y el oficio sin más se impusieron sobre el inagotable caudal expresivo de una sinfonía que canta y se dirige a los más vivos y nobles sentimientos de la condición humana. Nada de ello asomó en una lectura que se limitó a cuidar la letra y solfa, ajena al genial juego de tensiones que Beethoven destila en su última sinfonía. Los tiempos, siempre excesivos, rozaron el trámite. El prodigioso “Adagio molto e cantabile” tuvo poco de cantable y de “adagio”, y se sintió más inerte e incoloro que los gases nobles. Para colmo, ni la Orquestra ni el Cor de la Generalitat tuvieron precisamente su mejor día, con momentos en los que el coro rozó el grito, mientras que en la OCV asomaron inauditos deslices y errores, particularmente en una desmejorada sección de trompas. Tampoco el cuarteto solista era de campanillas; en él, apenas cabe salvar al barítono José Antonio López. Como siempre que se interpreta la Novena sinfonía, la música se impuso a sus intérpretes y el éxito fue mayúsculo.

Gaffigan, maestro que estos días triunfa con La flauta mágica en el propio Palau de Les Arts, se ha quedado en la corteza del monumento sinfónico. Acaso haya faltado tiempo de preparación en una sustitución llegada sobre la marcha, con muy pocos días de antelación y apenas ensayos. También para digerir e interiorizar “la resplandeciente llamada a la humanidad, a los mejores sentimientos de ella” a la que se refirió Zubin Mehta el 25 de octubre de 2005, cuando dirigió la Novena en los conciertos inaugurales del Palau de Les Arts a la Filarmónica de Israel. Las dinámicas, muy básicamente estratificadas, estuvieron en sintonía con una lectura exenta de efusión y convicción, con más decibelios que nervio, con impulsos que apenas dejaban rastro ni se insertaban en la lógica de los amplios desarrollos beethovenianos. Riccardo Chailly, en 2012, frente a la misma orquesta y en el mismo lugar, dirigió una Novena de tempi aún más extremos, pero cargados de intención y lógica.

La culminación de la sinfonía y del concierto, con los versos de Schiller, impactó más que afectó. Deslumbra siempre escuchar un conjunto sinfónico como la OCV y un coro como el de la Generalitat revivir con sus mimbres poderosos las palabras y sonidos de Schiller y Beethoven, pero la interpretación distó de ser ideal y conmovedora. La cuerda de sopranos se percibió desajustada y no siempre templada ni entonada, y agudos más tirantes que redondos. Gaffigan no acertó al calibrar el balance vocal. Fue, en definitiva, una de las menos afortunadas versiones de una obra que el Cor ha interpretado de modo sobresaliente en incontables ocasiones.

El cuarteto solista quedó algo inadvertido, perdido en la distancia, junto con el coro. Tampoco brillaron sus componentes discretos. Ni la soprano sudafricana Johanni van Oostrum ni el tenor Maximilian Schmitt, dieron la talla, y acabaron contagiados de la discreción general. Ella con agudos forzados para su voz de soprano lírico-spinto y él precisamente por todo lo contrario, por tener una voz sin el cuerpo y peso que requiere la tesitura y escritura sinfónico-coral del brillante final. José Antonio López entonó con nobleza un “O Freunde, nicht diese Töne!” que no marcó pauta pero sí supuso uno de los pocos pasajes para el recuerdo de esta discreta Novena. Aplausos y bravos interminables de un público variopinto que abarrotó el Auditori. ¡Bravo! El director musical del Palau de Les Arts también se equivocó al no invitar a los solistas a bajar al escenario para compartir desde ahí los saludos y el éxito. También al comenzar a felicitar y levantar músicos antes de hacerlo con el Cor y los cuatro solistas. Las formas, en el protocolo del concierto, también importan. Justo Romero.

Publicado en el diario Levante el 15 de junio de 2024.

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